SIGAMOS... Bastian deslizó una mano por la espalda de Elena, sintiendo la suavidad de la tela y el calor de su piel bajo la seda. Su otra mano descansó en su muslo, ejerciendo una leve presión, asegurándose de que no se apartara. Cerró los ojos por un instante, inhalando su aroma, dejando que su respiración tranquila lo envolviera. Elena no dijo nada. No necesitaba hacerlo. Se quedó ahí, enredada en él, con su rostro oculto en el hueco de su cuello. Bastian sintió su aliento cálido contra su piel, una sensación que lo estremeció más de lo que esperaba. — No deberías estar aquí. — Murmuró, pero su voz carecía de firmeza. — No quiero estar en otro lugar. — Susurró ella, sin moverse. Bastian apoyó la barbilla en su cabeza, dejando que su mano subiera por su espalda en una caricia lenta,

