Sentí mis ojos comenzar a picar, sabía que estaba a punto de llorar, me comenzaba a fallar la respiración, mis ojos giraron hacia Evans, él tenía la cabeza gacha pero podía ver una pequeña sonrisa mientras sus amigotes se reían de lo que había hecho Leonardo.
Eres perfecta Eclipse.
¿A caso Evans les había contado a sus amigos como me dejé tocar en la cocina? Confiaba tanto en él que me parecía imposible.
¿Por qué no me defiendes Evans?
Solté la bandeja sin importarme que cayera con un estridente sonido al suelo y le di una sonora bofetada a Leonardo tan fuerte que sentí mis dedos doler, su rostro giró un poco pareciendo adolorido mientras un ensordecedor silencio invadía el comedor, me eché hacia atrás sin poder creer lo que había acabado de hacer y salí del comedor lo más rápido que pude antes de que alguien dijera algo, las lágrimas se escurrieron de mis ojos en el momento que entré al baño y me encerré en un cubículo.
¿Qué había acabado de pasar? No sabía qué pensar.
No sé por qué me dolía el pecho, los amigotes de Evans sabían que me gustaba él, pensar en que se hubiera burlado de mí, que me vieran poco atractiva, que hablara de mi cuerpo sin forma, todo comenzó a aglomerarse y me daban solo más ganas de llorar, es decir, sabía que no era tan atractiva con mi ropa grande y mi falta de experiencia en el maquillaje, pero creí por un momento que le interesaba a Evans.
Quemaba, me dolía, como si me hubieran acuchillado el pecho y no hubiera sangrado, lo de anoche no fue importante, el habernos conocido fue un mundo para mí y algo insignificante para él.
Que idiota había sido.
—Sal de ahí Eclipse —escuché la voz de Emma del otro lado de la puerta—, ¿enserio vas a darle tanta importancia a ese idiota que no lo merece? Sabes que Leonardo es solo un patán sin cerebro.
Ahí estaba la voz de la razón, todos sabían que Leonardo era un completo brabucón idiota, pero no estaba de humor, solo quería morir en mi miseria porque me sentía estúpida y humillada.
—Evans fui incapaz de decir algo —murmuré.
—Obviamente Eclipse —continuó Emma—, ¿Qué esperabas? ¿Qué Evans se enamoraría de ti, te defendería y te propondría matrimonio? Esos tipos son unos superficiales y no les importa nada más que ellos mismos.
Giré los ojos y solté un suspiro, no esperaba eso, pero ilusamente creí que yo podría gustarle.
—Es que no lo entiendes —dije finalmente—, ni nunca podrás entender qué se siente no ser lo suficiente como para gustarle al chico que es dueño de tus pensamientos...
Silencio.
Me pregunté por un momento si Emma se había ido cansada de escuchar el drama que estaba formando, pero finalmente escuché que dijo:
—Eclipse —su voz había aparecido como un susurro apenas perceptible, casi inexistente—, maldición, ¿Qué es esto?
Un mal presentimiento me erizó la piel y me estremeció la espalda, Emma se escuchaba realmente conmocionada y muy pocas veces algo la dejaba sin aliento.
Salí del cubículo y quedé frente a ella, Emma tenía el teléfono en la mano, cuando su rostro se alzó y sus ojos vieron los míos, pude notar una rara mezcla de emociones, como si no me reconociera.
—Dime que no eres tú.
Sintiendo una fuerte presión en el pecho, le arrebaté el teléfono de las manos y observé la pantalla del celular, me quedé sin aliento, algo se revolvió en mi estómago y me dieron unas fuertes nauseas, tenía la necesidad de caer al suelo pero no podía moverme, estaba congelada.
Mis fotos.
Las fotos que les había enviado a Evans estaban públicas en f*******:, Leonardo las había subido hacía solo unos segundos con un simple título que decía:
“¿Hombre o mujer? Supongo que Trans.”
Miles de pensamientos cruzaron por mi mente, ¿Cómo Leonardo había obtenido esas fotos? Era imposible, de seguro le había quitado el teléfono a Evans, mis manos temblaban, me afinqué de una pared y comencé a leer los comentarios, la gente había comenzado una especie de votación donde ponían “hombre” o “mujer” como si fuera un concurso.
—No... —mi voz salió como un susurro cuando vi que uno de los primeros en comentar había sido Evans diciendo:
Evans Damon: Estoy muy seguro que es un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer... ¿o tal vez una mujer en cuerpo de hombre?
Su comentario tenía muchos “me divierte” y cada segundo se anexaban más comentarios. Algo se partió dentro de mi pecho, creo que había sido mi corazón, mis manos y mis piernas perdieron la fuerza y caí al suelo comenzando a llorar ahora de forma descontrolada, no entendía como era que había confiado en él tan ciegamente.
¿Por qué hice algo tan estúpido? ¿Por qué? ¡¿Por qué?!
