UN DÍA ESTÁS, EL OTRO QUIÉN SABE La sangre brotó de la herida que le hice con el cuchillo, apenas había tenido que tocar su piel con el filo, mire hacia Santiago y asentí. —Siempre hago un trabajo perfecto —me dijo él levantando las cejas, yo asiento. —No puedo contradecirte — —¿Santiago? —dice ella, levanto la cabeza al escuchar su voz, miro hacia Santiago, él se tensa. —Debiste quedarte donde estabas —le dijo fríamente, ella lo miro y luego a mí. —¿Estás con ella, ahora? —le pregunto, Santiago asintió, ella movió la cabeza—. Ahora ya estoy aquí, no tienes que estar con ella, me di cuenta de que te amaba mucho más de lo que pensé…te perdono por la muerte de mi padre —dice ella, veo un atisbe de esperanza en su mirada. —No necesito tu perdón —dice Santiago encogiéndose de hombros, e

