Capítulo 4.

1093 Palabras
Bastian — Investigala. — La respuesta de Andrés fue rápida, como siempre. Me miró por un momento, luego se giró hacia su teléfono para hacer una búsqueda más profunda sobre Elena. Su habilidad para obtener información nunca me había fallado, y esta vez no sería diferente. — Dame unos minutos. — Me dijo, ya metido en la tarea. Se retiró unos pasos, asegurándose de que yo estuviera cómodo mientras avanzaba en su investigación. No era difícil para él rastrear detalles sobre alguien, sobre todo si esa persona tenía alguna conexión con una figura como Ignacio. Eso sin mencionar que teníamos un amigo en una empresa de tecnología, un socio indispensable para mis negocios, pues me gusta tener el control, estar informado y siempre preparado. Unos minutos después, Andrés regresó a mi oficina con un aire ligeramente distinto, algo entre ansioso y curioso. Sabía que había encontrado algo importante, pero también que el tono con el que lo presentaría lo diría todo. — Aquí tienes. — Dijo mientras me tendía una hoja con información detallada. Elena Fernández. Tiene 29 años, profesora en el instituto desde hace tres años. Sin familia conocida, al menos públicamente. Vive sola, es un perfil muy limpio en r************* , aunque su presencia digital no es tan amplia. Lo interesante es que parece tener una reputación muy cuidada, tanto personal como profesional. Se la conoce por su dedicación, por su físico, claro, pero también por su estilo y su forma de moverse en ciertos círculos... nada demasiado obvio, pero sí tiene su influencia. — Me detuve un momento, leyendo entre líneas mientras Andrés continuaba. — Su estatus económico es bastante modesto. Su sueldo como profesora no es nada del otro mundo, pero hace un buen trabajo manteniendo una vida equilibrada. Se cuida mucho, tiene una rutina estricta, no solo de ejercicio, sino también en su cuidado personal. Siempre está impecable, y su apariencia, aunque parece superficial, en realidad está muy calculada. Y, algo que nos debe preocupar, Bastian, es que tiene un pequeño círculo de amigos que podrían estar mucho más involucrados en asuntos delicados de lo que parece. Ningún vínculo directo con nosotros, pero su conexión con Ignacio… se puede interpretar como que no es solo profesional o eso parece, teniendo en cuenta esos amigos en su red social. — Solté un suspiro, más que nada por la revelación que me dejaba pensando. Elena no era solo una profesora más, ni un simple interés de Ignacio. Había algo detrás de ella, algo que no podía dejar de lado. Esa mujer no era solo una belleza cautivadora; había algo más, algo que Andrés había captado y que él mismo sabía que merecía nuestra atención. — ¿Qué opinas? — Pregunté, mirando a Andrés, que estaba tan metido en la información como yo. No le dije nada sobre lo que pensaba de Elena aún, pero sentía que algo se estaba formando en su mente. Andrés guardó su teléfono y me miró con calma, como si todo esto fuera parte de su trabajo cotidiano, pero con una ligera sombra de cautela en su voz. — Creo que es alguien que no debemos dejar pasar. Si está cerca de Ignacio, es por una razón. Y, dado lo que vimos en el video, no es una relación meramente profesional. Podría ser clave en lo que se viene, y tenerla cerca podría ser... útil. Pero, como siempre, la cautela será esencial. — Me quedé en silencio por un momento, meditando sobre sus palabras. Elena era un misterio, un rompecabezas por resolver, pero por ahora, lo más sensato era mantener la distancia y observarla con más atención. — Perfecto. Mantén el seguimiento. — Dije, dejando claro que no iba a subestimarla, pero tampoco a apresurarme. Había algo en esa mujer que me decía que podía ser más que una simple pieza en este juego. Andrés asintió con rapidez, comprendiendo perfectamente lo que debía hacer. Sin decir nada más, salió de la oficina, dejando el aire cargado de incertidumbre. Algo me decía que Elena iba a ser un factor clave, y no podía permitirme perder la oportunidad de descubrir qué papel jugaba realmente en todo esto. 《Espero que no tenga nada que ver, seria un desperdicio.》 Con la imagen de esa mujer aún fresca en mi mente, traté de retomar mi rutina, pero era imposible ignorarla. Una belleza como esa no se cruza todos los días. Una diosa. No había otra forma de describirla. Su elegancia, esa sonrisa que parecía esconder un mundo de secretos, y la forma en que sus ojos oscuros podían dejarte congelado... Era el tipo de mujer que, con solo entrar en una habitación, capturaba la atención sin pedir permiso. Mientras revisaba los informes en mi escritorio, notaba que mi mente divagaba constantemente hacia ella. Era absurdo, casi irritante. Yo no era de los que se distraían, y menos por una mujer que ni siquiera conocía realmente. Pero Elena… Elena era distinta. Había algo en ella que no podía sacarme de la cabeza. Intenté justificar mi distracción. Quizás era solo curiosidad, un interés pasajero que desaparecería con el tiempo. Después de todo, no había nada en mi vida que no pudiera controlar. Pero, cuanto más intentaba racionalizarlo, más claro me quedaba que ella ya estaba instalada en algún rincón de mi mente, sin siquiera intentarlo. Era perfecta. No solo físicamente, aunque su apariencia era innegable: ese cabello n***o como la noche, su piel impecable, el cuerpo tonificado que hablaba de disciplina y cuidado. No, había algo más. Una energía que irradiaba, una presencia que no se podía ignorar. Y lo peor de todo, lo sabía. Podía verlo en cómo caminaba, en cómo movía la cabeza al hablar. Sabía el efecto que tenía en los demás, pero no lo usaba de manera obvia. Apoyé los codos en el escritorio, cruzando las manos frente a mí mientras mi mirada se perdía en la ventana. Una sonrisa casi imperceptible cruzó mi rostro. 《Hermosa... Una diosa》 Me repetí en silencio. Y aunque tenía mucho por hacer, no podía negar que ella había dejado su huella, aún sin haber cruzado palabras conmigo. No sabía si volvería a cruzarme con Elena, pero lo que sí sabía era que, en este juego, nadie entraba en mi radar sin motivo. Si ella se había ganado mi atención, de una u otra forma, iba a descubrir qué significaba. Con esa certeza, dejé a un lado las distracciones y volví a mi trabajo. Pero no podía negar que, de ahora en adelante, mi rutina tenía un nuevo elemento: ella.
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