Los ojos de la alemana se abrieron lentamente mientras observaba todo a su alrededor de manera desorientada. Sus pulmones dolían, la misma sensación que había sentido luego de que la fiebre la doblegara. Mientras intentaba abrir los ojos y luchar por despertar había escuchado una voz que pensó era una alucinación. Incluso en sueños la voz de Lucían la proseguía por todos lados. Sin embargo, luego de abrir los ojos se había encontrado con que no era una alucinación si no todo lo contrario, su fragancia estaba allí, impresa en el aire y entrado de manera débil pero estable a sus pulmones. Leisel abrió los ojos encontrándose con el italiano, aquella imponente estampa se ceñía delante de sus ojos y su intensa mirada azul la miró con júbilo. —Leisel—sus palabras habían salido como un gemido

