Estaba oscureciendo y el reloj del Big Ben brillaba con majestuosa elegancia. El edificio del Parlamento completo brillaba como un castillo en medio de la ciudad. El río reflejaba toda esa escena, dando un aire mágico a la escena.
Muy cerca, en un puente, Rubén, Amanda, Alexby, Eva, Mangel y Cheeto admiraban el bello espectáculo arquitectónico que les ofrecía la ciudad.
—Cada vez que vengo a Londre', amo venir a e'te lugá —dijo Mangel —sobre todo de noche.
—Solo has venido dos veces —rió Cheeto.
—¡Pero igual! —se defendió Mangel— no me podéis negar que e'te lugar e' precioso.
Los demás asintieron. Era realmente hermoso.
Ya llevaban un par de días en el país. El viaje había sido tranquilo y la estadía también. En el hotel, tuvieron algunos problemas dividiendo las habitaciones, ya que les habían asignado tres camas en un par de piezas. Finalmente, Rubén, Amanda y Mangel dormían en una habitación y Alexby, Eva y Cheeto en la otra. "Ahora sí que no podremos hacer nada romántico con Amanda" pensó Rubén.
Los primeros días visitaron los lugares más típicos de Londres, como el London Eye, el Palacio de Buckingham, la Catedral de San Pablo y esa noche, el Big Ben. Eva y Amanda nunca habían viajado a ese país, y estaban maravilladas.
Mientras recorrían la ciudad, los chicos aprovechaban de grabar algunos vlogs cortos gritando, corriendo y haciendo gilipolleces en la calle. Las chicas no aparecían en ninguno de los videos, porque ambas lo habían pedido expresamente a sus novios y amigos. Preferían estar en el anonimato.
El puente en el que estaban, daba una vista majestuosa al Parlamento.
—Es realmente bellísimo —dijo Eva abrazando a Alexby. Su novio le sonrió y le dio un corto beso.
—Creo que deberíamos volver —dijo Cheeto mirando su celular. Eran casi las nueve. Los demás asintieron y se encaminaron al hotel.
Al llegar, Mangel y Cheeto decidieron quedarse unos minutos más en el bar, mientras que Alexby y Eva fueron a la piscina que había en el patio del hotel.
—¿Y nosotros qué haremos? —preguntó Amanda a Rubén. El chico la miró, la cogió de la mano y le sonrió.
Sin decir palabra, la guió hacia el ascensor y subieron hasta el piso en el que quedaban sus habitaciones. Abrió la puerta, hizo pasar a la chica y luego cerró tras él.
—Creo que podemos tener un momento a solas —dijo Rubén.
Amanda le sonrió y lo abrazó. Él la besó, primero suavemente, acariciándole el cabello. Sin soltarla, la dirigió hacia la cama que compartían y la recostó.
—Rubius, espera... —susurró la chica, pero su novio se tumbó junto a ella y siguió besándola. Volvió a abrazarla, sentía la necesidad de estar con ella como nunca lo había hecho, como hacía tanto tiempo no estaba con ninguna mujer.
—No puedo —contestó Rubén también en susurro, y comenzó a acariciarle la cintura, por debajo de la camiseta de Amanda mientras seguía besándola. Ella intentaba cubrir las partes de su cuerpo que Rubén dejaba al descubierto, pero el chico volvía a levantarle la camiseta.
—En serio, por favor —volvió a susurrar Amanda con más volumen en su voz.
Entonces Rubén se detuvo y abrió la boca para decir algo, pero en ese momento se abrió la puerta.
—Y entonce' le dije que me tenía que ir, pero ná má' quería ehcaparme —se escuchó la voz de Mangel, acompañada por la risa de Cheeto.
Rubén y Amanda se pusieron de pie rápidamente, ordenando su cabello y ropas, justo a tiempo antes de que sus amigos entraran a la habitación.
—Oh, lo siento, ¿interrumpimos algo? —dijo Cheeto con voz pervertida.
—No, nada... solo vinimos a buscar algo... ya nos íbamos, ¿verdad? —dijo Rubén mirando a su novia que no pudo evitar sonrojarse.
—Sí, sí... ehmm... vamos a ese lugar... que... me dijiste —dijo la chica sin dejar de mirar al suelo, completamente sonrojada.
Rubén tomó la mano de su novia y salieron rápidamente, mientras Mangel los miraba con gracia.
Al salir de la habitación, Amanda y Rubén se miraron y rieron muy fuerte por toda esa situación.
—Creo que no podemos usar la habitación para nada romántico —dijo Rubén.
—Creo que no —se rió Amanda.
—Pero hay otro lugar que te quiero mostrar —dijo el chico tomando nuevamente la mano de su novia y guiándola hacia el ascensor.
Mientras caminaban, Amanda no dejaba de dar las gracias mentalmente a Mangel y Cheeto por haber interrumpido el momento. No estaba preparada de estar de una forma tan íntima con Rubén. No por ahora. Aunque tenía miedo de no estarlo nunca.