A Continuación... BASTIAN — Pues, ya lo has hecho. Ahora puedes irte. — Su tono era firme. No temblaba, no se quebraba. Ni siquiera parpadeaba con miedo, aunque acababa de presenciar cómo un tipo intentó algo con ella y cómo mis hombres lo sacaban a rastras. Interesante. Su actitud cambió al estar a solas conmigo. — ¿Así agradeces que te salve el pellejo? — Murmuré, inclinando un poco la cabeza. — No pedí que lo hicieras. — Ahí estaba. Esa respuesta era la que esperaba. Elena no era la típica mujer indefensa que se derrumbaba con facilidad. No. Tenía orgullo, conocía su trabajo y creía que sabía lidiar con todos los hombres. Sonreí, di un paso más. — Entonces, si te hubiera dejado sola, Qué habrías hecho? — Habría salido de esta. Como lo he hecho siempre. — Sus manos ya no temb

