BASTIAN. El auto avanza en la noche silenciosa, con las luces de la ciudad parpadeando a través de las ventanas. Elena está sentada junto a mí, con la chaqueta que le puse encima todavía cubriéndole los hombros. Sus piernas cruzadas, su postura tensa pero altiva. Se nota que intenta mantener la compostura, aunque su mente está trabajando rápido. No es tonta. — Ya te había visto antes... o mejor dicho, vi tu auto esta mañana cerca de la escuela. — Mi mirada se desliza lentamente hacia ella. No contesto de inmediato. Tengo los ojos al volante. Si, decidí conducir yo. ¿Y qué si lo vio? ¿Qué más ha notado? ¿Cuánto sabe realmente? No es paranoia. Es precaución. Elena me sostiene la mirada. Está esperando mi respuesta, pero no le daré la que quiere. — Debes estar confundida. — Respondo co

