Capítulo 7.

1853 Palabras
—Me gustaría que ustedes dos salgan. —¿Qué? —levanté una ceja, dándole una oportunidad más a la reina de cambiar su opinión. -Lo que escuchaste Erina, deberían ambos salir como pareja -la reina esboza una sonrisa de felicidad absurda. —¿Esta borracha madre? No pienso salir con esta estúpida —dice Levi, mientras cruza sus brazos sobre su pecho. —Y yo no pienso salir con este idiota —dije con mi ceño fruncido. Esta mujer estaba muy loca si creía hacerme cambiar de opinión —¡Vamos! No será tan malo —su tono despreocupado, acompañado de su abanico c***o, no hacen nada más que provocarme una risa burlista, —¡Claro que será malo! Sigo sin aceptar que una tonta como ella sea mi prometida, ósea sólo ¡Mírala! —dijo Levi señalándome y con una mueca de asco en el rostro. —Y yo no aceptó que mi padre me allá comprometido con alguien como él, ósea ¡Sudas desinfectante! —¡No seas exagerada Belrose! —grita, encarándome. —¡Mejor cállate Abrahams! ¡Sabes que estoy en lo cierto! —respondo, golpeando con mi dedo índice su pecho. —¡Frikki! —¡Leviosaaaaa! —¡Deja de llamarme así estúpida! —¡Y tú no me digas Frikki, baboso! La pelea era reñida, ambos teníamos insultos -muy originales— para contrarrestar el que dijera el otro. La reina por otro lado la pasaba haciéndose viento con su abanico y una sonrisa de felicidad inigualable, todo esto mientras observaba el espectáculo que le dedicábamos ambos. —¡Ay! ¡Son el uno para el otro! —le habló la reina al mayordomo que tenía al lado. —¡Claro que no! —gritamos ambos al mismo tiempo — ¡Cállate! ¡No repitas lo que yo digo! —Está acordado, saldrán al Lago Serpentine —anuncia. —¿Qué parte de que no pienso salir con ella aun no entiendes madre? —responde, al borde del colapso. —El señor Eustaches es mejor compañía que este. —¿Me comparas con un gato? —por fruncir tanto el ceño, lo más seguro le van a salir arrugas prematuras. —Es más educado que tu —enfatizo. —Pues... —¡Ya basta! —el tono autoritario de la reina interrumpe las palabras de Levi- Nunca fue una petición, es una orden. Saldrán ambos como futuros herederos de la corona y empiecen a aceptarlo, porque nada cambiara -sus palabras son un ácido que corroe hasta lo más profundo de nuestro ego — Los quiero a los dos a las tres menos cuarto en la entrada principal, si no llegan serán severamente castigados -fue lo último que dijo la reina antes de irse por el pasillo y con el mayordomo detrás de ella. Levi y yo nos volvimos a ver, se podían ver las chispas salir de nuestros ojos. Si tan solo pudiera matarlo lo haría y no me importaría irme con pase VIP al infierno. Habrá valido la pena. —Si llegas tarde, iré yo mismo a traerte del pelo. —Lo mismo digo, Leviosa, Una última mirada y cada uno salió por su lado. La reunión tan importante a la que me obligaron a venir al salón blanco era ¿Para esto? Hubiera sido mejor echar a patadas a la mucama si hubiera tenido noción de que esto pasaría. Entre a mi habitación, cerré la puerta y me tiré a mi cama, era la una de la tarde apenas. Temprano y estaba fresco como para una siesta, los ojos se me empezaron a cerrar. Tenía previsto confabular mi venganza contra Levi, pero ya que salió este inoportuno acontecimiento en el que la pasaría mal, decidí echar mis ideas a la basura y planificar mis malvados planes otro día o quizá en horas de la tarde tenga oportunidades de lograr mi objetivo. . . -¡Abre la puerta Belrose! Me levanté de la cama con pesadez, me rasqué los ojos con el borde de la mano, otra vez el estúpido adicto a la limpieza jodiendome el sueño tan placentero. Me acerqué a la puerta y la abrí, estaba vestido casualmente, lo que era muy raro en él. Ya que llevaba una camisa tipo polo color gris con detalles en naranja, unos jeans negros