Kamal sintió una presión en su pecho al escuchar el pedido tan feroz e inocente a la vez salir de la boca de Xandría, mientras que ella no se sentía para nada arrepentida, en cambio estaba molesta porque el Amo parecía pensarse mucho las cosas, ¿Qué tenía que preveer? La había sorprendido, y dos veces. Debía castigarla, ¡Por Dios santo! Y quería que lo hiciera ya mismo. Quitó la almohada de donde la había puesto y se estiró sobre el colchón con sus muslos bien doblados y su pompa en alto. Kamal se sentía angustiado, pero haciendo valer su posición, se levantó. Miró alrededor de la muy sencilla habitación y vio las cintas con las que se sostenían las gruesas cortinas, tomó una y con ella anudó ambas muñecas de Xandría quien sentía su corazón acelerarse debido a la expectación. Pero, para

