7.- Dickson Hudson

1625 Palabras
Sus lágrimas bañan mi hombro y mi corazón se rompe con cada una de ellas, verla derrumbarse es un golpe fuerte para mí ya que ella es... mi niña. La chica que llena mi vida de alegría cada vez que sonríe, cada vez que me abraza. Su vulnerabilidad hace que me cuestione ser fuerte y decidido. Solo quiero acompañarla en su llanto. Solo quiero que se aferre a mí para cuidarla y protegerla, aun cuando sé que no será para mí. — Cariño sabes que puedes confiarnos lo que sea ¿verdad? – levanta la vista y asiente haciendo pucheros. — Siento que no soy de nadie – dice entre hipidos —. No me malinterpreten, ustedes son mi vida Darla y Robert – llora de nuevo algo ininteligible. Miro a Nick y se encoge de hombros —. Me siento insegura ¿y si mi mamá quiere que vuelva con ellos? ¡Ay Dios, yo no quiero! – cubre su rostro con ambas manos. — Nadie va a apartarte de nosotros cariño, no te preocupes por eso – beso su frente —. No solo te vamos a proteger, sino que estamos aquí para ti cuando nos necesites – se cuelga de mi cuello repartiendo besos por toda la cara. Giro a ver la expresión de mi hermano, su sonrisa sincera me corrobora lo que he dicho, ella va a estar con nosotros mientras podamos tenerla legalmente y cuando quieran obligarla a volver agotaremos los recursos para que se mantenga a nuestro lado. — Esa es básicamente la razón por la que mi madre quiere presentarte como nuestra protegida, es una cuestión de honor para ganar tiempo mientras se encuentran las pruebas contundentes para tu adopción – Nick suspira cansado. — ¿por... por qué, no es la viol... lo que me hizo suficiente? No quiero volver allá – mira a mi hermano con tal dolor que su expresión muta al instante. — No te voy a mentir pequeña Gladiola – dice con tono de tristeza —. Ese desgraciado se pudrirá en la cárcel si es por mi testimonio – suspira —, pero hay que probar la negligencia de tus padres ante el hecho y yo soy una victima condicionada según el Juez – claudica en tono de enojo. Catrina asiente comprendiendo todo lo que Nick le ha dicho, suspira entrecortado ante la impotencia de la situación. El Juez, por ser conocido de mi padre, concedió una especie de tutoría por dieciocho meses dependiendo del comportamiento que presente la niña, considerando los primeros ocho meses como un fallo para su conducta y el dolor de haber sido ultrajada, lo que hace un total de veintiséis meses. La psiquiatra envía un informe mensual a la corte para la revisión de su conducta según otra óptica y la próxima presentación es con su presencia. No quisiera hacerla pasar por esto, pero no se puede hacer nada más al respecto y el tío Marck aconsejó a mi padre aceptar el trato para buscar las pruebas necesarias que inculpen a sus padres y de ese modo que proceda la adopción. Sin embargo, aun cuando se cumpla este período, ella es menor de edad y su madre puede hacer el reclamo. Esperamos que en este tiempo suceda algo significativo para que no se vaya con ellos o que la corte no falle a favor de la madre, quien culpa a Rogelio de todo. ... El sábado pasó sin novedades, mi hermano trabajando un poco y yo estudiando para las pruebas que tengo el lunes, preparándome porque debo cumplir mis guardias. Catrina se dedicó a tomar sol con un bikini tan pequeñito que ya no tiene la piel pálida, sino que tiene un bronceado estupendo. Ella y Dimaku disfrutaron de la piscina y de cualquier cantidad de dulces que pidieron y por supuesto mi hermano el sin vergüenza, apoyador pagó con gusto. Tomaron champan con jugo de naranja y comieron como cerditos, ya en la tarde se sentían con tanto sueño que la Rubia se durmió en el torso de mi hermano y Dimaku en el mío. Ambas fueron llevadas a sus respectivos camarotes mientras Nick y yo disfrutamos de una cena tranquila y sin interrupciones. — ¿Qué crees al respecto? – pregunto mientras le doy un sorbo a mi copa de vino. — ¡No lo sé d**k! – dice con voz cansina —. Supongo que debemos esperar – dice con expresión estoica. Da la impresión de que esconde algo. — ¿Está todo bien? – niega. Me recorre un frío escandalosamente desagradable por la espalda. — Marck llamó, dijo que Lía quería ver a la Gladiola – cierra los ojos y apura el líquido de su copa sirviéndose una cantidad poco elegante. — ¿Ella puede hacer eso? – afirma con un movimiento