-Señora- Eilé levantó la vista de los documentos que fingía leer, encontrando el rostro de Margaret que no la miraba directamente. -¿Qué?- no tenía muy buen humor. Micaela se había escapado a una fiesta la noche previa y la esperó hasta entrada la madrugada para darle un buen regaño mientras que su esposo despertaba a las cinco de la mañana para irse a un viaje de negocios a Canadá. En definitiva, la Presidenta no pasaba un buen día. - Parece haber un problema con la sumisa Hill- dijo Margaret con un tono más alegre del que quería admitir. Eilé la miró con el ceño fruncido, había pasado una semana entera intentando conservar la poca cordura que le había quedado luego de intimar tan a fondo con la sirena de ojos violetas que parecía tenerla poseída, ¡Por Dios santo! No había logrado ni te

