Narra el autor... La tarde estaba hermosa en los campos de Provenza, Francia. El sol comenzaba a teñir el cielo de tonos dorados y naranjas mientras una ligera brisa mecía los campos de lavanda, llenando el aire con su aroma inconfundible. En la amplia terraza de una majestuosa casa de piedra, con arcos antiguos y ventanales grandes, una mujer elegante tomaba su té con tranquilidad. Madame Élodie Beaumont, una dama de presencia imponente y sofisticada, mantenía siempre una postura impecable. Sus ojos azul acero reflejaban inteligencia y determinación, mientras que su cabello, aún con destellos dorados a pesar del paso de los años, caía en un moño perfectamente recogido. A su lado, su hija Lara se acomodaba en un sillón de mimbre acolchado, con una copa de vino en la mano y expresión pen

