Después de una tarde entera con Jesse, regresé a casa, más cansada que otros días.
Fue bastante agradable estar con él, y justo como lo había dicho, nos habíamos vuelto muy buenos amigos. Me contó que antes de que viniera para Brooklyn, era de esos tipos de chicos tímidos, callados e inocentes, incluso algo nerd, pero todo se acabó cuando conoció a Kathy, y no se arrepentía. Claro que aún conserva sus buenas notas, para que sus padres no sospecharán y lo tomarán de regreso a Texas, pero les escondía toda su vida en Brooklyn.
–¿Cómo te fue con Kathy y Nathalie en su pijamada? –me preguntó mi mamá.
–Bien –respondí vagamente.
–Vaya –soltó una risa–, parece que no durmieron.
–No, no mucho –sonreí de vuelta hacia ella–, subiré a dormir, ¿está bien?
Mi mamá se acercó a mí y besó mi frente de manera cálida.
–Claro, ¿te llamo para cenar?
–No, en realidad, no tengo nada de hambre.
–Bien, ve a descansar.
Asentí y salí de la enorme cocina.
Mi casa era el triple de enorme que la anterior, mi padre había tenido un ascenso a co-dueño del bufete de abogados y eso había beneficiado demasiado nuestra posición social.
Fui escaleras arriba, y me metí a mi enorme habitación, me quité la ropa sin importarme que alguien me viera porque mis cortinas estaban cerradas y eran lo suficientemente gruesas como para que ni la luz de mi habitación saliera, prendí el radio que había conectado en el baño, y puse a The 1975 con Somebody else, me metí en la tina de baño que había llenado con un gel que hacía burbujas, y prendí una vela aromatizante, cerré mis ojos y me quedé un rato de esa manera.
Estaba bastante cansada, mis piernas dolían, al igual que mi abdomen, sospechando que eso era por tanto reír la noche anterior.
Mi móvil comenzó a vibrar.
Lo tomé, sintiendo como vibraba sin parar, miré en él y tenía varios mensajes.
...
Daddy Logan: Hola, Olivia, ¿cómo estás?
¿Dónde estás?
Por favor respóndeme
...
Mi corazón comenzó a latir rápido, no sabía qué hacer. Muy dentro de mí sabía que quería contestarle, pero estaba asustada, asustada de que algo malo pasara. Bloqueé mi móvil y lo alejé de mí, cerré mis ojos nuevamente y comencé a recordar a Logan.
Recordaba sus hermosos ojos, tan azules, tan intensos y oscuros cuando estaba caliente, mi estómago se revolvió de solo recordar esos momentos, sostuve algo mi respiración y luego la solté, intentando sacar de mí ese sentimiento, pero no podía, todo me regresaba a pensar en él.
En sus largas manos y piernas, tan alto, más que yo, sus brazos y su abdomen marcado, sus labios rosados y su creciente barba que se dejaba, haciéndolo ver maduro, más de lo que ya era, y atractivo, sin duda atractivo.
Sin darme cuenta, mis manos vagaban por mi cuerpo, apretando ligeramente mis pechos de vez en cuando, mi feminidad comenzaba palpitar, necesitaba algo de placer, necesitaba a Logan. Mi mano derecha viajó hasta mi feminidad comencé a frotarme lentamente, pensando en Logan, pensando en cómo lo haría él.
Él sin duda iniciaría torturándome con un simple frote en mí, pero después comenzaría a estimular mi clítoris, y besar mi cuello, mordiéndolo, haciendo marcas en este, para que todos se dieran cuenta de que yo le pertenecía a alguien, introduciría uno de sus largos dedos, el medio para ser exactos, y comenzaría a meterlo y sacarlo repetidas veces.
Mis caderas comenzaban a moverse, y cuando me di cuenta, ya estaba masturbándome pensando en Logan, y mierda, se sentía tan bien, no tanto como si fuera el mismo Logan, pero mientras era lo máximo que podría obtener.
Miré mi teléfono, pensando en que tal vez podría llamarlo y tener algo de sexo por teléfono, pero me lo negué de golpe y seguí disfrutando de aquel momento.
Después de un rato, salí de a tina, solté el agua y me vestí con solo una camiseta larga la cual me llegaba ligeramente arriba de la rodilla, no me molesté siquiera en cepillar mi cabello y simplemente me metí en la cama una vez que había apagado todo cayendo en un profundo sueño.
...
Me desperté justo a la mañana siguiente cerca de las doce del día, todo estaba en silencio, ni siquiera había cantar de los pájaros, era un domingo bastante tranquilo.
Tomé mi móvil para revisarlo, y me encontré con varios mensajes, entre ellos estaba Logan pidiéndome que le dijera dónde y cómo me encontraba, pero nuevamente decidí no responderle, miré los otros mensajes, era Jesse, quien me preguntaba si me parecía bien si pasaba por mí e íbamos con los demás a comer algo.
Salí de mi habitación para preguntar a mis papás si estaba bien, pero no encontré a nadie más que a un billete de cien para comprar lo que quisiera de comer, según la nota junto a este.
