Elena Me quedo sin palabras hasta que sacudo mis pensamientos y lo enfrento. No puedo dejar que se dé cuenta de lo hipnótico que es... de lo que provoca en mí con solo verlo. — ¿Qué haces en mi habitación? — Me levanto del sillón. Él sonríe con esa maldita seguridad que me saca de quicio. — Es mi casa. Puedo estar donde quiera. — Rey dijo que soy la señora de esta casa. — Respondo, levantando el mentón. — Y como señora y dueña, digo que no puedes estar donde quieras. Esta es mi habitación. — No me creo ni una sola palabra de lo que acabo de decir. Pero él no tiene por qué saberlo. Detiene lo que hace y voltea hacia mí. Camina con calma, y aunque quiero retroceder, mis pies no responden. Me aterra lo que pueda hacer. O lo que yo pueda sentir. Cuando se acerca lo suficiente, desliza s