de su cabeza —. Pues no debería, ella es... — Su madre Dickson, ella es su madre y para las personas que se hayan fuera del contexto, nosotros somos unos extraños – aprieta los puños iracundo —, no importa cuánto la cuidemos, siempre habrá especulaciones en cuanto a su virtud porque siempre está con nosotros – resoplo enojado por toda la mierda que se habla —. Además hay fotografías de ella en ropa interior, en tu habitación, con ropa de hombre – restriega su rostro con las manos subiéndolas al cabello desordenándolo por completo. — ¿Quién haría eso? – pregunto incrédulo —. Es decir ¿con que objeto? – pone los ojos en blanco. — ¡Ay d**k por favor, crece de una vez! – deja la silla y se toma el vino de un solo trago. Está furioso —. No todo el mundo es tan bueno como tú ¿comprendes? – asiento —. El dinero puede desde encubrir una muerte, hasta involucrarte en un acto ilícito – suspiro, no porque se haya desquitado conmigo, sino porque las personas que se encuentran detrás de este acto, son viles y descarados. — Tienes razón, discúlpame por ser tan... imbécil – ahora quien se restriega la cara soy yo, me siento igual de frustrado como él, con ganas de golpear algo o a alguien. ... Sacudo la cabeza ante el cosquilleo que siento gracias a unos cabellos que huelen a cereza. Abro los ojos y no enfoco nada, la cabeza me quiere explotar a causa de unas copas de más – y no fueron de vino por cierto – que nos tomamos Nickolas y yo en la cubierta superior del yate, pues luego de cuatro botellas de Chardonnay mi inteligente y borrachín hermanito decidió que necesitábamos algo con más cuerpo y fuerza a la vez: whisky. La resaca que tengo es de carácter monumental y la pequeña rubia sonríe o eso creo, sus labios se pegan a mis mejillas haciéndome cosquillas sin dejarme dormir. Me aparto buscando posar la cara en la almohada para continuar durmiendo, pero ella tiene otros planes, se recuesta completamente en mi espalda, siento todo su peso sobre mi, ruedo los ojos y los aprieto porque me duele horrible la cabeza. —¡Catrina necesito dormir! – reclamo en un susurro. —Pues… no te dejaré porque me excluyeron – sonrío. —Perdona, pero tú te dormiste como una cuba y lo nuestro no estaba planeado, solo se dio – digo casi sin aliento ante el solo esfuerzo de hablar. —No me importa ¡eh tú, gordo! – llama a mi hermano directo en mi oído derecho. Nick enseña su dedo corazón y ella muere de risa, eso no debería ser ya que se le está enseñando protocolo y buenos modales, pero igual me río por lo decadente del momento. —¡Ya te dije que no soy gordo! – se sienta en mi espalda baja aumentando mi necesidad excretora —. Estoy robusto y buenísimo Gladiola gorda – veo como su cuerpo se estremece de risa cuando levanto la cabeza. Catrina baja de encima y se lanza a golpear su espalda, él solo se carcajea, dudo que le duela algo por su complexión es una bestia. —¡Eres un estúpido, arrogante y mentiroso, te odio! – ¡UPS, aquí sucede algo! Ese berrinche no es solo por llamarla gorda. —¿Mentiroso yo? Ok tal vez arrogante y para algunas mujeres… estúpido ¡si! – se gira atrapando las manos en puño de la chica —, pero yo no acostumbro mentirle a nadie pequeña ¿qué pasa? – pregunta sin entender su actitud. —¡Dijiste que todo estaría bien, que me protegerías! – llora desconsolada y me incorporo de un salto — ¡mi… mi padre me llamó… dice que debo volver! – se aferra a su camiseta y el color del rostro de Nick se extingue. En su lugar su boca se torna blanca y una arcada se asoma, tomo a Cat de la cintura para abrazarla y que llore en ni hombro mientras mi hermano corre al baño para devolver lo que sea que su estómago ya no desee sostener. Arrullo la pequeña besando su cabecita para que no se sienta mal – o por lo menos eso creo – porque ya se dieron cuenta de las fotografías, eso lo tengo claro. Nick sale del baño con expresión preocupada. Se acerca a Caterina y la abraza con ternura. —¡Escúchame Gladiola! – ella lo mira con los ojos húmedos —. Cuando dije que te protegería, lo hiciesen serio, lo prometo y eso me vale más que cualquier cosa – toma aire profundamente —, tu vas a quedarte con nosotros, pero debes ayudarnos ¿de acuerdo? – asiente haciendo pucheros. ¡Hay hermanito, a esta pequeña Gladiola hay que creerle solo la mitad!
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR