Estaba lista, les enseñaría que tipo de princesa sería.
Bajé las escaleras lo más rápido que pude. Logre ver a un mayordomo acomodando unas cosas. Decidí acercarme y preguntar el lugar donde estaban las dos figuras políticas.
—Oh, pues el presidente Belrose se encuentra en la oficina de la reina Giselle.
Le agradecí al hombre y me fui corriendo al despacho. Cuando llegue al lugar -el cual tarde bastante en encontrar- me acerque a la puerta. Pegué mi oído a la estructura de madera y puse atención. Logre escuchar un poco.
—¿En verdad crees que sea buena idea Edouard? Ellos son muy opuestos.
—Aprenderán a llevarse bien Giselle.
—Terminarán matándose mutuamente —la reina rie ante su propio comentario, en el cual yo estaba de acuerdo.
—Puede ser, pero los polos opuestos se atraen —esas cosas solo se aplican en la física, no en la vida real ¿Qué la gente no lo comprende?
—El problema sería que estos dos sean tan opuestos que...
—Si eso llegará a pasar no se podrían casar. Para dirigir un reino se necesita compatibilidad entre ambos reyes. Un reino gobernado por líderes con problemas sería fatal.
—No le hagas muchas vueltas al asunto. Aprenderán a llevarse bien.
Después de eso empezaron a hablar mucha mierda que no me interesaba.
Me separe de la puerta, pegue mi espalda a la pared mientras uno de mis pies sostenía todo mi peso y el otro estaba doblado levemente. Acerqué mi pulgar a mi boca y empecé a pensar, estuve así unos dos minutos hasta que se me prendió el bombillo.
¡Demostraría que el principito irresistiblemente sexy y ella son tan incompatibles que no seríamos capaces de llevarnos bien por ningún medio y por lo tanto no seríamos capaces de dirigir este estúpido reino! ¡Era la idea perfecta!
—¿Qué estás haciendo aquí? —hablando del rey de Roma.
—Nada que a ti te interese.
—No me hablé en ese tono. Más bien la pregunta es ¿Porque estas vestida así? —dice, con los brazos cruzados sobre su pecho y con una ceja alzada.
—Oh, porque me gusta este tipo de ropa —trato de sonar lo más casual que puedo.
Deberías ser una dama, vestir así no es digno de la hija del Presidente de Francia.
Levante una ceja irónica, ¿La estaba jodiendo verdad? ¿Un idiota me dice cómo debía como vestirme? ¡Que se joda!
—¿Me vas a decir que tú eres un caballero? —una sonrisa burlesca y socarrona surca mis labios.
—Lo soy —responde con total orgullo — Visto y me comporto como uno.
—Vieras que no parece —digo, mientras me sacaba la tierra de mis uñas, de la forma as despreocupada posible
El niñito frunció mucho más el ceño.
—Estúpida.
—¿Quieres guerra idiota?
—¿Puedes dar guerra? Señorita amarguras.
—¡Putain, qu'est-ce qu'il est con! —dije empezando a lanzar insultos en francés. Lo iba a insultar en un idioma por el que rezó que no entienda.
—¿Qué dijiste?
Punto para Erina, encontré algo con lo que podría fastidiarlo el resto de mi estadía en este lugar.
—C'est un vrai fils de pute!
—¡Que hables en algo que entienda!
Te está diciendo que eres un hijo de puta.
Mierda... Mi padre y la reina nos veían a ambos con desaprobación. Lo único que logro hacer es dar una sonrisa torcida... Temerosa. Muerdo mi labio inferior en signo de nerviosismo, se me vino Troya encima.
Mientras tanto, Levi mantenía su ceño fruncido. No despegaba su mirada de los ojos de su madre, desafiante y autoritario. Esto se volvió una guerra de miradas entre la realeza.
—Necesitamos hablar jovencita.
Mi padre me tomo de la mano y nos fuimos a un lugar apartado del idiota y la reina. Hablamos todo en francés para que no entendieran.