y tenis a juego, —Interrumpiste con mi siesta. —¿Me ves con cara de que me importa? -responde levantando una ceja. Idiota. —Soñaba contigo. —¡Jajajajajajajaja! —la sonora carcajada se escuchó por todo el palacio- ¿Y qué soñabas de mí? vdijo con ese característico tono burlón. —Pues... —sonreí con satisfacción- Es un secreto —digo, tratando de evitar en lo más posible soltar una risa. —¿Sabes la hora que es? —habla, tratando de evitar el tema anterior. Bien jugado, —¿Dos y media? —digo, después de haber fingido unos minutos de análisis. —No, son las tres y diez. Vamos diez minutos tarde a la cita por tu culpa. —¿Porque tengo yo la culpa? —bostezo. —Si no te hubieras echado una siesta quizá estaríamos en la estúpida cita. —Deja de repetir lo mismo Abrahams —dije entrando a la habitación y abriendo el ropero de par en par. —¿Qué haces? —pregunta, entrando detrás de mí a la habitación. —¿No es lógico? —De seguro buscas tu mantita de bebé. —¡Estoy impresionada! —dije fingiendo emoción — ¡¿Cómo sabías que tenía una?! —No es momento para sarcasmos Belrose —responde, puedo jurar que la vena que se marca en su cien está a punto de explotar. Volteó los ojos, vi como inspecciona cada parte de mi habitación, sobre todo mis videojuegos. Agarró el 3DS y lo abrió. Yo por otro lado buscaba una blusa en específico, y por fin la encontré. Una blusa holgada color verde, sencilla Me quite la que tenía puesta y me la cambie por mi tan amada blusa. Después busqué cualquier jeans y me lo puse, y por último mis hermosos Converse desgastados. —¿Tenías que cambiarte aquí? Podías haberme dicho que saliera. -dice, giro mi rostro por sobre encima de mi hombro, lo encaro. —¿Crees que me importa que me veas semidesnuda? No te creas tan especial -suelto una pequeña risa —¿Ya estás lista? -habla, evitando mirarme en lo más posible. —Sí, no pienso maquillarme sería una pérdida de tiempo -enfatizo. Da un suspiro de cansancio y se masajea el tabique. Tratando de buscar paz donde no la hay. —Vámonos, mi madre debe estar hecha una furia. —Bien bien —me acerqué a mi mesita de noche y tomé mi celular y los audífonos. Yo salí primero de la habitación y el detrás de mí cerrando la puerta. Caminamos en silencio hasta la gran puerta, los mayordomos abrieron dejándonos el paso libre al jardín, en la entrada nos esperaban cinco guardaespaldas, el jardín estaba lleno de turistas los cuales se acercaron como abejas a la miel a donde estábamos el estúpido y yo. Los gigantescos hombres los frenaron de inmediato, los flashes de cámaras me cegaban por algunos segundos, los gritos y murmullos inundaban el lugar quitándole la paz que tenía hace unos minutos. —Estúpida prensa -escuche decir a Levi entre dientes —Rápido, no quiero que tomen más fotos y menos contigo —por primera vez en mi vida estaba de acuerdo con algo el señor desinfectante, Empezamos a caminar en dirección a la limusina que nos esperaba en el gran portón, los hombres vestidos de n***o hacían su trabajo, corrían a la gente sin embargo algunos lograban o tocarnos el cabello o nos alaban la ropa. Otros con más suerte nos lograban agarrar las manos o los brazos. A duras penas llegamos a la limusina color blanco, entramos y pusimos seguro lo más rápido que podíamos. La gente se empezó a amontonar al rededor del auto de lujo, golpeaban los vidrios que gracias a Dios eran a prueba de balas. Escuchamos como alguien se subía al techo y empezaba a golpearlo. —¿Podría arrancar por favor? — dijo Levi totalmente impaciente. —Si señor... —contestó el conductor. Encendió el motor y poco a poco salimos de la multitud. —Esto es un fastidio. Yo permanecí todo el recorrido en silencio, revisaba mi celular de vez en cuando o mi mirada estaba pegada a la ventana. Y en ese lapso de