Layra me condujo por los pasillos oscuros del castillo de Licandor. Mi corazón latía con fuerza, pero su presencia me daba un extraño consuelo. —Tranquilícese, majestad —me susurró Layra mientras avanzábamos—. He recibido noticias del rey Enzo y de Eric. Ya están en camino para un ataque sorpresa. Sentí un alivio inmediato, aunque sabía que no podía mostrar debilidad. —¿Están bien? —pregunté en voz baja. Layra asintió. —Sí, están bien. Pero debemos ser cuidadosas. Aquí, tome esto —me entregó un pequeño frasco con un líquido transparente—. Son unas gotas. Provocarán un sueño profundo en quien las ingiera. Póngalas en la comida o bebida del rey cuando tenga oportunidad. Tomé el frasco y lo guardé con cuidado en mi ropa. —Gracias, Layra. Haré todo lo posible para que funcione. Ella me

