El silencio llenó el espacio entre nosotros, haciéndose cada vez más pesado. Pude ver cómo los ojos de Dafne se ensombrecían, su mirada fija en el suelo, evitando la mía. Sentí un nudo en el estómago, una ansiedad que nunca había experimentado antes. Mi vida había estado llena de batallas, pero ninguna se comparaba con esta. —Dafne —murmuré, rompiendo el silencio. —Por favor, necesito saberlo—. Ella levantó la vista, sus ojos brillando con una mezcla de emociones que no pude descifrar. Dio un paso hacia mí, sus labios temblando ligeramente. —Enzo, yo... —empezó, pero su voz se quebró. Tomó una profunda respiración, tratando de calmarse. —Te amo, pero tengo tanto miedo—. Mis pulmones se llenaron de aire al escuchar sus palabras, pero no pude evitar sentir la punzada de su inseguridad

