Capítulo 6 "Despedida de soltero"

1786 Palabras
Estaba recostado en la cama, me estaba dejando llevar por mis pensamientos, cerré los ojos y el rostro de la mujer del crucero regresó a mi mente. Su rostro sonriente, sus expresiones mientras estábamos recostados sobre su cama, mientras bailaba, me transporté en los recuerdos. —¿Alguna vez pensaste en que cambiarías si tuvieras el poder de cambiar quien eres? Es decir, ¿has pensado en que harías si fueras un completo extraño para el mundo entero? —preguntó observando cada expresión que aparecía en mi rostro. —Bailaría, bajo la lluvia, desnudo y correría por las calles —digo a forma de broma, soltando una gran carcajada ante sus ojos abiertos con amplitud. —Eres un tonto, te lo preguntaba de verdad —rodeó los ojos al darse cuenta de que solamente lo decía a modo de broma. —Sinceramente, me iría a un pueblito, a un lugar donde pudiera tener una vida tranquila, donde pudiera poner un negocio y formar la familia que siempre he querido, lejos de la sociedad —respondo de la nada— ¿Qué harías tú? —Si pudiera ser una persona completamente diferente, empezar desde cero hubiera huido de mi familia, me hubiera dedicado a lo que verdaderamente yo quería y hubiera ignorado a mi madre desde un comienzo. Cuando la escuché decir aquellas palabras mi corazón se hundió, sobre todo porque a final de cuentas mi padre, aunque me esté poniendo esta exigencia para quedarme con la empresa, debe de haber sido mejor que su madre, como para haber deseado huir. Mi padre si es verdad que me obligó a convertirme en el hombre que hoy soy, pero todo ha sido porque no quería que sus años de esfuerzo se vinieran abajo el día que él muera, porque si depende de mi hermano, es prácticamente seguro que la empresa caería en ruinas. Paul no tiene la menor idea de como manejar una empresa, no tiene la menor idea de la administración y nunca le ha interesado aprender al respecto. Quisiera revelarme ante mi padre, decirle que todo esto es una locura, que si me intenta obligar a casarme con esa mujer no asumiré su empresa, que tendrá que dejarlo todo en manos de mi hermano y que es probable que quiebre. Sin embargo, hay dos razones por las cuales no me atrevo a hacer tal cosa, la primera es que muy seguramente al hacerlo mi padre podría sufrir un ataque al corazón por el disgusto, pero también es verdad que es muy probable que si le digo eso también el dolor sea mío. Después de todo la empresa es mi segundo hogar, mientras mi hermano se dedicaba a jugar en el jardín de la mansión yo me encontraba viendo como se manejaba todo en la empresa y desde ese entonces mi padre supo que yo iba a ser el indicado llegado su momento. Un hombre chapado a la antigua, sin duda, espera que me case y me vuelva un hombre de hogar, que no me vaya por malos caminos, que cumpla con todas sus expectativas. Estaba tan sumergido en mis pensamientos que ni siquiera escuché la puerta abrirse, solamente sentí a alguien sentarse en la cama y en cuanto abrí los ojos llenos de sorpresa me di cuenta de que quien estaba sentado a mi lado era mi hermano. Como si lo hubiera traído con el pensamiento, estaba sentado en los pies de la cama, con una amplia sonrisa y con ese gesto de diversión que ponía cada vez que lograba asustarme o tomarme por sorpresa. —No te lo tomes a mal, pero la próxima vez deberías de pensar en tocar a la puerta —me atrevo a decir tratando de calmar él galopeo en mi pecho. —Lo lamento, solamente me apresuré a venir para decirte que debes alistarte ya mismo, esta noche vas a tener tu despedida de soltero y no puedes negarte, elegí un lugar espectacular —dice lleno de tanta emoción que me hace querer vomitar. —No pienso salir contigo y tus amigos inmaduros —rodeo los ojos. —¿Prefieres quedarte a dormir en tu apartamento con tu prometida? Mi padre me dijo que te corra de la mansión y te mande a dormir con ella, pero le dije de mi plan y no le pareció una mala idea —confiesa con una sonrisa que se ensancha ante mi gesto de horror. —No, sinceramente, quisiera no volver a ese apartamento nunca, pero no es como si tuviera muchas opciones —sonrío con pesadez. —Entonces levanta el culo, voy a prestarte ropa para que vayas acorde al sitio, pero que nos vamos ya, necesito un poco de diversión —dice canturreando entre risas. Se fue prácticamente corriendo a su habitación, yo mientras me metí a darme una ducha rápida, de repente escuché la puerta de la habitación, me apresuré a salir para darme cuenta de que ya ni siquiera había rastros de él, solamente había exactamente lo que había dicho, ropa. Una camisa negra y un pantalón blanco, que a primera instancia tuve dudas de si es que me entraría, debo de decir que fue bastante costoso ponérmelo. De esos pantalones que se te adhieren como una segunda piel y que te remarcan hasta lo más minúsculo. Estaba