Bastian Rey me informó del capricho de Elena. -No comió. Esperaba que eso me hiciera subir a verla, que corriera a calmar su berrinche. No lo hice. No porque no quisiera. Sino porque no podía darme el lujo de demostrarle que tenía poder sobre mí. Si Elena quería jugar, tendría que aprender que yo no era un hombre con el que pudiera hacerlo a su antojo. Tenía asuntos más importantes que atender. La reunión con los rusos era uno de ellos. — Tienes una mujer encerrada en tu casa y ni siquiera la visitas. Eso no es muy caballeroso de tu parte, Bastian. — Opina mi socio luego de escuchar parte de la conversación telefónica que he tenido con Rey. Mijaíl Volkov sonrió con esa arrogancia suya, recostándose en el sillón de cuero mientras sostenía su vaso de vodka. A su lado, su hermana Iri

