Las palabras de Enzo resonaban en mi cabeza una y otra vez, sabía que estaba jugando, que sólo quiso regresarme la broma, pero, ¿si se dejaba tentar por los obsequios del rey Elliot?, Al final de cuentas como el rey alfa estaba acostumbrado a tener a la chica que quisiera y bien podía su cura la tentación y aceptar tan tentadores ofrecimientos, tal como había dicho Madison. ¿Pero que estaba pensando?, ¿Acaso me estaba volviendo loca?, ¿Cómo podía dejarme llevar por las palabras malintencionadas de una chiquilla sin escrúpulos?. No podía seguir especulando, necesitaba calmar de una buena vez las dudas que martillaban cada rincón de mi mente, así que me puse de pie y rápidamente atravesé el ala del Castillo donde se encontraban mis habitaciones para llegar a los aposentos de Enzo, los guardi