mirándome al espejo convencido que llevar eso sería una completa locura cuando de repente entró mi hermano, me quedó mirando con una ceja alzada. —Definitivamente, te van mejor a ti que a mí —aseguró con una cara de sorpresa. —Estoy pensando en sacarme esta mierda, siento que me está estrangulando las pelotas y además creo que no habrá mujer que pueda evitar mirar esto —señalé a la altura de mi m*****o. —Es la idea del jean idiota —rodea sus ojos como si yo no fuera capaz de entender la moda— No pienses en sacártelo, lo lamento, pero así te vas a ir, pero mejor… De repente apenas noté que ya se había cambiado de ropa y que además llevaba en sus manos una botella de Vodka y dos vasos. No me explico en que momento apareció con ello que no pude darme cuenta, pero sin duda ya estaba más que listo para la fiesta. Nos fuimos bebiendo, pero por supuesto nos llevó el chofer personal de mi padre, en el camino mientras bebíamos mi hermano se dedicó a preguntar al respecto del crucero, nuevamente aquella mujer atravesó por mi mente, pero la borre al instante y bebí un largo trago. —Al parecer algo fuerte sucedió aquel día, no puedo creer que no pienses contarme —dijo con un gesto de irritación ante mi silencio rotundo. No podía hablar de eso delante del chofer de mi padre, mi hermano es el hombre más descuidado del planeta, pero en mi caso, no voy a permitir que mi padre sepa que tuve una aventura que me causó lo suficiente como para no sacarme a esa mujer de la cabeza. Al llegar al sitio decorado por fuera con luces neón, fui el primero en bajar, no había ido nunca en mi vida a aquel sitio, pero ahora que estaba allí no me parecía tan mala idea Entramos, la música que sonaba era buena, entonces nos encontramos con los amigos de mi hermano, que nos estaban esperando para subir a una sala exclusiva, que por supuesto no podíamos mezclarnos con personas normales, lo que me parecía tal vez la peor idiotez que se podría haber inventado. Subimos a la sala, la habían reservado especialmente para la despedida, allí había mujeres, que bailaban en unos tubos, una cosa que poco llamó mi atención, mientras mi hermano pedía los primeros tragos en la barra, me aproximé a la ventana grande que daba vista hacia la pista de baile de abajo. Me dispuse a observar a la gente que estaba allí, hasta que de repente, entre la multitud, me llamó la atención un rostro familiar, hubiera reconocido esa sonrisa y esos ojos donde fuera que los hubiera visto. No dudé en caminar hacia la puerta, entonces mi hermano pronunciando mi nombre caminó detrás de mí. Creo que me alcanzó justo a tiempo cuando iba a bajar las escaleras que daban hacia la pista. —¿A dónde crees que vas? ¿No piensas mezclarte con esa gente, verdad? —preguntó de repente con el ceño fruncido. —Me preguntaste hace un rato si había sucedido algo en el crucero, sí, pasó que conocí a una mujer que me voló la cabeza, y la acabo de ver desde el segundo piso, así que si me disculpas voy a buscarla —me limité a responder. Él me entregó el vaso que me había servido, una sonrisa apreció sobre mis labios y lo levanté en su honor antes de caminar entre las personas. Me centré tanto en ver donde se encontraba, que ni siquiera me había dado cuenta de que mi hermano me había seguido entre la multitud. Hasta que me quedé con la mirada fija en ella, que estaba junto a su amiga, bailaban de una manera tan sexy que si me hubiera mantenido mirándola demasiado tiempo con este jean no podría haber controlado la erección. —¿Es una de esas dos que están bailando pegadas a la barra? —pregunta en mi oído mi hermano y logra que me sobresalte. —Maldita seas Paul, no puedes aparecer así de la nada —digo sobresaltado nuevamente y él se carcajea— Pero sí, es la castaña que está delante. —La rubia es mía —asegura con firmeza y veo sus ojos brillar— Voy a por ella. Lo vi ir primero, a esas instancias ya se habían detenido, estaban apoyadas contra la barra bebiendo nuevamente. Me quedé ahí parado pensando si debería de ir, si me debería de acercar estando tan cerca de casarme, un sabor amargo se apoderó de mi boca sin saber qué hacer. Pero en cuanto su amiga se largó con mi hermano, un destello de rabia se apoderó de mí, empecé a ver como sonreía al hablar con el chico detrás de la barra de bebidas y mi instinto me hizo saber que estaba coqueteando con ella. Aquello fue lo que necesitaba para armarme de valor y acercarme, la tomo por la cintura, siento como se paraliza. Una sonrisa aparece en mis labios, siento su cuerpo pegado al mío, su aroma y nunca pensé que podría decir que me hacía falta sentirla de ese modo. —Tú —leí sus labios moverse musitando aquella palabra cuando levantó la cabeza para mirarme llena de sorpresa. —¿Me extrañaste? —pregunté con una voz ronca en su oído.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR