Confesiones Cuando llegamos a la casa, los chicos llegaron a saludarme, sus palabras de que se alegraban de que estuviera bien, me marearon, claro, yo agradecía todo, pero aún no estaba completamente recuperada. Les sonreí a todos pero Santiago debe haber visto mi cara, me tomo en brazos y les dijo a todos que yo necesitaba descansar. Santiago me dejo en la cama, yo suspiro. —¿Estás bien? —me pregunta, se sienta a mi lado, lo miro, él me da una pequeña sonrisa y sin quererlo, comienzo a llorar, él se sorprende, incluso yo me sorprendo. No lloraba. Yo no lloraba, nunca. Pero ahora sí estaba llorando, recordándome a fin de cuentas que era un ser humano con sentimientos. Santiago se acerca más a mí y con cuidado me envolvió en sus brazos, colocó una mano en mi cabello y lo acarició.

