Thomás no hizo preguntas, no cuestionó nada, solo estuvo ahí para contenerla, dejando que la joven se desahogara. No sabía bien que pasaba con ella, pero si de algo estaba seguro era de que las heridas del pasado podían llegar a marcar demasiado y era evidente que Valentina estaba herida y que la herida aún no cicatrizaba. El hombre la acunó entre sus brazos, susurros suaves palabras de aliento cerca de su oído, le acarició el cabello y repartió besos por su cabeza. Poco a poco el llanto de Valentina se transformó en sollozos suaves, para después pasar a ser solo leve suspiros. Cuando ella logró estar tranquila se dio cuenta de dónde estaba y con quién, separándose abruptamente del doctor al momento que agachaba la cabeza completamente avergonzada. —Lo siento mucho, Thomás... Yo... Yo no
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