Después de la intromisión de Levi a mi habitación, mis hermosas cajas de pizza decorativas y las manchas de gaseosa desaparecieron de las paredes. Mi habitación estaba limpia... Otra vez.
Ahora estaba en el gimnasio, necesitaba bajar las calorías que gane comiendo la deliciosa comida chatarra. Hacia pesas, sentadillas, correr en máquina, abdominales... Y más cosas que me enseñaba un instructor privado. Estaba a punto de irme, pero sin querer choque con el cuerpo de un chico.
— ¡Ay! —exclamé, me hice un poquito hace a atrás —Dis... Culpa —el aire se me fue por un momento.
—Tranquila no hay problema.
No puedo dejar de mirar las dos esmeraldas que posee por ojos, me miran como si fuera lo más interesante que han visto. Expresan una calidez inigualable, que hace juego completo con la sonrisa tierna que surca sus labios. Sus fracciones suaves, sin signo de antipatía, orgullo, egocentrismo... Hacen un complemento perfecto con su piel pálida y un cabello hermoso, pero si soy sincera, no puedo distinguir de qué color es, porque lo único que mis ojos captan es una combinación perfecta entre cabellos rubios, castaños y pelirrojos. Sin embargo, lo que nunca iba a lograr superar de este chico, era su abdomen perfectamente trabajado, el cual podía admirar gracias a que estaba sin camisa.
—Oh... Tú debes ser Erina.
¿Este sexy ojos esmeralda sabía mi nombre?
—Si...
—¡Entonces eres la...!
—Cállate.
Volteo, y los pensamientos indecorosos empiezan a inundar mi mente. Levi, sin camisa, mostrando su torso con total orgullo. El cabello lo tenía mojado, algunos mechones se pegaban a su rostro, las gotas de sudor bajaban por su cien, otras surcaban sus abdominales y todo ello complementado, lo hacían verse como un Dios griego.
—Jajaja —La risa del chico de ojos verdes me saca de mi trance, volviéndome a la realidad- ¿Entonces no creo que te importe si la invito a salir?
—¿Qué comes que adivinas? —responde, con un tono lleno de ironía y frialdad.
—Bien pues ya escuchaste ¿Tienes algo que hacer en la tarde?
Levante una ceja, no conocimos hace unos cinco minutos y él ya me está invitando a salir. Y lo mejor de todo es que no sé quién es y tampoco se su nombre, pero si soy sincera, me interesa de sobremanera saber el nombre de creación tan hermosa echa por las manos divinas de Dios.
—¿Cómo te llamas? —digo, tratando de no sonar nerviosa.
—¡Oh disculpa mi atrevimiento! Mi nombre es Lucas V Moore, soy el Príncipe de Escocia ¿Ahora si saldrás conmigo? -su sonrisa se agrandó.
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Estaba al frente de mi armario. Lucas y yo acordamos salir a Londres, así el me enseñaría todo y conocería lo que será mi futuro reino. Pasé una mano por mi cabello, ¿En verdad saldría con un chico tan lindo? Pensé seriamente en ponerme vestido, pero esa voz en mi cabeza me decía que debía ser yo misma, si le agradaba la verdadera Erina significaría que no me invita a salir para algo más.
Abrí mi ropero, decidí unos jeans color azul, una camisa de cuadros azules y rojos de manga larga, unas Nike negras y una boina a juego. Me puse mi reloj y dejé mi cabello suelto con ondulaciones, no tenía ni una sola gota de maquillaje y olía bien. Tomé mi celular y bajé las escaleras a la entrada principal. Cuando estaba a punto de salir.
—Te ves tan femenina —su sarcasmo me pudría.
—No es tu problema adicto a la limpieza —dije volteando mi rostro.
El estúpido estaba apoyado en una columna con los brazos cruzados, su mirada era irónica y una leve curva adornaba su boca. Levi se rio, le hacía gracia molestarme. Se lamió los labios con la lengua y una sonrisa burlista adorno sus labios.
