El tiempo se escapó de mis manos, estuve viviendo de recuerdos, de los recuerdos que me dejó aquella mujer y ahora, ahora solamente me queda eso. Tres años desde que había firmado aquel pacto, aquel acuerdo del mal que nunca debería de haber aceptado, no lo hubiera hecho de haber sabido que con él morirían mis deseos por vivir, porque se fueron junto a aquella mujer.
No podía olvidarla, el sonido de su risa, el brillo de su mirada, el tacto de sus manos, sus gemidos en el borde de sus labios siendo contenidos, nuestras noches de pasión, no podía olvidar todo lo maravilloso que me había regalado.
Pero debía de conformarme con aquel matrimonio, no solamente falso, sino que era tortuoso, si no terminabas anhelando que alguien viniera y te arrebatara la vida, definitivamente debías de estar tan loco como mi esposa.
—Oliver —canturreó desde el pasillo mi esposa.
Mis ojos inconscientemente se pusieron en blanco, irritante, jodidamente irritante. Entonces, ante mi silencio a modo de respuesta asomó una de sus piernas, un intento de seducción con aquella lencería, un intento demasiado en vano, no me apetecía tocarla desde ya hacía un tiempo.
El truco de tocarla pensando en aquella mujer, tal vez había funcionado un par de veces, pero no era ella, no se sentía como ella, era una pura traición a mí mismo el tocarla, no me apetecía.
Volví mi mirada al portátil, entonces ella terminó de asomarse, pude ver por instantes su cuerpo prácticamente al desnudo, pero la ignoré por completo y traté de regresar mi atención nuevamente a los documentos que debería de haber estado revisando, si no fuera porque estaba sumergido en mis pensamientos.
—Oliver —dijo con la mandíbula tensa.
—¿Acaso no ves que estoy trabajando? —murmuré.
—Todo eso puede esperar, me tiene cansada que no me des nada de atención, todo el día pegado a tu computadora, todo el tiempo revisando trabajo hasta altas horas, pareces una máquina —me regaña de brazos cruzados— Quiero que tengamos sexo, cumple tus malditos deberes de esposo.
—Esto es meramente formal Vivian, un papel nos hace marido y mujer, pero no tengo la mínima intención de atender tus necesidades, si te apetece sexo, busca alguien que te lo dé, te lo dije desde el día de la boda, espero que en algún momento te largues por propia voluntad —levanté la mirada ahora si fijándola en la suya.
—No lo entiendo, todos los hombres que conozco me desean, tú eres mi esposo, deberías de querer —detiene sus palabras en seco y suelta un suspiro audible— ¿Qué es lo que tengo de malo Oliver?
—Nada, no tienes nada de malo Vivian, no somos compatibles, queremos cosas diferentes en la vida, soñamos con futuros distintos —me froto la frente— Ahora, por favor, permite que continúe trabajando, tus gustos costosos no van a pagarse solos.
La escuché marcharse maldiciendo por lo bajo, pero en realidad me importó muy poco, solamente regresé mi mente a esa mujer.
La última vez que había sabido de ella fue por medio de mi hermano, él volvió a buscarla luego del casamiento, porque por supuesto que no permitiría que su hermano estuviera sumergido en la miseria.
Entonces a la única que encontró por aquella discoteca fue a su mejor amiga, la misma mujer con la que se había estado acostando, le pidió a ella que le diera su número de teléfono, pero entonces su amiga le dio la noticia que me quitó el suelo por tanto tiempo.
“—Ella estuvo casada, por mucho tiempo, con un hombre que la traicionó de un modo despreciable, le hizo mucho daño y ella se prometió nunca ser ese tipo de persona, así que cuando supo que tu hermano se casó, se marchó del país.”
Cuando mi hermano me contó respecto a aquellas palabras me quedé con un nudo en el corazón, no podía creer que eso fuera cierto, es una decisión demasiado radical el mudarse a otro país, pero luego me lo explicó con más detenimiento.
“—Al parecer el que fue su marido es un hombre muy influyente en los negocios, la utilizó e hizo trabajar por muchos años, el tiempo suficiente para engordar sus bolsillos y luego cuando no le sirvió más la desecho, pero no conforme con ello la arruinó en los medios, así que no conseguiría trabajo de ninguna manera, se marchó a trabajar al extranjero y rehacer su vida.”
