El viento en el bosque de sombras era más frío que de costumbre, y la niebla parecía volverse más espesa a medida que Enzo y Eric se adentraban en su espesura. Los árboles, oscuros y retorcidos, parecían murmurar con voces antiguas. A lo lejos, el destello tenue de una fogata les indicaba que Talorm ya los esperaba. —¿Estás seguro de esto? —preguntó Eric, ajustando su capa para protegerse del frío—. Los rumores de las entidades del mal se vuelven más oscuros cada día. —Lo estoy —respondió Enzo, con la mandíbula tensa—. No podemos permitir que los reinos caigan uno por uno. Dafne confía en mí, en nosotros, para proteger a nuestra gente. No puedo fallarles. Se acercaron a la figura alta y sombría de Talorm, el líder de las sombras de éter, cuyos ojos brillaban con una luz extraña bajo la

