Capítulo 8.

1775 Palabras
—¡Príncipe Levi! ¡Señorita Erina! —gritaron alarmados los guardaespaldas. Yo nadé hasta la superficie, saqué la cabeza del agua y tomé una bocanada de aire. —¡Ja vez Abrahams! ¡Si quieres guerra, guerra tendrás! —grite victoriosa. Pasaron unos segundos y Levi no salía del agua. —¡Señorita Erina, el príncipe Levi no sabe nadar! —gritó uno de los guardaespaldas. Me alarme, mi corazón espezo a latir descontroladamente. La desesperación me invade, mi mente empieza a tratarme como una basura ¿Cómo se me ocurría hacer una estupidez como esta? Entre nuevamente al agua. ¿Esta era la razón por la que no quería ir al lago? Debí haberle hecho caso, no meterlo a la fuerza... Por más odio que le tuviera. Me sumergí más, lo logré ver, tenía los ojos fuertemente cerrados y hacia varios intentos errados de nadar. Me acerqué todo lo que pude y lo agarré de la muñeca. Después empecé a subir a la superficie. Cuando salimos, los guardaespaldas inmediatamente fueron a socorrernos. Levi está inconsciente, no respiraba, empecé a presionarle el pecho. ¡Pero el agua no salía! Estuve así por unos segundos, y me di cuenta de que el agua no era expulsada de su cuerpo como debería de pasar, y entonces llegué a la conclusión de que tendría que darle respiración boca a boca. Iba a vomitar, eso era de seguro, pero por más odio que le tuviera no lo iba a dejar morir y además también debía salvar mi trasero de la furia de mi padre y la reina. Le tapé la nariz con los dedos, y nerviosa uní mis labios con los de él. Empecé a darle respiración boca a boca. Levi tosió y el agua salió. Me separé inmediatamente de su cuerpo, empecé a escupir, el simple hecho de que lo había besado y tenía sus babas en mi boca me provocaba náuseas. —¡¿Qué diablos sucedió?! —gritó alarmado. Su mirada se fue directamente hacia mí, su ceño se frunció mucho más y su cara se empezó a poner roja— ¡Es tu culpa Belrose! —¡Se dice gracias idiota! —¿Estas jodida de la cabeza? ¡Intentaste ahogarme, eres una inmadura Belrose! —¡Mira quién habla Abrahams! ¡Tú eres el inmaduro, si no hubiera sido por lo que me hiciste en mi habitación nada de esto hubiera sucedido! —¡Si tu no hubieras estado cantando como una foca pariendo no te hubiera echado espuma para afeitar! —¿Dijiste que cantó como una foca pariendo? ¡De esta si no te salvas Leviosa! Inundada por la furia, me le tiré encima, me senté en su torso y agarré el cuello de su camisa empapada, empecé a agitarlo. Levi daba quejidos, sus manos sostenían mis muñecas fuertemente, tratando de safar mi agarre, pero la ira de que fuera tan poco orgulloso para agradecerme que le salve el pellejo -aunque también intenté ahogarlo-y eso era lo que más provocaba que mi sangre hirviera. —¡Te voy a matar Leviosa! v¡Que no me digas así! —¡Leviosaaaaa! —¡Hija de Umbridge! —¡Jamás irás a Howarts! —¡Aborto de Voldemort! Sentí como mi cintura era rodeada por los brazos de un guardaespaldas. Me separaron de Levi, yo mandaba puñetazos y patadas a todos lados y nunca logre zafarme y con el aborto de mono era exactamente lo mismo. Los guardaespaldas nos cargaron hasta la limusina, nos sentamos cada uno en una esquina de los asientos, con el gran espacio del medio vacío. El camino al palacio fue muy silencioso. Ambos teníamos las miradas pegadas en la ventana, los brazos cruzados y el ceño tan fruncido que, gracias a esto, lo más seguro nos saldrían arrugas prematuras. Cuando llegamos al castillo ambos entramos y cada uno se fue por su lado. Llegué a mi habitación, abrí la puerta y la a***e fuertemente. Agarre una almohada y ahogue un grito, empecé a golpearla, como si fuera la culpable de mis desgracias. Una vez, me desquite lo suficiente, mi mente me empieza a bombardear con pensamientos hirientes. ¿Porque tuve que hacerlo? ¿Porque tuve que comportarme así? Esta no era yo. Me estaba dejando llevar por mis emociones y en consecuencia, cometía locuras de las cuales me arrepiento de mil formas. ¿Qué tal si no hubiera respirado? ¿Qué hubiera pasado si no lo salvó a tiempo? ¿Qué hubiera sucedido si no hubiera cometido tal estupidez? —Esto es una mierda. . . —¿Señorita Erina? —escuche al otro lado de la puerta. —Pase. La mucama entró, y su cara de asombro no me extrañaba. Estaba más echa mierda, más que de costumbre, las ojeras que tenía eran inmensas gracias a que no logré pegar el ojo en toda la noche. Todo eso, por echarme basura yo misma. —Deja de mirarme. —¡Lo siento! —dio una pequeña reverencia. —¿Que se te ofrece? —La reina Giselle la solicita. Está en su despacho. —En un momento voy. La chica dio otra reverencia y se fue. Me sentía muy cansada como para ver a esa señora. Quería dormir, pero lo más seguro es que se vendría Troya sobre mí. Tomaría una rápida ducha para despertarme para ir a donde la vieja. Me senté en el borde de la cama, me estiré y emprendí camino al baño. Puse el agua de la ducha lo más fría que podía y entre. Ya una vez fresca y despierta decidí vestirme, me puse leggins, una blusa sencilla y tenis. Ya una vez cómoda salí de mi habitación rumbo a el despacho. Mi cabeza iba a estallar. Aunque no había ruido, la luz me molestaba. Y no sólo eso, sino que entre más me acercaba al despacho de esa mujer, mi mente me iba torturando cada vez más. Cuando llegué, di un hondo respiro. Estuve a punto de tocar la puerta, pero centímetros antes, mi mano se detuvo. Me maldigo mentalmente, muerdo mi labio inferior, después de unos cuantos segundos, toco la puerta. —Pasa Erina... —escuchar esa voz hace que un escalofrío me recorra todo el cuerpo. Obedecí, giré la manilla y entre. Levi estaba sentado en uno de los sillones al frente del escritorio de la reina, el otro asiento vacío era probablemente para mí. Me senté apenada, temerosa.... Indefensa. Porque los ojos de la reina me miran con desaprobación, con ira, pero más que todo... Decepción. Y eso de sobre manera, es lo que más me afecta. Porque yo misma se lo que hice, se que estuvo mal, sé que soy un asco de persona por comportarme tan inmediatamente. Miro de reojo a Levi, tenía la mandíbula apretada al igual que los puños. Su cuerpo estaba tenso y su mirada desviada, tanto de la reina como de mí. Y verlo así, sólo hace que me sienta peor. —Necesito una explicación de esto. Dijo poniendo un periódico al frente de los dos. En el encabezado y como noticia principal estaba:   Serpentine. ¡Gran actuación! >>   —¿Que tienen que decir sobre esto? —su severidad hace que me sienta vulnerable. Cruza sus brazos sobre su pecho eh inminentemente su autoridad aumenta. —Perdón, nos comportamos como inmaduros -responde Levi, con un tono de voz seco. —Exacto Levi, se comportaron como un par de inmaduros. Me avergonzaron tanto a mi como al presidente Belrose. ¡Esto es noticia mundial! ¡El simple hecho que se sepa que ustedes dos son como perros y gatos afecta nuestra relación con otras naciones! —grita, golpeando enfurecida su escritorio. Ninguno de los dos dice nada, la reina estaba en la completa razón. Éramos como agua y aceite, Levi era