La sorpresa Hoy por fin Amelia podía irse a su casa, estaba bien, había evolucionado bien, así que Mason, el doctorcito, le había dado el alta, sin claro, repetirle como diez veces que lo llamara si sentía mal. Rode los ojos tantas veces con sus palabras, que de milagro no se quedaron atrás. —Por fin a la casa —dice Amelia suspirando. —Y eso que estuviste casi un día —digo divertido, ella asiente. —Y fue horrible — —Bueno, más nos vale tenerte vigilada para que no tengas que venir más —digo, ella asiente. —Odios los médicos, mi mamá tenía que ver muchos cuando estaba enferma, luego que yo me hice la Diosa, siempre tenían que ir médicos a la casa, Mason era el que siempre iba —dice ella, yo asiento, lo que me ha contado es algo personal que estoy seguro no le ha contado a nadie más y

