Rubén tomó las manos de Amanda y las acarició con suavidad. La chica no hizo ningún movimiento, solo esperaba la respuesta de su novio, y estaba demasiado concentrada en aguantar las lágrimas que querían salir ante la posibiidad de que su relación acabara en los próximos minutos. —Amanda... —comenzó Rubén y dio un suspiro —acabo de entender algo. El chico levantó la mirada, esperando encontrarse con los ojos de su novia, pero ella mantenía los ojos bajos. Rubén se mordió el interior de la boca nuevamente. —Guapa, yo te quiero mucho —continuó el chico —de verdad, y soy muy feliz estando contigo... pero eso lo sabes, ya te lo dije en otra ocasión, en otro país, hace poquísimos días... Amanda asintió levemente. Pensar que no había pasado ni una semana desde esa noche en el techo del hotel

