Rubén llevó a Amanda a la azotea del hotel. Desde allí, el panorama era hermoso. Abajo y hasta que la vista alcanzaba, la ciudad los saludaba con sus miles de luces.
Amanda se quedó mirando un buen rato, sin pensar en nada, solo disfrutando de la vista y la compañía de su novio que estaba a su lado, sosteniendo su mano.
—Es una vista preciosa —dijo Amanda luego de unos minutos.
—No tanto como la que tengo yo —respondió Rubén. Amanda alzó una ceja y miró a su novio y se dio cuenta de que él tenía la mirada fija en ella.
—Es lo más cliché que me has dicho en toda nuestra relación —se rió la chica.
Rubén se rió suavemente y se acercó para tomarla de la cintura con un brazo mientras que con la otra mano le acariciaba la mejilla.
—Pero es verdad —dijo Rubén y la besó tiernamente. Cuando separaron sus labios, el chico volvió a hablar —hay algo que quiero decirte desde hace tiempo.
—¿Qué cosa? —preguntó Amanda sin sospechar nada.
—Sé que no te gusta, ni quieres que lo diga, pero es lo que siento —dijo Rubén —Amanda, yo te a...
—No —lo interrumpió Amanda. Rubén se quedó con la frase en el aire, sin poder terminar la última y más importante palabra que quería decirle a su novia.
—Pero Amanda... —dijo el chico poniendo cara de cachorro.
—Rubius, ¿qué es lo que sientes por mí? —preguntó Amanda alejándose un poco para mirarlo seriamente a los ojos —pero quiero que lo describas sin decirme la palabra con a.
Rubén la miró extrañado. ¿Qué significaba esa pregunta? Nunca ninguna de sus anteriores novias le había preguntado algo similar. La tomó de las manos y la miró fijamente a los ojos. Pensó unos segundos antes de contestar.
—Bueno, te encuentro muy guapa. Pero eso no es lo más importante. Eres inteligente, alegre, te preocupas de los demás...
—Me estás describiendo, cariño. O bueno, estás describiendo tu perspectiva de mi. Lo quiero saber es qué sientes por mí —volvió a interrumpir Amanda.
—Coño, guapa, que no hay como darte en el gusto —dijo Rubén con finjido enojo. Amanda sonrió como disculpándose.
El Rubius se tomó nuevamente unos segundos antes de responder. ¿Qué sentía por su novia? Obviamente amor... ahora lo difícil era describir sus sentimientos.
—Cada vez que te veo, el corazón me late más fuerte, me siento más feliz, me dan hasta esas mariposas en el estómago, me olvido de los problemas, me olvido del resto del mundo. Me gustaría llenarte de besos, verte sonreír siempre. Me dan ganas de... de pasar cada segundo de mi vida contigo...
Amanda le sonrió nuevamente y apretó suavemente las manos de su novio.
—No es todo lo que siento —continuó Rubén —pero creo que es lo principal. ¿Ahora me crees que te a...
—No —interrumpió por tercera vez su novia —guapo, tú me quieres, probablemente me quieres mucho... pero por lo que me dices, aún no me amas. Pero está bien.
—j***r, Amanda, cómo eres... ¿Y tú me amas? —preguntó Rubén de vuelta.
—No te lo voy a decir. No al menos por ahora, hasta que tú me... "a" de verdad.
Rubén la miró extrañado y se tomó la parte de adelante del cabello, acomodándolo hacia arriba. Hacía eso cada vez que estaba nervioso o cuando las cosas no salían como él quería, como en este momento.
—¿Sabes qué? No me importa lo que digas, yo sé que me "a" y sé que te "a". Si no quieres que te lo diga okay, pero eso no va a cambiar lo que siento. Amanda, yo te "a".
La chica se puso a reír alegremente. Rubén podía ser muy testarudo y muy ocurrente, y la ponía feliz que el chico no se espantara con la forma de pensar que tenía ella.
—Eres perfecto, ¿lo sabes?
Rubén sonrío. Amanda se acercó a su novio y se puso de punta de pie para besarlo. Ella no estaba apurada en decir ni en escuchar la palabra amor. Quería que más que palabras, fueran hechos los que demostraran que ambos se amaban. Y eso no ocurría aún. El amor era mucho más que un sentimiento, era algo más profundo que sensaciones. Pero con lo mucho que se querían hasta ahora era suficiente. Ambos eran felices con eso.