Annia Romanov
Hace días me he sentido mal y creo que otro pequeñito viene al mundo, lo hemos esperado tanto, que me llena de ansiedad saber si es cierto o no, para darle la noticia a mi marido.
Así que, he dejado a Olej y su gente, con los preparativos en contra de esas dos mierdas.
La cena de caridad salió mejor de lo esperado, Olej realmente conocía como era Laurent y el tipo cayó redondito en la trampa y hoy debe de estar hecho una furia tratando de conseguir alguien que lo defienda.
El tema que nos tenía de vuelta, eran los negocios de mi marido en este país, eso no era mentira, pero para Olej, saber que su mano derecha lo estaba traicionado fue doblemente doloroso. Cuando llegamos, hace unos días atrás, cuestión que ni el propio Lenko supo fue otra buena decisión, lo pillamos in fraganti en la oficina de mi amiga teniendo sexo con Anna, la mujer en su loca y trastocada idea ni nos vió, pues estaba tan drogada que los dejamos terminar su acto. Lo que me molestó fue ver la cara de Olej. Sabía que no la amaba, pero debe haber sido molesto encontrar a la mujer que amaste encajada por tu amigo y mano derecha. No lo discutiría con él en ese momento y se lo dejaría pasar.
Al cabo de unos minutos, la mujer salió de la oficina tambaleándose mientras se terminaba de arreglar, igual no quería que nos viera tan pronto, así que pensé rápido y agarré a mi marido de la solapa y lo besé intensamente. Como siempre él, se dejó llevar por sus instintos y me besó con mayor intensidad, la que dejé cuando la escuché pasar y carcajearse dirigiéndonos unas palabras ininteligibles.
Luego de verla desaparecer, nos adentramos en la oficina de Marine, para ver a un Lenko arreglando sus pantalones y con cara de pocos amigos.
— ¡Les dije que primero deben golpear la puerta! —bramó, me imagino que pensando en que era alguno de sus subordinados, lo que cambió radicalmente al vernos de pie frente a él — Je... Jefe ¿Qué hace aquí?
—La pregunta es que has hecho tú, mi querido Lenko.
—Jefe... Yo... Yo...
—Deja de tartamudear, maldito imbécil, confiamos en tí y tú nos pagas con esto.— dice Olej acercándose peligrosamente a él.
El miedo, en la cara de Lenko dejaba claro que lo que estaba haciendo no era para nada en favor de la Bratva y eso lo pagaría caro...
—Jefe, no es lo que piensa...
—¿A no? Y en ¿qué pienso si sabes tan bien lo que hay en mi cabeza más que yo?
—Lenko, es mejor que nos digas la verdad, será menos doloroso— digo acercándome a la silla que estaba frente al escritorio, el olor a sexo y drogas me había mareado y sentía náuseas, pero debía aguantarme, no quería parecer débil frente a nadie.
—Señora Annia, desde que ustedes se fueron he hecho todo como lo hemos acordado, e incluso más. He mantenido la organización a flote mientras ustedes estaban en Rusia y Marine en Italia y he ganado varios pesos pesados en todo este tiempo, sumándolos a nuestras filas. La lista de jueces, comisarios de policía y fiscales es sumamente amplia.
—¿Y Anna Scott es una de ellos? Por favor Lenko, te creía más inteligente.
—Jefe yo le juro...
¡¡¡BANG!!!
El sonido ensordecedor de la nueve milímetros me hizo dar un respingo y ver el cuerpo de Lenko con una bala entre sus ojos terminó por hacer que devolviera hasta la conciencia. Esto era a lo único que no me acostumbraba hasta ahora, pero mi amado ruso me tomó entre sus brazos y me sacó de ahí, dando órdenes a todos, los que no quisieran que les pasara lo mismo que a su mano derecha, que limpiaran el lugar y guardaran el secreto.
—Todo seguirá tal cual lo han hecho, salvo que responderán directamente a mí y a Marine cuando regrese.
La orden fue dada y sus hombres acataron, agachando sus cabezas ante el Pakhan...
El día de hoy, me había levantado con pocos ánimos y a penas pude preparar a Gala para su primer día de escuela, besé su hermosa cabellera rubia y dejé que la nana y el chofer la llevaran. Yo, iría con mi escolta a la visita que había programado con la doctora. Tomé mi bolso y me subí al auto, le dí las indicaciones al chofer y nos adentramos en las calles de Chicago. Para las diez de la mañana estaba ingresando en la clínica de la doctora Patterson, ella se transformó en otro de mis ángeles de la guarda hace seis años atrás, fue quién me trató las heridas en ambas oportunidades y Olej, como manera de agradecimiento le había regalado el lugar, aunque la mujer fue renuente, al principio, lo aceptó si con ello podía ayudar a más chicas como yo.