-El idioma que se habla aquí si fuera en tiempo real en la novela sería ingles británico, Erina y el presidente hablan francés, así que imaginen que el siguiente diálogo es hablado en francés a pesar de estar escrito en español -
—¡Compórtate Erina! —hablo mi padre furioso.
—¿Cómo quieres que me comporte con un idiota como ese?
—Es tu prometido. Deberías, aunque sea tratar de llevarte bien con él.
Fruncí más el ceño, giré mi cabeza por sobre mi hombro. Lo vi conversando con la reina que al igual que mi padre lo reprendía. Volví mi mirada hacia mi progenitor y mi expresión de enfado aumento.
—Me niego a tener una buena relación con él.
—Pues tendrás que hacerlo. Debes estar por enterada que te quedarás en este lugar permanentemente, como futura reina que serás debes convivir con tu marido.
¡¿Lo dice en serio?! ¡Llamó a ese bastardo mi marido!
—¿Papá te drogaste? -dije alzando una ceja.
—No estoy para juegos Erina. Acepta la realidad, tu futuro estaba planeado desde antes que supimos que vendrías al mundo.
—Papá me estas arruinando la vida.
Quiero llorar, quiero gritarle todo lo que me estoy guardando. Pero por alguna razón, su autoridad puede más que mi rebeldía.
—Ser la hija de un presidente tiene sus consecuencias.
—Nunca pedí nacer en una familia de políticos.
—Lo siento Erina, pero no cambiaremos de opinión, ni la reina ni yo.
Las lágrimas empezaron a bajar por mis mejillas, no era por tristeza sino por enojo. Verlo así, con su semblante neutro, como si hiciera caso omiso al daño que me causa su poco interés acerca de mi opinión, acerca de que no puedo escoger de qué manera quiero vivir mi vida.
—Te odio...
Sentí como una parte de mí se quebraba, y por el hecho de que no quería humillarme más, me fui a pesar de los gritos que daba mi padre diciendo que aún no había acabado la conversación. Pasé al lado de la reina y de Levi. Les dediqué una mirada de odio y bajé por las escaleras, quería ir al jardín para despejarme.
Pasé por el centro de la planta baja que era el lugar donde llegaban los turistas, hoy por suerte estaba cerrado. Salí por la gran entrada directo al jardín y de ahí a la gigantesca fuente que estaba en medio de los campos verdes con tulipanes. Me acosté en el borde de la fuente y dejé que mi mano cayera y tocará el agua con las yemas de los dedos.
El clima estaba frío, se empezaba a hacer de noche. Pude ver como al horizonte se ocultaba el sol haciendo un degradado entre colores morados, amarillos, rojos y naranjas. Se veía hermoso.
Las lágrimas empezaron a bajar como una cascada incesante, acerqué mi mano a mi rostro y lo tape tratando de ahogar los sollozos.
.
.
Estaba en mi habitación. Eran las siete con treinta minutos y aún no había cenado. No tenía hambre igualmente.
Escuché la puerta ser tocada, di el permiso de entrar y era un mayordomo.
—Señorita Erina, el presidente Edouard la invita a cenar con la reina y el Príncipe Levi.
—Diles que no tengo hambre.
—Pero señorita son órdenes...
—No me interesa, sólo diles que no tengo hambre ¿Tanto cuesta?
—Está bien señorita -dijo eso y se retiró cerrando la puerta suavemente detrás de él.
Di un suspiro profundo. Me acerqué a un mueble de madera pintado de color blanco donde tenía mis consolas. Decidí escoger la Xbox y poner Halo. Tomé el mando y me senté en un puff blanco que había. Empecé a jugar, mis manos manejaban el mando hábilmente. No tenía que ver lo que hacía, mi mirada estaba pegada en la gran pantalla que colgaba de la pared.
Volvieron a tocar la puerta.
—¿Ahora que quieren maldita sea?
Escuche el pomo de la puerta ser girado y después un sonido muy leve, que me daba a entender que ya habían entrado.
—¿Estas seguras que no quieres comer? —esa voz me exaltó, di un brinquito pequeño y moví el arma. No le logre apuntar a el enemigo y este aprovechó y me mató.
