El enfrentamiento

1016 Palabras
El enfrentamiento. Olej Romanov —¿Dónde está ese maldito ruso?— era el grito que escuchaba desde mi oficina el día de hoy. Había salido temprano para reunirme con el Juez Sawyer, quien era el que había dado la denuncia anónima para movilizar al fiscal de distrito y tener a ese imbécil de Scott a un tris de estar tras las rejas. —Déjenlo pasar, quiero ver qué quiere.— le dije a uno de mis hombres, quería verle a la cara y preguntarle qué se sentía al tener todo cuesta abajo. —Si jefe. A los segundos entra el hombre que había llegado a la cúspide de la idiotez con la cara desfigurada y los ojos inyectados de rabia. — ¡Maldito infeliz! —Hola, Laurent. ¿Qué te trae por aquí? —Cállate, imbécil y dime ¿por qué me estás haciendo esto? —¿De qué me hablas?—respondo con naturalidad. —Lo sabes, maldito animal. —Amigo, pero si nos vimos en la cena de caridad, no esperaba verte de nuevo, tan pronto. —No te creo, maldito animal, tú y esa puta barata debieron tramarlo... El sonido de mi puño, incrustado en su mentón no dejó que satisfaciera las ganas de matarle que tenía, pero por respeto a ella y a la promesa de no arrebatarle la vida a ese maldito, me las aguanté. —No te permito que hables así de mi mujer. —¿Tú mujer? Esa es una puta que se debe haber vendido para vengarse de mí, por haberla desechado el día de mi boda. —Jajaja, ¿realmente te crees el centro del universo Scott? No sabes de lo que hablas, eres tan poca cosa, que ella a los días de recuperarse se casó conmigo y la he hecho mía desde ese momento cada día y noche —Cállate maldito, ella es mía, tú solo has sido un sustituto en su vida, si yo hago chasquear mis dedos la tendré en la palma de mi mano, ese cuervo solo tiene un dueño y soy yo. —No me hagas reír, Laurent Scott, tu no eres nadie en mi vida— esa era mi amada esposa, entrando como la puta diosa que era y acercándose a mí, con ese contoneo que me ponía la adrenalina a mil. Llegó hasta mi lado y me besó con fervor, sabía que lo hacía con su qué, para fastidiar a el idiota ese, pero también lo hacía para satisfacerme de mi necesidad de ella. Por eso era para mí, ella era mi maldita droga, era como el aire que necesitaba para sobrevivir—. No sé que haces aquí Laurent, pero creo que por tus gritos debe de ser algo te debe molestar de nosotros. —¿Dime qué hiciste con mi hijo? —¿Qué? —Mi hijo, Nat. ¿Qué le hiciste? —A mi bebé nada, mi lindo bebé murió ese día cuándo nos negaste o ¿se te ha olvidado la ayuda que me querías brindar como "amigo"? Así que no necesité de tu dinero para deshacerme de eso cómo tu le dijiste. — ¡Es mentira! —¿Y para qué te iba a mentir, Laurent? ¿Sacaría algo con eso? —Ustedes nos quieren hundir a Anna y a mí por despreciarlos, pero son tan poca cosa que ya verán quién ríe de último. Sólto con su lengua ácida, para salir dando un portazo y dejándonos a nosotros con una sonrisa de oreja a oreja. —No puedo creer lo descarado que es. —Oh, cariño. Está respirando por la herida, lo que no puede creer es que estés viva y lo hayas abandonado. —Pero si él fue quién me abandonó esa vez, podría haber sido más honesto y todo sería muy distinto. —¿Estarías con él? — ¡Por supuesto que no! —Entonces ¿por qué te preocupas? Estamos haciendo las cosas bien, aunque él crea que somos culpables, no hay nada ni nadie que nos pueda incriminar. —Eso espero, cariño. Creo que mi sed de venganza no es tan fuerte como la tuya. —¿De qué me estás hablando, Annia? —Qué no quiero que nuestros actos vayan a afectar a Gala, ella es un ser inocente que no tiene porqué sufrir por nuestros errores del pasado y en algún momento deberemos decirle quién es realmente. —Eso jamás, Gala es mi hija. Si por mí fuera ella nunca se enterará de la verdad. —Amor... —Nada de amor, Annia. Lo que acabas de decir nunca sucederá y lo llevaremos hasta la tumba. —Eso es demasiado cruel, ella merece la verdad, es una Scott, aunque nos duela y algún día ella se deberá enterar. —¿Qué te está pasando, Annia? Esta que me está hablando no eres tú. Jamás habías pensado en negarme ser el padre de Gala, yo la vi crecer en tu vientre, estuve siempre por y para ella. Ese cretino la quiso matar. No, no tiene ningún derecho sobre Mí hija. —Perdóname, mi amor, pero este tipo me hace sacar lo peor de mí. No se lo que estoy diciendo, tienes razón. —Perdóname a mí, preciosa. Nunca debí traerlas de vuelta. —No, por el contrario. Estoy feliz de regresar, necesitaba cerrar este asunto y qué mejor que destruyendo todo lo que ese tipo ama. —¿No te arrepentirás? —Si tú estás a mí lado, jamás. —Te amo mi diablilla. —Y yo a tí, mi amor. Nos fundimos en un beso apasionado y dimos rienda suelta a nuestros deseos, en unos minutos, nuestros gemidos y el sonido del chocar de nuestros cuerpos llenaba la habitación, ella era mi droga y no necesitaba más para vivir, pero aunque habíamos disfrutado el uno del otro, había algo ese día que Annia me ocultaba y por el bien de ella y mío debía descubrirlo... ------------------------------ Copyright © 2024 P. H. Muñoz y Valarch Publishing Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2404227717969
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