muy educado, guapo y un orgullo, yo por otro lado soy una estúpida que odia los tacones y el maquillaje, avergüenza a su padre de mil formas y en igual de estar llevando prestigio a su país pierde el tiempo peleando con un zopenco. ¿Qué clase de persona soy en realidad? —Tendré que hablar con la prensa sobre todo esto. Tratar de remediar, aunque sea un poco el daño —dijo masajeándose el tabique- ¿Tiene alguna cosa que decir? —Yo... —quiero remediar las cosas, no quiero sentirme como la basura que soy. Pero titubeo, y detesto eso de mí, la falta de valentía que siempre hace que me ahogue en mi odio propio. —Tomaré los cargos de esto y trataré de llevarme bien con Erina. Aunque lo veo muy poco probable —dijo Levi interrumpiéndome. Encara a la reina. Esta lo mira con frialdad, sus ojos se achinan buscando un rastro de mentira o chiste en las palabras de Levi. Pero, unos segundos después de analizar la propuesta del príncipe, sus ojos azules se posan en mí. Y es aquí, cuando siento que mi voz se va a quebrar de la peor manera, humillándome más de lo que ya lo ah echo. —Perfecto, ¿Y tú Erina? ¿Qué piensas hacer? —levanta una ceja. —Tratar... —titubeo— De reparar el daño, y soportar lo que me resta de mi vida a Levi. —Excelente, arréglense. La prensa los espera afuera. La reina nos dedicó una última mirada y se fue, dejándonos a los dos solos. —Te odio Leviosa. —El sentimiento es mutuo Frikki. Chasqueo mi lengua en señal de fastidio. No podía dejar las cosas así. —Yo lo siento -mis palabras salen sin permiso. Me maldigo mentalmente. Levi suelta una risa irónica, pasa una mano por su cabello, desordenándolo. Gira su cabeza por sobre encima de su hombro y esa mirada que tanto odio me provoca aparece. Me mira como un chiste, como si fuera lo más gracioso que ha visto en su vida. Y el hecho de que me mire de esa forma, de que mis palabras hayan sido pronunciadas sin mi maldito permiso y más que todo, su sonrisa de medio lado, irónica, egocéntrica sólo hacen que mi sangre hierva.  —¿Estas dejando tu orgullo de lado para pedirme disculpas?  —Lo hago porque solo esta vez me parece realmente necesario. —¿Eso es compromiso o verdadero sentimiento? Titubeo, ¿Que sentía en realidad? Si tan solo mi corazón no estuviera echo un mar de emociones, tendría la respuesta a esa pregunta. Pero no, lo único que hago es sumergirme en mis pensamientos, no le respondo. Y al paso de los minutos, su sonrisa burlista aumenta. —Ya no importa Erina, fue un error. Todos los cometemos, nadie es perfecto-su respuesta me sorprende- Ya lo que sucedió dejémoslo en el pasado. Se pone de pie, acomoda su ropa y me mira. Posa su mano en mi cabeza, y justo en ese momento, es cuando mis emociones más se arremolinan en mi pecho, formando un caos. El corazón me palpita a mil por hora. Mi sangre sube a mis pómulos y la tensión que surge en mi cuerpo, solo hace que piense en una sola cosa ¿Porque algo tan simple como esto, me provoca tantas sensaciones? —Vamos, tenemos que irnos —quita su mano de mi cabeza, me dedica una última mirada y se va del salón. Y es aquí, cuando me doy cuenta de que el noto todo. De que tiene conocimiento sobre mi influencia en mí, en que detalles tan simples como acercarse, mirarme a los ojos o tan siquiera tocar mi cabeza, hacían que el nerviosismo abarcara cada fibra de mi cuerpo y eso solo hacía que me sintiera peor conmigo misma. #LeccionDeVida. No enojar a la reina Giselle... Puede terminar en desastre.
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