3.- Caterina.

1599 Palabras
¡Es un idiota!   Se dejó tocar de esa perra, me siento furiosa…   Pero no le doy el gusto, si él quiere que golpee el saco, pues lo complazco golpeándolo a él también, es enorme y musculado. Duro como piedra. Me siento furiosa y desprolija sin su protección ya que es más posesivo conmigo que su hermano, pero si se enoja conmigo es un petulante, todo lo contrario de d**k, que es un dulce siempre aunque lo llevo al límite. Observo su rostro de desaprobación mientras me ve con los guantes golpeando la muralla de más de cien kilos que es su hermano, Nick no me golpea, sin embargo empuja mi cuerpo provocándome y mi ira se desborda. La calmo a golpes.   Hora y media después me encuentro dormitando entre los brazos de Dickson camino a la casa, huele a dulce y a paz, es sutil y delicado conmigo. Estoy enamorada de él. Y lo peor es que de Nickolas también, aunque sea un cretino, salvaje y odioso. Me saca en brazos del auto y me siento demasiado cansada para caminar, cuando sube la escalera Darla grita.   — ¡d**k! ¿Qué tiene, que le hicieron? – Llega hasta mí y arruga la cara porque huelo horrible a sudor, cuero mojado y agua sucia — ¡Santo Dios! ¿Qué es ese olor? – Me mira con ternura y yo sonrió — ¿Estas bien cielo? – asiento casi dormida.   — ¡Hola madre, la llevamos un rato al gimnasio! – Entre la bruma del cansancio veo como mi amor salvaje besa a su madre lentamente — ¿A que huele horrible la Gladiola? – se carcajea. Estúpido hombre de las cavernas.   — ¡Nick! – Dice entre risas suaves y gestos amorosos para los tres — ¡No seas malo con mi niña! – Es una persona muy táctil, su forma de expresar afecto es con caricias — Llévala arriba mi amor por favor voy por una loción relajante y otras cosas de chicas - ¡la amo, en serio!   Una vez dentro de la bañera con mucha espuma que preparó mi amor dulce, ingreso totalmente desnuda agradeciendo el agua caliente y las sales aromáticas para sacar de mi cuerpo ese olor asqueroso. Darla llega y me consiente como si fuera la niña de sus ojos, no dejo que vea mis lágrimas correr por el mal recuerdo de mi familia, quienes a ocho meses ya de lo ocurrido, solo hablan con Robert.   Necesito que el tiempo pase rápido, en un mes tendré quince años y temo que me reclamen porque soy menor, aquí es donde deseo estar, aquí es mi lugar con estas personas que me aman y con mis dos amores. No me quiero separar de ellos…   Nickolas Hudson.   Ya cumplió quince años, no quiso una fiesta, solo que la lleváramos a navegar ese fin de semana, los tres ¡Joder! Hice el trabajo de cinco días en dos y luego arreglé todo en cuanto a nuestra salida. Mi secretaria – con la que me he enrollado algunas veces – manifestó que “la niña” quiere con nosotros, como si ella fuese mi amiga de la infancia y yo le hubiese dado la confianza para opinar mientras nos comíamos una rica cena en mi apartamento de soltero, le advertí que si decía una vez más algo parecido la despedía.   Al parecer lo entendió ya que no escuché comentaros de Caterina o debe ser que ella… estuvo muy ocupada con cierto trozo de carne fresca dentro de su boca. Así como las mujeres, yo también tengo mis tácticas para hacer callar a las chicas que hablan mucho. Sonrío recordándolo.   Lo cierto es que en este momento me encuentro recostado a mi Bugatti Veyron n***o mate, que aunque solo tiene dos asientos, no me preocupo por los pasajeros, ya que mi hermanito se va en su suntuosa Ducati Panigale V4 color rojo ¿nada mal para nuestro futuro médico eh? Me agrada que se divierta porque es muy serio, aunque yo prefiero los autos porque tienen mucho más espacio para... disfrutar.   La rubia sale de casa con cara de pitbull, al mirarme su expresión cambia a cachorrito perdido, mi madre le prohibió que subiera a la motocicleta, desea que pase por encima de ella para que le de el permiso, pero no quiero hacerlo.   — ¡No puedo pequeñina, no pienso a desobedecer a mi madre! – se cruza de brazos enojada y sus mejillas se ruborizan.   — ¡Es mi cumpleaños! ¿Pensé que sería especial? Es todo – gime y yo río, mi hermano me entrega la bolsa de viaje.   — Y yo tengo una fiesta de fin de semana con muchas chicas, sin embargo aquí estoy porque te amo – no es cierto, no le hago caso a mi madre desde hace mucho. La quiero conmigo porque sé que está más segura   ¿Qué soy un cabrón egoísta? ¡Claro que lo soy!   — ¿En serio? – Asiento — ¿Solo con chicas? – Asiento — ¿Desnudas? – sonríe maliciosa y levanto una ceja.   — Algunas, no todas – me saca la lengua y dejo salir una risa grave.   — ¿Con cuántas mujeres has tenido sexo? – no aparta la mirada de la mía, sus ojos parecen más verdes aún. Alzo las cejas y con el labio inferior mordido niego con la cabeza.   — ¡No voy a responder a eso! – se cruza de brazos, no sé si enojada, supongo que sí.   — ¿Por qué? – pregunta haciendo un mohín gracioso.   — ¡Simple! Mi padre me enseñó a que los caballeros no tenemos memoria – me mira con seriedad.   — Tienes un coeficiente intelectual de ciento cuarenta y seis ¡mentiroso! Eso es más que suficiente para tener memoria – mantiene cruzados los brazos enfadada.   — ¡Ciento cuarenta y nueve preciosa! – me burlo y golpea mi brazo, abro la puerta para que entre al asiento del copiloto.   — ¡Tonto! – grita. Enciendo el motor cuando me siento frente al volante, ella entra y da un portazo.   — ¡Preciosa! – golpea de nuevo.   Me río otra vez,  permito que toque el salpicadero y coloque música, creo que la dejaría hacer casi todo lo que quisiera con el auto, con mi ropa y con lo que quiera de mí. Siento ese tipo de debilidad de un hombre por proteger a la chica en desgracia. Sube los pies y sonrío. Soy un cabrón, pero esta preciosa Gladiola saca de mí el lado rosa que mi madre insiste en que los hombres tenemos, sé que es mentira, pero ella me importa.   Dickson Hudson.   ¡Me encanta la libertad que siento en este momento!   ¡Amo esta motocicleta!   Mi madre lloró cuando la compré, se sentía temerosa de que me sucediera algo, pero como a pesar de mi corta edad y de que soy el menor, siempre he sido el más sensato de los dos, el más cuidadoso y con mejores notas. La confianza que han puesto mis padres en mí no tiene precio y no la voy a defraudar por irresponsabilidades.   Pero es que esta sensación de libertad me enajena, me llena, me motiva. el viento en mi rostro pegando a través del casco y que se cuela por mi cuello, la velocidad y el zumbido en los oídos es precisamente lo que necesito en este momento para ordenar mis pensamientos que son un remolino de tonterías y todas me llevan a una misma conclusión Caterina De Santis.   Estoy enamorado de ella…   ¡Maldita sea y tiene quince años!   Mi madre caería muerta si lo supiera y la encerraría bajo llave, ella siente lo mismo y lo ha demostrado infinidad de veces. Pero también está enamorada de mi hermano y eso lo sé por como lo mira. Desconozco si a mí me mira de ese modo, pero lo que veo en sus ojos por Nick es muy intenso, no me siento celoso porque es muy niña, pero si se diera el caso de que mi hermano atendiera a sus sentimientos me alejaría de inmediato. Sé que él lo haría igual.   Llego primero al puerto donde se encuentra The Brothers, que es nuestro yate. Uno de los más grandes con tres niveles. Jack, el Capitán nos espera en la Proa con su asistente, una linda chica Asiática que se ha enrollado algunas veces con mi hermanito el de la “polla alegre”, no lo crítico, pero prácticamente está metido en todos lados, los saludo con la mano y ellos lo hacen de vuelta.   Escucho el rugido de un potente motor y unos neumáticos derrapando, me doy perfecta cuenta que mi hermano le cedió el volante a nuestra cumpleañera y ella; tal como su temperamento suicida, trae a toda velocidad el coche y el trasero de mi hermano en el aire.   Sale del auto con una sonrisa que casi le parte en dos la cara, corre hasta lanzarse a mis brazos atrapándome con sus piernas la cintura y llenando mi rostro de besos. Su risa me hace reír a carcajadas, pero Nickolas no se ve nada feliz revisando el auto, asegurándose de que no tiene rasguños. Levanta la cara y sonríe al verme atacado por el pequeño – no tan pequeño – monstruo de los besos y se carcajea. Saca los bolsos de la pequeña cajuela de su precioso Bugatti, resoplando enojado. Pasa por nuestro lado y ni siquiera nos mira ¡uf, enfadado completamente! Lo sigo con el monstruo a cuestas y él ni siquiera mira hacia atrás.  
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