—Que te valla bien —la ironía surca cada una de sus palabras
Arrugue mi ceño y lo fulmine con la mirada. En verdad me hacía enojar de sobremanera ¿Por qué mierda le gustaba tanto meterse en mi vida privada?
—Púdrete Abrahams.
—Lo mismo digo Belrose.
No contesté, me acerque a la puerta y los mayordomos me abrieron dejándome salir al jardín, busque con la mirada la fuente y me encontré con un solitario Lucas que jugaba con su celular. Estaba sentado en el borde de la fuente y completamente concentrado en el juego. Me acerqué y me senté a su lado, mi mirada se pegó al teléfono, jugaba Candy Crush. Levante una ceja, pensé que sería algo más serio, pero no. Justo cuando ganó el nivel sus ojos agarraron brillo y levantó los brazos en señal de victoria.
—¡Por fin lo logre!
Yo reí, parecía un niño de cinco años cuando le dan un juguete nuevo.
—Felicidades —dije con una sonrisa.
—¿Sabes cuánto tarde en completar este nivel? —moví mi cabeza de un lado a otro— ¡Un mes! ¡Un jodido mes! —dijo mientras me miraba divertido
No evito esbozar una sonrisa. Este chico reflejaba tanta inocencia que lo volvía más tierno de lo que ya era. Una vez se dio cuenta de lo que hacía, avergonzado se rasco la nuca. Un leve sonrojo apareció en sus mejillas.
—Disculpa, me dejé llevar por la emoción —sus mejillas se ponen rosadas.
—No te preocupes por eso —dije mientras me acomodaba la boina nuevamente.
Lucas vestía con ropa ¿Casual? Si se le podía llamar así a una camisa de vestir color blanco y con las mangas hasta los codos, unos jeans de tela suave color n***o, zapatillas negras. Usaba en su mano derecha un reloj caro y el olor a perfume masculino inundaba cada parte de mí.
—Tengo un día excelente preparado, me las arregle para que no nos enviaran ningún guardaespaldas -me dedica una sonrisa— Bien ¿Nos vamos ya?
—Claro —dije poniéndome de pie.
Ambos caminamos hasta salir del jardín, afuera nos esperaba un mayordomo con un carro a sus espaldas. Ambos entramos al vehículo.
—¿A dónde quieres ir? —pregunta, con un interés realmente sorprendente.
Titubeo por un momento. Hay tantos lugares hermosos en este país, que se me hace casi imposible saber a dónde quiero ir. Sin embargo, una vez repasando cada lugar mentalmente, me digno a hablar.
—Pues me gustaría visitar el Big Ben.
—¡Gran lugar! Excelente elección —su sonrisa provoca mil sensaciones en mi- Llévanos al Big Ben —pide con amabilidad al chofer.
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El lugar era hermoso, más por el lago que se encuentra tan cerca del atractivo turístico. El lugar era moderno y a la vez daba aires contemporáneos. El reloj era exactamente igual a como se veía en las fotos... Tal vez era hasta mejor. La sonrisa que surcaba mi rostro no tenía comparación, visitar este lugar era uno de mis sueños y ahora se está volviendo realidad.
—Es hermoso...
—Y a media noche cuando suena el gong... lo es más -sonríe.
Podría decir que, si Londres me parecía un lugar hermoso, ahora era mejor. Visitar el Zoologico, Shakespeare's Globe Theatre, el Big Ben... Cada lugar hacia que mi perspectiva cambiara completamente
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—Deben estar cenando ya —dije desinteresada, una vez llegamos al palacio.
—Es lo más seguro —contestó Lucas encogiéndose de hombros— Te tengo una pregunta.
Lo miro incrédula, y después de unos minutos decido responder.
—Claro... ¿Qué sucede? —muerde su labio inferior, piensa sus palabras y posteriormente se dedica a hablar.
—¿Estas enterada de que Levi esta...? —No pudo continuar la oración, ya que escuchamos unas risas que venían del interior de comedor.