Me sentí asqueado al saber que un ser humano que se hace llamar hombre podría llegar a caer tan bajo, pero las palabras de mi hermano no se detuvieron allí.
“—Me pareció demasiado irreal saber que, su esposo se estaba acostando con su prima, que los encontró en su cama y que por eso se fue a ese viaje en que la conociste, Harper fue quién la ayudó a marcharse, pero ni siquiera quiso darme una pista de a donde se marchó, lo mejor es que te resignes, es probable que nunca regrese, no tiene razones para estar aquí.”
No volvería a verla, eso es lo que significaban aquellas palabras, pero en mi corazón, todos estos años había permanecido una pisca de esperanza, algo que en mi interior no me dejaba resignarme, que no me permitía llegar al olvido.
Me quedé dormido en el sofá de mi despacho, ni siquiera me di cuenta en que momento me había dormido, pero me desperté con un fuerte dolor en la espalda, continuar durmiendo en ese sofá me traería fuertes consecuencias a largo plazo, pero dormir junto a Vivian es una tarea imposible, con ese empeño de seducción barata.
Gracias a ello me desperté más temprano de lo usual, me apresuré a alistarme, ni siquiera desayuné en casa y me largué antes de que Vivian se despertara, pude ver en el rostro de la mucama un gesto de súplica, de que no me marchara antes de que abriera los ojos, porque seguramente se volvería loca.
Lamentablemente, ella tendría que ser el sacrificio para que yo iniciara un día lleno de paz, pero luego a la hora de su pago le compensaría esos pequeños sacrificios infrahumanos.
…
Cuando llegué a la oficina, Francis se aproximó a mí, llevaba una tableta en la mano, se acomodó los lentes con torpeza y me miró con su rostro vacilante.
—¿Qué sucede? —le pregunté aun continuando en dirección a la oficina.
—Parece señor que olvidó que hoy había una reunión, le están esperando para dar comienzo, su padre va a presentar a la nueva empleada del área administrativa, es de intercambio, viene desde Alemania, una de las empresas socias la trasladó a la nuestra como muestra de gratitud por nuestro buen trabajo, ya que es reconocida por su buen desempeño en el área —comentó con rapidez tratando de mantener el ritmo de mis pasos.
Lo había olvidado por completo, mientras lo escuchaba hablar me di la vuelta en dirección a la sala de juntas, caminé con rapidez, tanto que cuando me detuve ente la puerta Francis tuvo que tomar bocanadas de aire para recomponerse.
—Esto va a ser extremadamente aburrido, prepara un café doble para cuando acabe esta cosa y por favor, cancela mis juntas de la tarde —le pedí a lo que él se encogió de hombros.
Me metí a la sala, mi padre ya estaba allí parado, llevaba un gesto de desaprobación, como siempre lo hacía, yo me ajusté un poco la corbata y en pleno silencio ocupé mi lugar. Entonces, de repente, aclaró su voz mirando a todos los presentes, se puso de pie y apoyó sus manos en la mesa algunos segundos como si estuviera pensando en sus palabras.
—Ahora que todos están aquí presentes —me ojeó con el rabillo— Puedo empezar de una vez la junta, quería primero que nada comenzar aclarando algunos puntos respecto al proyecto que se realizará del nuevo edificio en las afueras de la ciudad, pero dado que la señorita Larson ya se encuentra esperando.
Esa debería de ser la nueva empleada transferida, pero su apellido no sonaba para nada Alemán, lo cual me pareció bastante extraño, dado que Francis me dijo que venía desde allá.
De repente la secretaria de mi padre abrió la puerta, miró a mi padre por unos segundos como si estuviera esperando por su aprobación y en cuanto este asintió ella se hizo a un lado para permitir el paso de la mujer.
Mi mirada que se había posado aburrida sobre el suelo, subió por unos tacones negros sencillos, se encontró con unas piernas bien definidas, luego una falda que remarcaba unas caderas tentadoras, hubiera dicho exactamente como se veía el resto de su cuerpo, pero me lo salté para llevar mi mirada a su rostro y fue allí cuando me quedé petrificado.
—Sea bienvenida Señorita Daphne Larson, estamos muy felices de tenerla formando ahora sí, de forma oficial, parte de esta empresa —mi padre estrechó su mano.
Hasta ese momento su mirada no se había encontrado con la mía, pero cuando lo hizo ella se quedó exactamente como yo lo había hecho.