—¡Erina! —los gritos de mi padre a todo volumen se escuchan en cada rincón de la casa blanca.
La sonrisa burlona que tenía en mi rostro no desaparecía. ¡Era la broma perfecta! Y lo mejor es que él se la tragó.
—¡Erina! —grita nuevamente, mi sonrisa se agranda.
Seguí corriendo por los pasillos, el mármol que conformaba el piso resbala un poco pero no era nada. Paré en donde había dos columnas, me escondo detrás de una esperando que mi padre no me encontrará; sudaba mucho y el pelo lo tenía desarreglado, no me importaba.
Ser una dama no era lo mío, no me gustaba el maquillaje ni la ropa ajustada, los tacones los odiaba al a igual, que me hicieran peinados extravagantes. Pero, ser la hija del presidente de Francia conlleva todo eso y más, sin embargo, ese estereotipo no se aplicaba en mí, solamente lo vestía así cuando tenía sesiones de fotografía, entrevistas oh tenía alguna reunión política, apartando esos tres hechos yo era como un hombre en cuerpo de mujer.
Ser una dama era lo que menos me importaba en este mundo, pero para mi padre, el presidente Edouard que fuera femenina lo era todo. Trataba de muchas formas de que me viera arreglada, pero mis disposiciones a seguir sus reglas no existen
Mi padre creía que yo era el símbolo de belleza del país, era la hija de presidente, tenía que estar a la moda y sobresalir. Pero eso eran puras tonterías según mi punto de vista, ¡Deberían encontrar otra cara bonita! Porque esa no sería yo.
Vi acercarse a mi padre por el pasillo, me di la vuelta. Iba a empezar a correr, pero choqué con un cuerpo robusto, caí al suelo sentada y levanté mi vista. Sonreí nerviosa, había un gran oficial al frente, tenía la mirada puesta en mí y los brazos cruzados.
—¿Qué tienes que decir con respecto a esto? Jovencita —la gruesa voz de mi padre a mi espalda provoca que un escalofrió me pase por la espalda.
Hice mi cabeza hacia atrás y no podría creer lo que veían mis ojos azules, estalle en risas, me sostenía el estómago y golpeaba el suelo con el puño. Hace mucho tiempo no reía así.
—¿De qué te ríes? ¿Sabes que estas en problemas? No le veo lo gracioso.
—¿No te has visto al espejo? —dije casi sin voz, la risa no me dejaba hablar.
Ver a mi padre con su cabello n***o y barba la cual, mantenía en perfectas condiciones, ambos llenos de pintura verde fluorescente. Su traje entero -que por cierto era muy caro- estaba igualmente manchado, también sus zapatos y parte de su rostro. Lo vi suspirar, trataba de controlar su ira.
—Deberías dejar de reír Erina, tu castigo se está agrandado por esto —la risa por más que lo intentará no cesaba, los minutos empezó a detenerse, limpié las lágrimas de mis ojos y entre risillas me puse de pie.
—Te vez guapo de verde.
.
.
No podía ser tan malo, tres semanas sin mis consolas no debería ser la gran cosa... ¡A quien estoy engañando! Moriré si no juego con mi PlayStation 4, era el amor de mi vida.
Los videojuegos, son mi pasión además de los deportes los cuales practicó muy seguido. Me gusta el judo y la natación, l fútbol americano y el basquetbol, odio el ballet y el pin pon sin embargo amo el tenis.
Doy bostezo, me tiré a mi cama que estaba, anteriormente, perfectamente acomodada. Me di vuelta en el edredón quedando boca abajo. No tenía mucho que hacer en la casa blanca, no tenía amigos y tampoco los necesitaba, se sentía bien la soledad según mi punto de vista. Vi como un bulto peludo subía a su cama, se estiró y empezó a caminar con rumbo a mi rostro.
—¿Qué tal señor Eustaches? Tuviste buena noche verdad.
Sonreí, mi gato -la mejor compañía que tengo en este lugar- era una hermosa bola de pelo color gris cenizo, gordo y lucidor de un collar celeste con una campanita que colgaba de su cuello, el cual también tenía una placa con su nombre y dirección de la casa si se llegaba a perder, pero lo que más lo caracterizaba era su cara de pocos amigos, combinado con que movía la cola con distinción y caminaba elegantemente, lo hacían destacar como un felino de la realeza.
Sin nada que hacer, más que observar mi estancia a los minutos me doy cuenta de que estaba extrañamente ordenada, porque generalmente, era un desastre. Las paredes blancas no estaban manchadas de comida, no había cajas de pizza y gaseosas tiradas en el mármol. El sillón color crema no estaba manchado de jugo, los cuadros estaban perfectamente acomodados al igual que los perfumes, cremas y maquillaje que estaban en el tocador de madera de roble, tal vez el ropero estaba como lo deje; mi vista se centraba el techo, era de madera y tenía colgando una lámpara en forma de candelabro, era de color dorado con detalles en plateado y una que otra piedra preciosa.
