d**k se atraviesa en el medio de nosotros impidiéndome el paso hacia la Gladiola que golpea como un hombre, la piel de mi mejilla arde como el infierno y mis manos pican por nalguearla para que no sea atrevida. — ¡Cálmate Nick, por favor! – coloca la palma derecha en mi pecho, quiero manotearlo para que se aparte, sin embargo me tranquilzo al escuchar la voz de mi madre. — ¡d**k, Caterina, nos vamos! – aprieto la mandíbula — ¿Nena, que te pasa? – salta a los brazos de mi madre que me observa con sospecha —. Le hiciste algo ¿cierto? – me señala con el dedo —. La regañaste sin que tuviese culpa Nick ¡la juzgaste! – casi se me sale una carcajada. — ¡Ay madre por el amor de Dios! – espeto con malhumor —. Ella no es una Santa ¿sabes? – veo a Ofelia y trato de respirar para no decir

