Dafne estaba muy nerviosa, pues no sabía qué era lo que podía esperar con aquella extraña visitante que no dejaba de mirarla con insistencia. Su rostro le parecía sumamente familiar, era como si la conociera desde antes pero no recordaba de dónde. —¿Quién es usted? —repitió Dafne, su voz ligeramente temblorosa. La mujer se quitó la indumentaria que cubría su rostro y la miró directamente a los ojos. Su mirada era cálida y profunda. —Fui una muy buena amiga de su madre, majestad —dijo Fanny, su voz llena de emoción—. Ella y yo éramos inseparables. Mi nombre es Fanny. El corazón de Dafne dio un vuelco. Era como traer al presente recuerdos que por mucho tiempo creyó enterrados. Desde que su madre desapareció, no volvieron a saber nada de ella, y fue hasta que Dorian, su padre, les había d