Acarició la cabeza del señor Eustaches, verlo dormir, no hace nada más que inundar mi cabeza con la idea de que una siesta de cinco minutos no le hace malo a nadie. Cierro los ojos y justo cuando estaba a punto de dormir, escucho como tocaban la puerta, me los tallo con el dorso de mi mano y volví a bostezar, trato de ignorarlo, pero la persona detrás de la estructura de madera era realmente insistente, giré mi rostro con fastidio y hablé.
—Pase —entra una chica de la limpieza, se veía un poco tímida. Mi ceño se frunce.
—Señorita, su padre la solicita en el comedor, llegaron políticos importantes, una conferencia con el presidente Belrose, se solicita su presencia de inmediato.
—Dile que no iré. No quiero tener nada que ver con esos viejos con barba.
—El señor presidente... —traga fuerte, como si estuviera pensando en si sería correcto completar la oración— Dijo que si no bajaba le iba a aumentar el castigo.
Sentí como el miedo me inundaba ¿Mi padre estaba jugando verdad? Pasé una mano por mi larga cabellera castaña oscura, tendría que ir, mis videojuegos dependían de ello.
—Dile que ya bajo.
—Claro, avisaré a la maquilladora y la chica de vestuario.
—¿Qué? Por supuesto que no. Puedo vestirme sola, no es necesario.
—Lo siento señorita, es un evento importante —cierra los ojos con fuerza, su cuerpo se tensa- Es esencial que este presentable, hay mucha gente de alta posición social, debe estar correctamente vestida para cumplir las expectativas de los políticos.
Puse mis ojos en blanco. Esta chica era muy terca, pero no la juzgo; es su trabajo.
—Bien, que pasen —dije haciendo un ademán con mi mano. La chica hizo una leve reverencia y salió de la habitación. Y tan rápido como ella se fue aparecieron las otras dos.
Me puse de pie, me senté en la silla que estaba por mi tocador, mi cara de pocos amigos era irremediablemente indisimulable, planeaba tener una tarde agradable, quería ver Netflix, dormir y comer comida grasosa y, estas dos tipas, mi padre y los hombres que el país tiene por diputados, me arruinaron mi tarde perfecta.
—Que sea rápido, no tengo tiempo —no disimulo en lo absoluto mi molestia.
Ambas chicas asienten, la rubia teñida tomo el maquillaje de mi tocador, era mucho y no sabía para que sirviera más de la mitad de esas cosas del demonio. Me empezó a maquillar, pasaba la base por mi rostro con una esponja, después aplicó polvos, rubor y contorno, me pusieron rímel y me arreglaron mis cejas, maquillaron mis parpados y me pusieron labial, también agregaron otro montón de cosas que no se para que se usa y tampoco me interesa. Después de que terminó con mi rostro pasó con mi cabello, me lo cepilló, quitado todos los nudos. Me empezó a peinar; ¿Qué me estaba haciendo? Ni idea, pero dolía... Y mucho. Me jalaba los mechones de cabello y los sostenía con pasadores y ligas. Era una especie de moño combinado con trenzas, muy excéntrico.
—Esta lista —hablo la rubia.
Di un suspiro de cansancio. Me fijé en el espejo y la expresión de desagrado que tenía en el rostro aumentó.
—Me veo como un payaso.
Tener tanta cosa en la cara hacía que me pícara el rostro y sentía que la piel de mi cabeza se iba a desprender de mi cráneo por el peinado que a mi parecer era muy feo, nuevamente especificaré, no sé qué me hizo en la cabeza.
—¡Claro que no señorita! ¡Está hermosa! Y se va a ver mejor con el vestido —dice la joven de cabello n***o, buscando en el closet un vestido.
Respire hondo... Trato de tranquilizarme, sólo son unas chicas que cumplen su trabajo.
La chica, se me acerco con un vestido rojo ajustado al cuerpo, llegaba hasta la altura de las rodillas tenía un gran escote, se pegaba a mi anatomía y me daba figura, la verdad no tengo idea de cómo me pude poner eso, después de todo, tantas frituras y chatarra se hacen notar.
—No... Respiro —me sentía muy incómoda con esto encima.
—Se acostumbrará señorita —la chica peli negra agrandó su sonrisa— Se ve muy bien y se verá mucho mejor con estos tacones -dijo mostrando unas plataformas color crema de boca de pescado, tenían unas cuantas perlitas y el material era gamuza.
—¡Plataformas! ¡Estas jodiendo verdad! —levanto una ceja, exasperada.
—Oh, claro que no señorita. Las plataformas son necesarias para el conjunto. Se verá mucho más femenina, toda una dama.