—Buenos días. Tengo una cita fijada con la doctora Patterson.
—Buen día señora Romanov, la doctora está por terminar con una paciente y luego le corresponde a usted, pero puede llenar esta ficha mientras tanto la espera.
—Gracias.— tomé la ficha y el lápiz y comencé a llenar los datos que ahí se me pedían, y, luego de diez minutos veía como la puerta de la consulta se abría y una chica de no más de veinte años, con una barriga prominente, salía.
—Te tomarás todas las vitaminas y si sigues con mareos, estas otras ¿De acuerdo?
—Si doctora.
—Tan mandona como siempre.
—Mi niña hermosa, no podía creer que estuvieras acá ¿Cómo no le avisaste a a esta vieja?
—Vieja la ropa, mi querido ángel.
—Jajaja, ¿Terminaste?— asentí y le entregué la ficha—, pues entra mujer que tienes mucho por contarme.
—A propósito, te traje esto de mi última colección.
—No te hubieras preocupado, casi no tengo dónde usarlos. Oh, por dios, es bellísimo.
—Y único — le había llevado una bolsa médica, con un símbolo de higia hecho en pequeños diamantes— y no podrás negarte a usarlo, ese que está tirado ahí ya se cae en pedazos.
—Está bien, pero a mi bebé no lo trates mal, es muy importante para mí. Ahora, dime ¿Qué te trae a este humilde lugar.
—He sentido náuseas, mareos y mucho dolor abdominal los últimos días.
—Pero tu sabes lo que conlleva traer otro hijo al mundo, Annia.
—Lidia, si lo sé, pero lo hemos intentado todo con Olej y aunque Gala sea su hija de corazón quiero darle un heredero sangre de su sangre.
—Pues bien, vamos a hacer una lista de exámenes para comprobar si tenemos a un nuevo Pakhan en camino.
Hizo la lista y me acompañó al laboratorio para que tomaran las muestras de sangre y orina, luego volvimos a su consulta y seguimos conversando por un buen rato. Sabía que los exámenes se demorarían, estábamos en los ochenta y la tecnología avanzaba, pero lógicamente hay cosas que no se pueden apurar.
—¿Qué te parece si vamos a comer algo mientras esperamos?
—Vamos, yo invito.
—Por favor, que sea la caridad con patas no quiere decir que no pueda comprarte una suculenta comida.
Salimos en mi auto y nos dirigimos como chiquillas a un Mcdonald's, deseaba unas papitas y una hamburguesa de esas que solo eran plástico, pero que no probaba desde hace mucho. Eso era un antojo ¿no? Seguimos la charla y nos contamos como seguía todo en nuestras vidas y lo que habían cambiado el día que Olej entró a nuestras vidas. Disfruté cada papita con ketchup que me comí y una vez que terminamos volvimos a su consulta.
Entramos en la pequeña sala y los ojos alegres de la chica de recepción se entristecieron al vernos.
—Doctora Patterson, los resultados de la señora Romanov.
—Gracias linda. —Lidia los tomó en sus manos y comenzó a ojearlos mientras entrábamos a su consulta.
— A ver dime, ¿Cuánto tiempo tengo?— dije como niña chiquita.
—Lo siento, Annia. No es un bebé lo que tienes.
—¿Qué?
—Mi niña, necesito que estés tranquila, pero dentro de los exámenes que pedí hay uno que está mal.
—Dime lo que tengas que decir, por favor.
—Mi niña, tus resultados arrojaron que tienes cáncer. Ahora debemos saber en qué etapa estás y empezar con el tratamiento.
—No, no, esto no puede ser cierto— grito y reclamo contra el mundo, no podía ser cierto, mi niña es muy chiquita y Olej no lo soportará.
—Cariño, hay tratamiento y si estás en una fase inicial, verás que lo podremos lograr, por favor razona. No te cierres, hazlo por tu familia.
—No podemos decirle a Olej.
—¿Qué? ¿Estás loca? él es el primero que debe saber, los parientes de pacientes con cáncer deben estar al tanto de todo para poder apoyarles.
—Lo haremos cuando estén los resultados, Lidia. Has eso por mi. Prométemelo.
—Te lo prometo, mi niña. Ahora, vamos, que deberás hacerte una serie de exámenes y no te dejaré sola.
Ya no tenía lágrimas para llorar y mi corazón latía de miedo, esto debe ser un castigo divino, por haber sobrevivido y no haber muerto seis años atrás...
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