Eres perfecta Eclipse.
Mentiroso, Evans era un mentiroso.
—Calma Eclipse, ¿Pero qué es esto? —Dijo Emma—, Vamos a llegar hasta el fondo, voy a demandar a quién hizo este montaje y lo meteremos preso por intento de difamación, esto se puede considerar como pornografía infantil...
Ella siguió hablando pero eso solo me hacía sentir peor, así que la agarré por la muñeca con fuerza y dije:
—Soy yo —susurré tan bajo que creo que Emma no llegó a escucharme porque su rostro fue una mezcla de reacciones— esa soy yo...
Mi voz se ahogó y comencé a llorar otra vez, Emma se mantuvo por un momento en silencio hasta que finalmente dijo:
—¿Qué? No creo eso de ti Eclipse.
—Evans me las pidió —dije con voz entrecortada—, creí que yo le gustaba, no entiendo...
—No te creo Eclipse —dijo Emma aun incrédula—. Maldición Eclipse, ¿por qué hiciste algo tan estúpido? De seguro sabía que estabas boba por él y se aprovechó de eso.
Me sequé el rostro pero las lágrimas no dejaban de salir, creí que yo era especial para él como él lo era para mí, pero fue en ese momento donde mi corazón estaba completamente roto que me di cuenta que me había ilusionado completamente sola.
—Esto va a afectarte, maldición —dijo Emma aumentando el tono de voz hasta casi gritar—. Ahora toda la escuela cree que eres una puta, ¿era lo que querías? ¿Qué se burlaran de ti?
Mordí mi labio inferior, ya me sentía lo suficientemente mal como para seguir escuchándola, solo quería desaparecer, acabar con esta pesadilla. Me levanté del suelo y miré a Emma, sus ojos estaban irritados y parecía apunto de golpearme.
—Cállate, no necesito que me digas lo que ya sé —dije conmocionada—, solo cállate.
—Si ya lo sabías ¿por qué lo hiciste? —Dijo aun en tono alterado— ¿por qué no me lo habías dicho?
—No debo decirte lo que hago todo el tiempo —dije igualando su tono alterado—, además, sabía que si te lo decía te pondrías así de lunática como siempre.
Solo vi el reflejo de su mano cuando me dio una bofetada que me pinchó la mejilla, cerré los ojos sintiendo solo el cosquilleo que le dio paso al dolor, ella jamás me había abofeteado, creo que jamás habíamos peleado de esta manera.
—Eres una estúpida que no sabe lo que hace —concluyó con su voz llena de decepción.
Ya lo sé.
Coloqué una mano sobre mi mejilla donde me había golpeado y fijé mis ojos en ella sintiendo el enojo invadirme por completo.
—No necesito esto —dije—, no tengo por qué aguantarte.
Salí del baño dispuesta a irme a mi casa como alma que lleva el diablo, mis ojos otra vez comenzaron a derramar lágrimas y un fuerte estruendo se escuchó en el ambiente, probablemente llovería, para este día horrible, era lo último que faltaba. Observé a algunas personas del pasillo mirarme sin disimulo y varias cuchichearon entre sí riéndose entre ellas, aceleré mis pasos, me sentía completamente humillada.
Todos me habían visto, estaba expuesta con todas mis inseguridades, esto parecía una pesadilla.
Iba cruzando la puerta de la salida del instituto cuando vi a lo lejos un hombre que se parecía a Evans, iba del otro lado de la calle en dirección a un terreno baldío, mi mal humor pareció distraerse por un momento.
¿Por qué Evans? ¿Por qué me hiciste esto?
Necesitaba explicaciones, necesitaba que me viera a los ojos y me dijera lo que había ocurrido, ¿acaso lo de anoche en la cocina también fue un juego? ¿Por qué? ¿Acaso se aprovechó de mí porque sabía que estaba boba por él? Dolía pensar en que hubiera jugado conmigo.
Eres perfecta Eclipse.
Comencé a caminar en su dirección intentando acelerar mis pasos para poder alcanzarlo, el rencor en mi pecho se intensificaba, quería explicaciones. Él iba a unos metros más allá de mí, parecía determinado en ir a un sitio en específico, de repente sentí unas frías gotas chocar contra mi cara acompañado de los gruñidos del cielo, joder, lo que faltaba, ahora estaba lloviendo y probablemente caería una tormenta.
Mentira, todo fue mentira.
No me acuerdo en qué momento bajé la acera hacia la calle principal donde los carros transitaban casi veloces a pesar de las advertencias donde pedían mantener una baja velocidad, solo sé que lo último que escuché fue un fuerte pitido que aturdió mis oídos, el sonido de unos cauchos frenando acompañado del olor a cauchos quemados y luego un golpe tan fuerte que mi cuerpo entero se adormeció cuando volé en el aire por el impacto y todo se volvió oscuro cuando mi cabeza chocó contra el suelo.