Giré mi rostro, la mirada de odio que tenía hacia el estúpido de Levi no tenía comparación. Me puse de pie y lo tome del cuello de la camisa lo obligue a que se encorvara ya que era mucho más baja que él. Lo mire a los ojos, los míos emanaban rencor y mi ceño fruncido adornaba mi frente.
—Si lo mataba, hubiera ganado la partida y hubiera sido premiada con una partida extra. Ese tipo de partidas cuesta mucho conseguirlas, ¡Perdí una oportunidad única!
—¿Crees que eso me interesa? —dijo poniendo una expresión desinteresada.
Apreté la mandíbula. Lo odiaba y mucho. Lo solté bruscamente, me acerqué a mi cama y me senté en el borde. Con mi dedo índice y pulgar me sostenía el tabique mientras mi cabeza estaba viendo al suelo.
—¿Qué quieres?
—¿No vas a comer?
—Ya dije que no tengo hambre.
—No mientas.
—¿Ahora vas a preocuparte por mí?
Sonrió irónico. Pasó una mano por su cabello desordenado y me miro con burla.
—¿Crees que vengo por mi propia voluntad? Estas loca Belrose, mi madre me obligó -dijo poniendo los ojos en blanco— Como soy tu prometido debo preocuparme —dijo haciendo una mueca de asco mientras con sus manos hacia comillas.
—¿Y? ¿Crees que porque la reina te envió voy a comer? Estás loco Abrahams.
Se masajea el tabique, tratando de conservar la poca paciencia que tenía, hizo su cabeza hacia atrás y pasó una mano por su cabello.
—Entren —dijo mientras miraba hacia la puerta.
No entendía lo que pasaba. La puerta fue abierta y entró una mucama con un carrito y en él había un plato con comida, una jarra con fresco y un vaso, había un postre y acompañamientos.
—Retírate por favor —dijo Levi haciéndole un gesto. La chica dio una leve reverencia y se retiró del lugar.
—¿Qué haces? —mi expresión irónica aumentó.
Él estaba sirviendo el refresco en el vaso. Cuando lleno la estructura de vidrio me lo acercó.
—Ya te dije que no pienso comer.
El volvió a voltear los ojos. Dejó el vaso en la mesita. Se empezó a acercar a mí, iba a escapar, pero me tomo de la muñeca, pensaba golpearlo con la otra mano que tenía libre pero antes que la palma tocará su rostro él ya tenía aprisionada mi otra muñeca. Acercó su rostro al mío, nuestras respiraciones están cerca, tanto que ambas se mezclan. Podía ver sus ojos más de cerca, tenían una leve combinación de color azul, casi imperceptible.
En su rostro se formó una sonrisa burlista. El disfrutaba hacerme sentir nerviosa, de un movimiento rápido mis dos muñecas estaban aprisionadas por su mano derecha.
Me sacudí, tratando de soltarme, sin embargo, apretó más su agarre.
—Ssssssh si te mueves, más fuerte voy a apretar.
—Púdrete Abrahams —lo fulmino con la mirada.
Una sonrisa cínica se formó en su rostro. Se separó de mí y acercó la mano que tenía libre al plato con comida, tomó la cuchara que estaba al lado del plato y la llenó de arroz con salsa.
—Di aaaaaah -tal gesto, lo único que me provoca es una risa. Sin embargo, no abrí la boca. Más bien escondí mis labios.
—No causes más problemas Erina —al ver que no cambie el gesto dio un suspiro de cansancio- Será por las malas entonces.
Me miro a los ojos, afilió la mirada y con su mano apretó fuertemente mis muñecas.
—¡Mierda! —solté un quejido, gracias al punzón que sentí en mis muñecas.
Levi aprovechó eso y metió la cuchara en mi boca. Puso el pequeño artefacto de plata rápidamente en la mesita y colocó su mano encima de mi boca evitando que escupiera el alimento.
—Mastica... Erina.
No tenía de otra, empecé a masticar la comida y tragué... Estaba deliciosa.
