— ¡Es un idiota! – grito al auricular mientras hablo por teléfono con Harold, Jena y Annie —. Un puerco que se acuesta con mi hermana y luego me lo tira en la cara – mis lágrimas no cesan, estoy hecha un desastre — ¡Ya no es mi amor amargo! – grito de nuevo tapando mi boca con la almohada. — ¡Nena, Nena escucha! – mi amigo trata de consolarme, pero n le hago caso. — ¡Lo odio, lo odio, lo odio! – lloro y pataleo en la cama como una niña. — ¡Cariño escúchame por favor! – mi amiga Jena se escucha sobre los demás —. Voy por los chicos para que te consolemos los tres ¿vale? – asiento a sus rostros compungidos. Debo tener la nariz roja como un tomate y los labios hinchados, pero no puedo dejar de llorar porque él me ha engañado ¡con mi propia hermana! Es una vil trampa, estoy