El mayordomo abrió la puerta y lo primero que vimos fue a la reina Giselle sonriente, había una chica de cabello rizado, soltaba risillas y Levi estaba al lado de la chica... Riendo. El sonido de la puerta al ser abierta calló las risas y las miradas de los tres se posaron sobre nosotros. La reina Giselle agrando su sonrisa, mientras nos saludaba con la mano. Levi puso una cara de pocos amigos y la chica cambio su semblante risueño a uno de asombro y enojo.
—Disculpe reina Giselle, pero... —dijo la chica— ¿Quién es la plebeya que esta con Lucas? —eso ultimo lo dijo con veneno.
—Es Erina. ¡Pasa Erina! —ante las palabras de la reina la cara de asombro de la chica aumento.
—Perdón por la interrupción —menciona Lucas cordialmente. El chico me agarró de la mano y me dio un leve apretón. Me soltó y ambos entramos al lugar, me senté en la silla que está al frente de Levi y Lucas a mi lado.
—¿Cómo te fue Erina? ¿Te pareció un lugar bonito Londres?
—Claro cómo no, es hermoso.
—Me alegro de que te allá gustado.
Sonreí, mi mirada se enfocó en los dos del frente, la que de ahora en adelante llamaré plástica, usaba un vestido color vino, tacones y... Mucho maquillaje. Aunque debo admitir que tenía un cabello hermoso, tan n***o y rizado que lo hacía ver como la noche, acentuado por una piel caramelizada y ojos color miel.
Levi por su parte vestía similar a Lucas, y la reina tan elegante como siempre.
—¡Ay! Se me olvidó presentarte —dijo desinteresada la mujer— Ella es Camille II Grahams, la princesa de Irlanda del norte.
La chica me fulmino con la mirada, yo gustosa se la devolví.
—Disculpe reina Giselle pero quien es... Ella —dijo la plástica con desprecio en el tono de voz.
—Pues es Erina Belrose, hija del presidente de Francia, Edouard Belsore y prometida de Levi —la sonrisa de la reina no hace mejor la situación.
La chica me miró de arriba hacia abajo, sus ojos solo reflejaban el desprecio y odio que me tenía. Y no la culpo, el sentimiento es completamente mutuo.
—Es un gusto —dijo con hipocresía. Me gustaría corresponderle, pero sé que, si lo hago, lo más seguro terminare mandándola a la mierda.
—¡Bien! ¡Que empiece la cena! —dice la reina, tratando de disimular la tensión del momento.
Empezaron a llegar los camareros con comida. La cena fue muy incómoda, la plástica conversaba alegremente con el adicto a la limpieza, le acariciaba el brazo, sonreían con cada estupidez que diga el otro...
Yo por otro lado, trate de no ponerles mucha atención. Y para lograrlo, mi atención se centró completamente en Lucas, con quien mantuve una conversación amena, sus ideas, ocurrencias, ideales y filosofías me parecían interesantes y emocionantes. Una vez termino la cena, ambos nos fuimos a mi habitación. Los videojuegos en esta ocasión eran la mejor opción de distracción.
—Al fin y al cabo ¿Quién era esa estúpida? —pregunto, mientras le disparaba a uno de los jugadores en el Call of Duty.
—Pues esa tonta es la chica de la que está enamorado Levi -responde con despreocupación.
—¿No jodas es en serio? —digo, sin creérmelo ¿Ese bobo tiene sentimientos?
—¡Claro! Lleva enamorado de ella desde tenía trece años —su tono lo hace sonar de la forma más obvia posible.
—¿Ahora tiene?
—Veinte.
—Quien lo diría ¿Tanto tiempo se puede permanecer enamorado de una persona?
—Quizá de la persona equivocada.
—¿Porque lo dices? -mi interés aumenta.
—Pues digamos que Camille no es la mejor princesa, es como decirlo -titubea, pensando bien sus palabras— ¿Muy interesada? Sus padres y ella siembre han sido ambiciosos, quieren el trono principal.
—¿Dices que Camille juega con Levi para obtener el trono principal? —levanto una ceja, las personas así lo mas que me provocaban era asco.
—Sólo son supersticiones, ¡Oh mierda! —eso ultimo lo exclamó al ver que había perdido.
—Perdedor.