—Te daré más. No te lastimaré si abres la boca ¿Entendido?
Asentí con la cabeza -aunque estuviera hecha una bomba de tiempo gracias a la ira que recorría cada parte de mi cuerpo- él quitó su mano lentamente.
—Te odio —dije con el ceño fruncido.
—El sentimiento es mutuo —dijo mientras volvía a llenar la cuchara con comida y la acercaba a mi boca.
El término de darme la comida. Recogió las cosas y llamó nuevamente a la mucama para que se llevara todo -la cual llegó al momento- tomó la mesita con ruedas y se la llevo por el pasillo.
—Me largo —dijo frío, empezó a caminar a la puerta y la abrió sin embargo se quedó quieto bajo el umbral- Espero no tener que volver a hacer algo tan... Sucio como darle de comer a alguien —fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta detrás de él.
Mordí mi labio inferior. Cada vez lo odiaba más, era un egocéntrico. Un completo Príncipe y un total estereotipo. Atractivo eh insoportable. Di un hondo suspiro, tomé la consola de piso, se me había caído de las manos por el susto que me dio ese estúpido. Jugué unas dos o tres partidas más, ya cuando apague la consola y dejé todo guardado camine a la puerta y le puse seguro. No quería que volvieran a entrar a mi habitación.
Me acerqué al ropero y lo abrí, saqué el pijama y me lo puse. Después me tiré a mi cama abrazada a mis almohadas... Extrañaba al señor Eustaches.
Pasaron cuatro días, donde estuve encerrada en mi habitación. Aislándome de todos y todo. En ese lapso de tiempo viví a base de comida Express. Llamaba a algún restaurante de comida rápida y la pedía vía telefónica, ellos llegaban y me enviaban el alimento -deliciosamente lleno de grasa- con algún mayordomo o mucama. Después le daba el dinero al que me entregara el pedido y que él se lo diera al de las entregas. También en esos días mi padre se fue nuevamente para Francia, dejándome aquí sola. No me despedí, le tenía mucho rencor el cual no pasará en poco tiempo.
Me puse de pie, me acerqué al espejo. Me veía fatal... Y eso es genial. Vestía de la forma más cómoda posible, bragas y andaba sin sostén, pero con mi blusa blanca holgada con el símbolo de Spider-Man estampado.
Tenía el televisor puesto, veía American Horror Story con un pedazo de pizza en mano, mi almuerzo. Toda mi habitación estaba llena de cajas de pizza, envoltorios de hamburguesas, envases de refresco y recipientes de papás fritas o nachos. El maquillaje estaba tirado por quién sabe dónde, encontrabas ropa interior debajo de la cama y ropa sin lavar. En mi armario había un completo alboroto. Di un eructo... Un gran eructo provocado por la gaseosa. Esto era vida según mi punto de vista.
Escuché como el pomo de la puerta era abierto con llave, giré mi cabeza y abrí los ojos como platos cuando vi la estructura ser abierta y que pasará una mucama con Levi detrás de ella.
—¿Qué quieres ahora? —lo encaro, trato de sonar despreocupada y sencilla. Sin —embargo, el desprecio me domina, y en igual de disimular mi cara de odio, solo acentúa mis fracciones.
—Sacarte de aquí.
—¿Por petición de la reina? —levanto una ceja irónica.
—No, por mí —dijo mientras veía el lugar, arruga la nariz y una mueca de asco se formó en su cara- Vámonos de aquí.
—¿Qué? Ni loca, este es mi santuario.
—Nos vamos —se acercó y tomó mi mano, hago un movimiento brusco, soltándome de su agarre. Pone los ojos en blanco, y antes de que me diera cuenta, me llevaba fuera de mi habitación como si fuera un simple saco de papas.
—¡Suéltame mierda! -grito a todo volumen.
—Limpia todo esto, debe estar impecable -dijo Levi a la mucama.
La chica asintió y él salió de la habitación arrastrándome.
#LeccionDeVida.
Si no comes, Levi te obligará.