Elena Despierto y, por un instante, no recuerdo dónde estoy. El techo alto, las cortinas gruesas, la cama enorme y mullida... Nada es mío. Nada en esta casa me pertenece. Me incorporo lentamente, con el cuerpo todavía sensible por la noche anterior. Por él. Un escalofrío me recorre la espalda y me abrazo a mí misma, como si pudiera protegerme de lo que siento. No. No voy a pensar en eso. Me enfoco en lo que realmente importa: salir de aquí. Ya lo intenté. Varias veces. En la mañana, después de que él se fue, probé la puerta principal. Cerrada. Con llave. Probé las ventanas. Selladas. Revisé cada posible salida, cada rincón de esta maldita mansión, y siempre me topé con lo mismo: barreras. Rey, el hombre que Bastian dejó aquí, me sigue con la mirada cada vez que me muevo. No me toca