Me mira de mala forma entonces como forma de venganza me movió el control, gracias a ello perdí. Se puso de pie y camino despreocupado hasta la puerta de mi habitación. Una sonrisa malévola apareció en su rostro.
—La venganza es dulce querida —es lo último que dice antes de cerrar la puerta detrás de él.
Puse los ojos en blanco, estaba empezando a odiar a Lucas. Era tan BadBoy pero Levi le ganaba, él no era BadBoy si no un completo hijo de...Me tiré a mi cama y me abracé a mi almohada, estaba a punto de caer en los brazos de Morfeo si no hubiera sido por un grito que se escuchó por todo el Palacio.
—¡Atrápenlo! ¡Dejará pelo en todos lados! —eran gritos desesperados y lo mejor de todo es que eran del estúpido de Levi.
Decidí ponerme de pie, abrir la puerta y salir de mi habitación. Bajé las escaleras hasta el pasillo principal y vi a muchos mayordomos y a Levi tratando de agarrar al ¡Señor Eustache! La reina estaba parada detrás de Levi sosteniéndose el estómago gracias a la risa. Uno de los empleados le hacía viento con un abanico c***o y la plástica estaba en una esquina aterrorizada, daba gritos como si no tuviera nada mejor que hacer, Lucas por otro lado tenía una mano sobre su boca tratando de calmar las risas.
—¡Atrapen a ese maldito gato! —la desesperación abarcaba cada parte de su cuerpo.
—¡Príncipe, pero...!
—¡Llenará todo el Castillo de pelos!
Decidí intervenir, me agaché y le hice el sonido típico con el que se llama a un gato.
—¡Señor Eustaches! —el animal giro su rostro y me vio. Pasó entre las piernas de Levi y los mayordomos hasta que llegó a mis brazos. Lo agarre y lo abrace muy fuerte, extrañaba a mi consejero personal.
—¡Esa cosa debe irse del palacio! —grita Levi, acercándose a mi amenazadoramente.
Sus fosas nasales se agrandan y se encogen, tenía el ceño fruncido, la cara muy roja gracias al enojo y los puños cerrados. Su mirada destilada odio y tenía la mandíbula apretada. Verlo así de enfurecido me provocaba una satisfacción inigualable.
—Vete tu si quieres, idiota— dije mientras le acariciaba la cabeza al gato, estaba muy loco si creía que enviaría a mi mascota de vuelta a Francia. Él era mi única compañía en este apestoso lugar.
—¡Madre! —grito tratando de que la reina solucionará el problema. La mujer rubia se limpiaba las lágrimas que salían de sus ojos gracias a la risa. Cuando por fin se calmó habló:
—El gato se queda.
—¡¿Cómo?! -grita alarmado Abrahams.
—Ese gato hizo que riera como nunca lo había hecho en años.
—¡Pero reina! Ese... —piensa sus palabras, sin embargo, hace una mueca de asco y desaprobación— Animal, es un apestoso, lleno de bacterias.
Levante una ceja y no aguante a soltar una carcajada muy sonora por el comentario de la plástica. Me sostenía el estómago y con una mano limpiaba mis lágrimas, ya una vez calmada pronuncie palabra.
—Lo siento, pero este animal es más limpio que tú —respondo con veneno.
—¿Cómo osas decir eso? —dijo alterado Levi.
—Es la realidad zopenco.
—Ese bicho suelta... Pelo y es sucio —No evito poner los ojos en blanco. Estuve a punto de abrir la boca, pero la reina me interrumpió.
—Lo siento Erina —el tono de voz de la reina Giselle suena más que todo a ironía-Por la ignorancia de Levi y la princesa Camille —momento... ¿Dijo lo que acabó de escuchar? —El señor... ¿Eustaches? —dijo dudosa- Puede quedarse, hacen falta mascotas en este lugar —una gran sonrisa se formó en sus labios— Y ustedes dos, acostúmbrense y tengan un poco de sentido del humor, amargados —lo último lo dijo cuándo se iba a retirar, pasando al frente de los dos y haciéndose viento con el abanico.
#LeccionDeVida
Levi odia a los gatos