Xandría se quitó la prenda de vestir como si la tela estuviese incendiándose, quedando en tacos altos y ropa interior para el deleite de Eilé, ella abrió su blusa blanca de botones y exhibió su pecho cubierto con un hermoso sostén de encaje del mismo tono, metió su mano en él, acariciando sus pechos y cerrando los ojos, mientras la sumisa terminaba de desvestirse por completo. Eilé tomó su antebrazo y la atrajo hacía sí, poseyendo de nuevo sus labios, esta vez con más intensidad que antes, sus manos masajeaban aquellos pechos y los pezones de Xandría se alzaban para ella. Eilé caminó hasta su escritorio y, usándolo como apoyo, se sentó en él aún con las piernas en el suelo, sus muslos abiertos cubiertos con la tela oscura de la falta corte A que usaba y que llegaba hacía sus rodillas, la