¡Eso era lo que menos quería! No me interesa ser una dama. Abrí la boca para negarme, en eso recordé a mi querido Play 4 y se me pasó. Mordí la parte interior de mi mejilla, me quedaría callada; mi consola favorita estaba en juego.
Me pusieron las plataformas. Me sentía horrible, me acerqué al espejo. Ugh, me veía... Femenina. Escuchamos la puerta ser tocada, grité el permiso para entrar y aparece aquella sirvienta insistente.
—El señor presidente pregunta si ya está preparada.
Las mujeres del demonio asienten, con una sonrisa de lado a lado. ¿Tanta felicidad les provoca verme como un embutido?
—Pueden retirarse, dile a mi padre que bajo en un momento.
Las tres mujeres dieron una leve reverencia y se abandonan la estancia. Me volví a ver espejo, esta no era yo, esta era la chica que la sociedad quería que fuera; a mí me gustaba la ropa holgada y las VANS, el cabello desordenado y libre de maquillaje.
Mordí mi labio inferior, di un hondo respiro y traté de calmarme. Decidí salir de la habitación, pase por el pasillo y baje las escaleras en forma de paréntesis que comunica con la segunda planta. Camine hasta la cocina, había muchos comensales, gente muy importante de la política francesa. Los lados de la gran mesa rectangular están ocupados mientras uno de los extremos, estaba sentado mi padre, el otro era mi lugar. Había la vajilla que aún no tenía comida y las copas estaban llenas de vino o vodka, la comida estaba en el centro de la mesa de abeto y había un gran mantel color rojo con bordes dorados, todo el mundo conversaba, provocando ruido, pero al darse cuenta de mi presencia, el sonido empezó a disminuir hasta hacerse nulo. Todos de inmediato se pusieron de pie a excepción de mi padre.
—¡Oh ya estás aquí Erina! —dice mi padre alegre— Toma asiento la cena va a empezar.
Obedecí, cuando me senté todos imitaron mi acción; cada persona me empezó a saludar, yo les respondía el gesto por cortesía no era porque quería, todos eran unos corruptos que en igual de pensar en el bien de Francia pensaban en ellos mismos y sus ganancias.
Las camareras empezaron a servir la comida. Eran carnes, verduras, ensaladas... Los minutos pasaron, todos hablaban de política y economía, yo, por otro lado, estaba concentrada en mi trozo carne, moría por devorarlo con los dedos, pero por educación tenía que comerlo con cuchillo y tenedor.
Se una dama al menos en las reuniones
Era la frase que mi padre señor presidente repetía todos los días.
Escuché como mi progenitor golpeó una copa con una cuchara y el tintineo hizo que todo el mudo hiciera silencio. En ese mismo instante llegó una camarera con una bandeja de plata y en ella había una carta, la mujer se acercó a mi padre y el tomo el sobre, movió levemente su cabeza y la chica se retiró.
—Como todos sabemos, nos anexaremos con el Reino Unido, nos están ofreciendo una gran propuesta que se nos hace difícil rechazar —dijo mientras abría el sobre- Nuestra economía subiría y tomaríamos un puesto más alto como Gobierno. Claro, para hacer nuestra anexión lo más válida posible ellos pusieron una condición si se le pude llamar así.
—¿Y que es esa condición señor presidente? —habló uno de los pelones feos.
—Pues es algo que aún no les puedo revelar ya que aún no está confirmado en su totalidad. Gracias a ello Erina y yo tendremos un viaje al Reino Unido, ya que es un tema en el que el que ella es mencionada a igual—gira su rostro hacia mí, me dedica una sonrisa-Cumplirás un papel importante en nuestro ascenso al poder.
¿Me están jodiendo? ¿En qué tipo de política, embrollo o acuerdo me van a meter?
—¿Podría explicarme mejor? Señor presidente —dije aparentando educación.
—Mira Erina me encantaría explicarlo con lujo de detalles, sin embargo, la reina Giselle quiere decírtelo personalmente -una sonrisa se formó en su rostro, mi padre estaba extrañamente feliz... Muy feliz.
—¿Cuándo vamos a ir al Reino Unido?
—Pues en dos días. Así que ve haciendo tu maleta.
Levante una ceja en señal de no creérmelo. Mi padre a pesar de la broma de la mañana estaba alegre, y eso según mi punto de vista era extraño, el presidente Eduoard era un hombre muy serio y esa felicidad daba miedo.
Di un suspiro de cansancio. No tenía más remedio que aceptar.
—Bien.
—Estando esto aclarado prosigamos con los siguientes temas...
Y de ahí en adelante era política, economía, campañas, ideologías, progresos... En fin, era mucha cosa que no entendía. Pero lo que si sabía perfectamente era que esto de la anexión no me beneficiaría en nada o ¿Tal vez sí?
#LeccionDeVida.
Erina odia a las rubias teñidas.