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Nuestro amor es una ilusión

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Descripción

Valentina Hoffman, es una mujer que por años vivió engañada, conviviendo con un hombre al que amaba y creyó conocer, sin embargo, Dereck no era quien ella creía. Su mundo se desmoronó cuando descubrió que su amado llevaba una doble vida y su verdadera cara, la cara de un hombre oscuro y violento. Prefiriendo el bienestar de su hija y el suyo propio, tuvo que huir de su país. A pesar del nuevo comienzo junto a su pequeña hija, tuvo que enfrentar y costear la enfermedad respiratoria de su hija Aylin.En medio del desastre que es su vida, conoce a Thomás Schumacher, un hombre despechado y desilusionado de la vida misma. Un hombre que sin importar cuán inmensamente rico sea, no es feliz, un hombre cargado de amargura y solitario. Thomás, asume el cargo como nuevo director del hospital donde Valentina trabaja y su nuevo puesto, trae nuevas exigencias, una de esas es el matrimonio. Thomás, después de su desilusión amorosa no cree en el amor, mucho menos en el matrimonio.La necesidad de ambos los lleva a unirse en un compromiso por contrato. Thomás Schumacher, necesitaba una esposa, una familia a la cual lucir y Valentina Hoffman, necesitaba dinero, seguridad y estabilidad para su hija. Lo de ellos era falso, su familia era una ilusión. ¿Pero siempre sería de ese modo? A veces, el amor florece hasta en el clima más hinospito.

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Capitulo 1
Valentina, caminaba de un lado a otro en la sala de su departamento. La iluminación era tenue, afuera era de noche y el sonido de la lluvia caer le ponía los pelos de punta. Aylin, su pequeña hija de tan solo tres años se había quedado profundamente dormida en el sofá mientras miraba caricaturas. Valentina, observó a su pequeña de reojos y una temblorosa sonrisa se instaló en su rostro. Ya era bastante tarde, comenzaba a hacer frío en el interior de la casa y lo mejor era acostar a la pequeña y arroparla bien. Antes de tomar a su hija en brazos, observó el reloj de pared, eran pasadas las doce de la noche y Dereck aún no regresaba a casa. Frustrada, por la ausencia de su pareja, tomó a Aylin entre sus brazos y la llevó a la cama, donde la arropó y besó su frente antes de abandonar la habitación. Debería de ir a dormir, a la mañana siguiente necesitaba levantarse temprano para llevar a la niña a la guardería y ella asistir a su trabajo. Se encaminó con pasos lentos a su habitación y se metió en la cama, la cual se sentía más fría que nunca. Observó su teléfono celular con la esperanza de ver un mensaje de Dereck, pero nada, él dejó en visto los mensajes que horas antes le mandó. ¿Dónde demonios estaba? Últimamente se ausentaba muchísimo, sabía que el hombre trabajaba fuera de la ciudad y era poco el tiempo que pasaba en casa, aún así, siempre avisaba cuando no podía regresar por problemas laborales. Dejó el teléfono a un lado y se acurrucó entre las mantas sin poder conciliar el sueño. Entrada la madrugada, logró finalmente conciliar el sueño. Dereck no llegó a casa, tampoco la llamó ni envió algún mensaje, Valentina se sentía angustiada, tenía un mal presentimiento, solo le pedía a Dios que nada malo le haya pasado al hombre que tanto amaba. Había conocido a Dereck, hace unos cinco años, cuando cursaba su último año en el instituto. La atracción de generó de manera casi inmediata, a pesar de que él era un par de años mayor, se dedicó a conquistarla. Las palabras dulces, las eternas promesas de una vida feliz, los regalos costosos y las cartas y poemas, todo aquello ayudó para que ese hombre la enamorara perdidamente. Nada más cumplir la mayoría de edad, ella abandonó su hogar para formar su propio hogar junto a Dereck. Al poco tiempo quedó embarazada de Aylín, ante la noticia él se sintió el hombre más feliz del mundo. Pero su relación no fue un camino de rosas, no, por supuesto que no. Dereck, era ejecutivo de ventas y viajaba demasiado. Durante el embarazo, lo vió demasiado poco, pero ahora, en la actualidad, en el último tiempo, era demasiado escaso el tiempo que compartían juntos. A veces, en sus momentos más críticos, solía pensar que él no la amaba, que la distancia había abierto un abismo entre ambos. Pero cuando él regresaba a casa, todas esas dudas se disipan y vuelven a ser tan felices como siempre. Aún así, su instinto le dice que algo no anda bien y tiene miedo, demasiado miedo a perder todo lo que tanto le costó construir. ••• Valentina, lucía fatal. Se sentía cansada y bebía un café bien cargado mientras hacia su trabajo en una empresa de textil. Su trabajo consistía en llenar los formularios de los ingresos de materiales y del despacho de prendas, un trabajo bastante monótono y por cierto, muy mal pagado. No había culminado sus estudios universitarios debido a su embarazo, lo que limitaba bastante sus posibilidades laborales. El bullicio de los trabajadores y las maquinarias de planta le estaban generando un intenso dolor de cabeza, mientras que sus pensamientos estaban muy lejos de su puesto de trabajo. —¡Valentina! —El grito de Sandra, su compañera de trabajo y secretaria administrativa, mano derecha del jefe, la hizo saltar en su asiento. —¿Qué sucede? Te vez bastante alterada. —Observó a la mujer de mediana edad que se veía bastante ansiosa. —Me enteré de algo... —Jadeaba ligeramente a causa de la carrera que hizo desde la sección de presidencia de la empresa hasta el taller productivo. —¡Habla de una vez, Sandra! ¡Me vas a matar de los nervios! —Exclamó Valentina desesperada. —En presidencia están teniendo una importante reunión con una empresa multinacional. Han venido para hacer una franquicia con nosotros, ¿y adivina qué? —Sandra se sentó sobre el escritorio de Valentina y cruzó elegantemente sus largas y estilizadas piernas. —¿Qué? —Cuestionó desesperada y perdiendo la poca paciencia que tenía aquel día. —Dereck Voinescu, es el presidente de esa importante empresa y está aquí, en la sala de juntas. —Esbozó una radiante sonrisa. —¿Acaso no sabías que tu novio es multimillonario? Valentina, quedó en shock. No podía creer lo que estaba escuchando. Dereck, su Dereck, no era multimillonario ni dueño de ninguna empresa. Era un ejecutivo de ventas que trabaja para una empresa importante y a causa de eso viajaba muchísimo. Lo más probable es que su amiga lo estuviera confundiendo con alguien más, por que si él fuera millonario, no estarían viviendo en un departamento rentado, buscando sobrevivir hasta llegar a fin de mes como cualquier ciudadano promedio. —Sandra, debes estar confundida... —¡Claro que no! ¡Es Dereck, tu novio! Lo reconocí inmediatamente cuando lo ví, luce idéntico al hombre de las fotos que me enseñaste. —De un salto se puso de pie. —Si no me crees, entonces ven conmigo y compruébalo tu misma. —Esta bien. —Bebió lo último de su café y se puso de pie, arrojó el vaso plástico en el bote de basura y siguió a Sandra. Mientras se encaminaban a la sección de presidencia, un extraño mal estar se acentúo en su vientre y una opresión intensa se instaló en el centro de su pecho. A medida que se acercaban, sus piernas comenzaron a temblar ligeramente. Cuando llegaron a la sección de presidencia, Sandra la guió hasta la oficina contigua a la de su jefe, que en ese momento estaba vacía —Quedate aquí, desde este sitio podrás verlo sin que mi jefe se percate de tu presencia. —Le guiñó un ojo a Valentina para luego salir y dejarla sola. En ese momento escuchó una voz masculina bastante familiar y quedó petrificada en su sitio. Era Dereck, su Dereck... —Marietta, nosé por que te empeñas en hacer negocios con estas personas. Sus productos no son de tan buena calidad y ahí empresas mejores con las cuales hacer negocio. —Dijo Dereck mientras tomaba cariñosamente las mejillas de la mujer que estaba frente a él. —Lo sé, mi amor. Pero debemos abarcar lo más que podamos, nuestra marca hará que está empresa pase a un mayor nivel, además con la franquicia aumentamos nuestras ventas y producción y nos ahorramos costos. —La tal Marietta le dedicó una sonrisa para luego besar los labios de Dereck. —Debemos pensar en el futuro de nuestro hijo, él será quién herede el imperio que estamos construyendo. —Eres una mujer tan inteligente, eso fue lo que me enamoró de ti. Casarme contigo fue lo mejor que me pasó en la vida. —Ahora fue él quién besó a la mujer en los labios. Valentina, sintió que algo se