El ambiente en la sala era tenso, el aire parecía estancado mientras el médico real revisaba a Dafne con sumo cuidado. Ella no podía ocultar el temblor en sus manos ni el ritmo agitado de su respiración, pero Enzo no se apartaba de su lado. Mantenía su mano entre las suyas, observándola en un silencio que parecía contener mil pensamientos. Dafne cerró los ojos, tratando de encontrar fuerza por su hijo, por su reino. —Dafne, debes relajarte —la voz del médico se alzó tranquila—. Esto no ayudará en nada. —Lo intento… —murmuró ella, con la voz entrecortada—. Pero tengo mucho miedo. ¿Qué es lo que está pasando? El médico se detuvo un momento, pensativo, mientras sus manos seguían con la revisión. Dafne buscó con la mirada a Enzo, quien permanecía firme, su ceño fruncido, pero su agarre segu

