Capítulo 3.

1182 Palabras
Sigamos... La llamada llegó justo cuando Andrés revisaba los últimos reportes que le habían enviado desde Dubái. El nombre de Adriano parpadeó en la pantalla de su teléfono, acompañado de una ligera vibración. — ¿Qué pasó? — Andrés atendió sin rodeos, sabiendo que Adriano no llamaba a menos que hubiera problemas serios. — Hubo un inconveniente. La operación no se llevó a cabo. — La voz de Adriano sonaba tensa, casi molesta. Andrés suspiró, cerrando los informes frente a él. Esto no pintaba bien. — ¿Qué clase de inconveniente? — Estábamos listos. El lugar, un restaurante pequeño, nada del otro mundo. Público, pero manejable. El objetivo llegó como habíamos previsto. Sin embargo, había más gente de la que esperábamos. Estaba desayunando con una mujer, pero lo peor vino después. — Andrés frunció el ceño. — Define "lo peor". — Ivanok llegó con su gente y se plantaron como un escudo. Creo que trabajan juntos, es lo más seguro. — ¿Un escudo? — Andrés apretó el puente de su nariz, frustrado. — Sí, no me preguntes cómo, la alerta llegó e hizo que el tipo se quedara más tiempo en el restaurante, lo suficiente para que Ivanok movilizara a su gente. Cuando llegaron, ya no podíamos hacer nada. Andrés permaneció en silencio un momento, procesando lo que acababa de escuchar. Finalmente, respondió: — Necesito algo más concreto, Adriano. ¿Tienes pruebas, algún registro? — Te envié un video. Las cámaras de seguridad del restaurante lo captaron todo. — Perfecto, lo revisaré. — Andrés cortó la llamada y, con rapidez, accedió al archivo que Adriano había enviado, luego ingresó a la oficina de Bastian sin previo aviso, sabiendo que esto era importante. Su jefe lo miró con un ligero arqueo de ceja, dejando a un lado el vaso de whisky que tenía en la mano. — ¿Qué sucede? — Es sobre el incidente en el restaurante, señor. Hay un video. Es mejor que lo vea usted mismo. — Andrés conectó su dispositivo al monitor frente a ellos y reprodujo el archivo. En la pantalla, las cámaras mostraban al profesor sentado en una mesa, acompañado de una mujer. Bastian observó con calma, aunque su mirada se endureció cuando notó la presencia de hombres de Adriano en el lugar. La tensión en el ambiente era palpable incluso a través del video. Entonces, Ivanok se levantó. Sus movimientos eran calculados, seguros. No parecía alarmado, pero sus ojos eran como un radar, detectando cada rincón del lugar. La manera en que se colocó frente al profesor, casi protegiéndolo, capturó toda la atención de Bastian. Pero entonces... — ¿Quién es ella? — Preguntó con voz grave, sin apartar la mirada de la pantalla. Pregunta que deja fuera de base a Andrés, pues Ivanok es quien genera un problema y su jefe se está fijando en la insignificante mujer que acompaña al profesor. — No tenemos información, señor. Solo sabemos que estaba acompañando al profesor. — Bastian entrecerró los ojos, enfocándose en el rostro de la mujer. No solo era imponente, sino también hermosa, de una belleza cautivadora que no era fácil de ignorar. — Adriano no pudo con esto, ¿Eh? — Su tono era burlón, pero sus pensamientos estaban en otra parte. En ese momento, algo más llamó su atención. Entre los clientes del restaurante, había un hombre que le resultaba familiar. Se inclinó hacia la pantalla, pausando el video. — Espera. Ese tipo... — Bastian señaló con un dedo el rostro del hombre al fondo de la imagen. Andrés se acercó. —¿Lo reconoce? —Claro que lo reconozco. Es uno de los perros de Ivanok. — El tono de Bastian se volvió más oscuro, una mezcla de furia contenida y curiosidad. Sin embargo, su mirada volvió a la mujer. Había algo en ella que lo intrigaba, algo que no podía quitarse de la cabeza. — Quiero saber todo sobre ella. Su nombre, de dónde salió, quién es realmente. — Su orden fue directa, y Andrés asintió. — Me encargaré de inmediato. — Cuando Andrés salió de la oficina, Bastian se quedó mirando la imagen congelada del video, el rostro de la mujer fija en la pantalla. Una diosa, pensó para sí mismo, pero una que había logrado poner su mundo patas arriba en un solo movimiento. Esto apenas comenzaba... ***** ****** ******* ***** Bastian Al ver el video, no solo me llamó la atención el comportamiento del objetivo sino también algo más, algo que no había anticipado. La mujer que lo acompañaba... exquisita, por decir lo menos. No estaba preparado para esa imagen. Me incliné un poco más cerca de la pantalla, mis ojos se clavaron en ella, observando cada detalle. Era imposible no notar la forma en que su presencia iluminaba el restaurante, incluso a través de la pantalla. Su cabello, n***o como la obsidiana, caía en una cascada perfecta, brillante. El tipo de mujer que no pasaría desapercibida en ningún lugar. Su rostro, sereno pero atrayente, tenía una elegancia que se notaba en los pequeños gestos. Sus ojos, grandes y oscuros, parecían contener más de lo que una simple mirada podría revelar, como si estuviera guardando secretos que no se daban a conocer fácilmente. Cada movimiento, cada palabra, estaba cargado de una gracia sutil, casi inalcanzable. Mi primera reacción fue un roce leve en mi mandíbula. No lo pude evitar. Observé la manera en que la mujer se inclinó ligeramente hacia Ignacio, como si intentara consolarlo o, al menos, parecer interesada en lo que él decía, pero sus gestos eran sutilmente distantes, calculados. Había algo en su presencia que me resultaba... intrigante. Y eso, en mí, no pasaba desapercibido. Andrés, que me observaba con la calma habitual, notó mi cambio en la postura, mi mirada fija en la pantalla. Levantó una ceja, pero no dijo nada. Era evidente que él sabía que la situación había dado un giro. — ¿La has identificado? — Le pregunté sin apartar la vista del video. Aunque el rostro de la mujer me era desconocido, había algo en ella que me decía que no sería fácil de ignorar. Andrés asintió con firmeza, sacando su teléfono para hacer una búsqueda rápida. Su silencio mientras lo hacía dejaba claro que ya estaba pensando en las implicaciones. — La mujer se llama Elena — Respondió, mirando la pantalla de su teléfono mientras tipeaba rápidamente. — Es una de las profesoras de la escuela donde trabaja el objetivo, bastante conocida por su... imagen impecable. — Una sonrisa apenas perceptible cruzó mi rostro. Elena. El nombre resonaba en mi mente, y aunque no tenía toda la información aún, la idea de que ella estuviera asociada con Ignacio me hacía sentir aún más curioso. Algo me decía que esta mujer tenía mucho más que ofrecer de lo que su apariencia dejaba entrever. Me recosté en la silla, cruzando los brazos mientras observaba el resto del video. No iba a subestimarla. No, no con esa clase de presencia. Y definitivamente, no con esa capacidad de mantenerme tan cautivo con una simple mirada. 《Donde la he visto antes》
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