rompía dentro de ella. Jamás espero tal traición por parte de Dereck... ¡Todo había sido una mentira! ¡Todo lo vivido era una mentira! ¡Dereck, era una maldita mentira! Sus ojos comenzaron a escocer y abundantes lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas. Con ambas manos cubrió su boca, para evitar emitir sonido alguno y fijó su mirada en las manos de ambos, notando las sortijas de matrimonio. Ahora lo entendía todo, Dereck, jamás quiso casarse con ella, obviamente no podía, ya que era un hombre felizmente casado. Se recargó contra la pared adquiriendo una postura encorvada y se esforzó por contener los gemidos y sollozos de dolor. De pronto sintió que se ahogaba, al comprender que el hombre que amaba, el padre de su hija, no la amaba del mismo modo. Todas aquellas promesas sin cumplir, las palabras de amor, el escaso tiempo juntos, los recuerdos compartidos, todo, absolutamente todo, era una cruel mentira. Desde donde estaba, pudo ver a la feliz pareja alejarse y sin poder evitarlo, se comparó con aquella mujer. Marietta, parecía unos pocos años mayor que ella, su cabello largo, con rizos definidos y bien cuidados, con ese intenso color cereza la hacían lucir llamativa. Sin mencionar su porte, su elegancia, las pronunciadas curvas de su cuerpo y su cara de muñeca. Esa mujer era todo lo contrario a ella, Valentina era bajita, menudita, cabello largo y castaño, paliducha y de cara aniñada. Siempre le adjudican menos edad de la que tiene y su aire juvenil a la hora de vestir no ayudaba mucho. ¿Cómo podía competir contra ella? Ahora la verdadera pregunta era, ¿quería competir contra ella? No, por supuesto que no, ella no estaba dispuesta a ser la otra ni mucho menos a tolerar un engaño. Su relación con Dereck debía llegar a su fin... Una intensa desesperación la invadió, con rabia secó sus lágrimas sin importar que su maquillaje se corriera. Abandonó la oficina donde Sandra la dejó y corrió hasta el sector donde ella trabajaba, tomó su bolso y abandonó su puesto de trabajo, pidiéndole a una de sus compañeras que avisará al jefe que tuvo un serio problema. ••• Dereck, llegó por la noche. Aylin, estaba sentada en el sofá viendo caricaturas y Valentina lavaba los platos en la cocina. El hombre, ajeno a lo que estaba sucediendo, saludo a su pequeña hija. La niña el verlo, enredó sus pequeños bracitos alrededor de su cuello y llenó de besos su mejilla. —Hola, —saludó secamente Valentina. —Hola, cariño, ¿qué tal tu semana? —Dejó a la pequeña en el sillón nuevamente y se acercó a Valentina con la intensión de besarla. Valentina retrocedió, evitando que el hombre siquiera la tocara. Su mirada era fiera y toda su postura era rígida, ante su reacción, él supo que algo andaba mal. —¿Qué pasa contigo, mujer? —De pronto miró a un costado notando las maletas. —¿Qué mierda significa esto? —Señaló el equipaje. —Me voy, te estaba esperando para decírtelo... No seguiré contigo, tomaré a mi hija y me iré. —Trató de mantenerse firme, no mostrar signos de debilidad. —¿Qué? —Cuestionó incrédulo. —¿Pensabas decirme la verdad algún día? ¿Hasta cuando seguirías viéndome la cara de imbécil? —Gritó furiosa. —¡Maldito seas, Dereck! ¡Estás casado, llevas una doble vida! —¿De dónde sacaste eso? De seguro fue alguna de tus estúpidas amigas... ¿Es que no lo vez? —Intentó acercarse a ella, pero la mujer retrocedió. —Nos tienen envidia y por eso inventan todas esas estupideces. —¡Yo misma te ví con la tal Marietta! ¡Ya deja de mentir! —Sin poder contenerse más comenzó a llorar. —Haz jugado conmigo todos estos años, confíe en ti, maldita sea... —Bueno, ya sabes la verdad. Ahora deja el show. —De dos zancadas logró alcanzarla y la cogió con violencia de los ante brazos. —Puedo mantenerlas a ambas, tienes un techo donde vivir, ropa que vestir y comida en tu mesa, te follo cada vez que estoy en casa, ¿cuál es el maldito problema? —Sin ninguna consideración estrelló la espalda de Valentina contra la pared. La joven gimió adolorida mientras trataba de zafarse del violento agarre de su pareja. La furia reflejada en los ojos de Dereck, le hacían pensar en que no solo descubrió el engaño, además, le tocó descubrir que vivía con el mismo demonio.

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