tiempo mi venganza se fue armando poco a poco. Levi era un tema diferente. Él iba sumergido en un estúpido libro -como siempre - sus ojos grises no se separaban de las hojas. —¿Qué lees? —me digne a preguntar con total interés. —Un clásico. —¿Es bueno? —digo, tratando de leer las líneas que mis ojos alcanzan a ver. —Mucho —responde, cortante. —Oh —exclamo. Vuelvo mi vista nuevamente a lo que hay detrás de la ventana. No tengo idea de porque me digno a preguntar, si de todas formas me va a contestar de la manera más hostil posible, El chico dio un suspiro de cansancio, cerró el libro y lo puso a un lado. —Trata sobre Elizabeth y el Señor Darcy. Elizabeth es una chica muy excéntrica y no obedece las reglas, en cambio el Señor Darcy es un hombre muy educado. —Polos opuestos. —Exacto —no intercambiamos más palabras en el transcurso del viaje, él estaba en su mundo y yo en el mío. Llegamos al Lago, bajamos de la limusina y con nosotros los guardaespaldas. La gente se nos quedaba viendo, por suerte la gente no era tan animada como en el jardín. Algunos se acercaban a pedirnos una foto, yo gustosa se las daba, Levi por otro lado disimula olímpicamente su enojo e incomodes aceptando con una sonrisa, que por más que lo intentara, lo que se formaba era una mueca deforme. —Quiero ir a la galería de arte —menciona, una vez termina de fotografiarse con una chica. —Y yo a darle de comer a los patos en el lago. —Hay muchos en el Palacio.Vamos a la galería —dice, tomándome de la muñeca, arrastrándome con él. —Yo quiero ir a ver los patos —digo, tratando de poner resistencia, otra vez estábamos igual. —De verdad Erina, no quiero ir al lago —dijo masajeándose el tabique y desviando su mirada, —¡Pero yo sí quiero ir! —exclamo. —De verdad, no ando con ganas de pelear —dijo volteando el rostro y cruzando los brazos. Evita en lo más posible encararme. —Si no quieres que siga peleando, vamos al lago —amenazo. Me planto, cruzo los brazos sobre mi pecho y lo encaro. Lograría ir al lago cueste lo que me cueste. —Erina, de verdad. No quiero ir. —¿Y porque no quieres ir? —dije levantando una ceja irónica. Suelta un suspiro de cansancio. Su paciencia se agotó hace mucho, sin embargo, sus ganas de pelear se esfumaron. Tanto así que habla con tanta calma que se me hace casi imposible pensar que es el en realidad. —¿Me dejarás de molestar si voy? —Si... —Está bien —suspira nuevamente y empezó a caminar. Caminamos al muelle donde tenían los botes color azul. Subimos ambos y nos sentamos. Levi se remendó las mangas de la camisa y tomo los remos y empezó a hacer su trabajo. Mientras tanto yo pensaba en disimular las ganas de mirar fijamente sus brazos. Era tan tentativo mirar sus músculos contraerse y relajarse, cosa que hace que sus venas se marquen y se vea... Deseable. —Aquí está bien —dijo dejando de remar justo en el medio de la laguna. Perfecto, mi plan iba perfectamente bien. No como pensaba que lo aria, pero si iba bien. —Quiero tu lugar. —¿Cómo por qué? —responde, levantando una ceja. —De tu lado hay más patos —mentira. Levi empezó a ver a los lados, pasó una mano por su rostro fastidiado. Inhala y exhala, tratando de buscar el ultimo gramo de paciencia que le queda, —Bien -ambos nos pusimos de pie — Espera... —dijo cuando sintió el bote tambalearse. Alza la mirada... Se veía temeroso. Sonreí mentalmente. Una idea vino a mi cabeza como un flash, mi venganza estaba planeada eh iniciada. —¿Que esperé qué...? —me moví un poco más. —Erina esto se va a dar... Una sonrisa de victoria apareció en mi rostro. —Dulce venganza — hice un movimiento brusco y el bote se dio vuelta. #LeccionDeVida. Antes de ir a un lago, recuerda analizar si esa persona desea mojarte.
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