Le contesté rápido aceptando su propuesta, y él me respondió al momento diciendo que pasaba por mí en una hora.
Me levanté rápido, y busqué algo que ponerme. Escogí unos jeans negros, una camiseta de tirantes gris con un sweater de lana color guinda sobre esta, me coloqué unos Vans negros y di por terminado mi atuendo, ricé un poco mis pestañas y apliqué rímel sobre estás para lucir más despierta, puse un brillo de labios color rosa el cual me encantaba porque siempre mantenía mis labios hidratados.
Después de un par de minutos más la bocina de un auto sonó, me levanté de mi cama y me asomé notando que en efecto, era Jesse.
Bajé las escaleras con nada más que mi móvil y mi dinero, tomé las llaves y cerré la casa una vez afuera, y corrí hasta el BMW de Jesse.
–Hola, linda –me saludó animadamente.
–Hola –sonreí de vuelta.
De verdad le había tomado demasiada confianza demasiado rápido, y solo esperaba no arrepentirme después.
–Los chicos ya están en una hamburguesería muy famosa de aquí, andando –me sonrío a través de sus lentes de sol.
El día era ligueramente soleado, apenas y salía a causa de las nubes grises que lo tapaban, pero en sí, hacía algo de sol.
Llegamos en un par de minutos, no más de quince, nos bajamos de su auto, y nos adentramos en el enorme local.
–Miren quienes han llegado –habló George.
–Jesse, Olivia, que bien que han llegado –agregó Kathy.
–Los novios –bromeó Tyler.
Al momento no pude evitar ponerme roja, así que intenté evadir el comentario con una pequeña risa.
–Cállate, idiota –reclamó Jesse lleno de risa.
Me senté junto a él, y ordenamos hamburguesas, papas fritas y refrescos.
–¿Y bien, Olivia, qué te pareció la fiesta? –preguntó Kathy.
–La verdad no recuerdo mucho –dije con algo de vergüenza.
–¿Qué tanto te metiste? –preguntó como si fuera una pregunta común mientras metía una papa a su boca.
–Solo la pastilla que George nos dio y algo de...hierba.
–Vaya –exclamó Zack.
–Oh, descuida, ya te acostumbrarás –me animó Kathy.
–Bien –respondí con una sonrisa.
–Aquí tienen, jóvenes –nos entregó el pedido un hombre mayor con una sonrisa.
Todos agradecimos casi al unísono y comenzamos a comer.
–Oye, Olivia, prepárate para mañana, ¿de acuerdo? –habló Nath.
–¿Por qué? –pregunté limpiándome los labios con una servilleta.
–A la fiesta de ayer, en El Parque, fue casi toda la escuela, lo que significa que te vieron con nosotros –continuó animadamente.
–Lo que significa que ya eres rarita como nosotros –terminó Jesse.
–¿Rarita? –pregunté sin entender mucho.
–Sí, hay dos grupitos, las populares fresas y nosotros –respondió Kathy–. Las fresas son las idiotas que te molestaron ayer, ¿has visto Mean girls?
–Sí –asentí.
–Bueno, ellas son como las tres chicas que salen en la película, solo que siempre son malas y estúpidas.
–Sin embargo, nosotros somos populares solo porque la gente nos conoce y piensa que somos cool porque somos exactamente como queremos ser y no intentamos de forzar a la gente de que les agrademos –terminó Jesse.
–Prepárate para que tu vida sea como un libro abierto, porque no solo nos conocen en la escuela, casi en toda la ciudad nos conocen –habló Nathalie bastante concentrada en su hamburguesa.
–No es algo que nosotros quisiéramos, la gente es así, no nos creas superficiales por favor –pidió de manera seria Jesse.
Asentí algo aturdida, no podía creer que aún existiera ese tipo de personas que clasificaban en grupos.
–Entonces, ¿estás dispuesta a ser nuestra amiga? –preguntó Tyler.
Los miré a todos de manera rápida, de verdad eran increíbles, me habían aceptado sin problema alguno, Jesse especialmente, se había vuelto un gran amigo en tan pocas horas.
–Claro que sí –respondí segura.
–¡Genial! –gritó Nathalie.
Sonreí hacía ella.
–Brindemos por Olivia, nuestra nueva amiga –animó Tyler.
Todos alzaron sus refrescos y los juntaron para después dar un largo trago.
En verdad me sentía bastante feliz, había hecho amigos en tan poco tiempo, y de los grandes amigos, tenía que contarle a Jane, tenía que saber que me estaba yendo demasiado bien pero que tampoco la iba a olvidar, pues ella era como mi hermana.
Después de un buen rato, nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad, y ahí fue cuando noté que en verdad los conocían, no todo el mundo los saludaba de manera agradable, la mayoría simplemente los miraba con admiración y algo de envidia susurrando entre ellos, probablemente, cosas sobre cada uno del grupo.
Jesse se ofreció a llevarme nuevamente a casa, y yo acepté.
–¿Quieres pasar? –pregunté tímidamente.
–Claro –respondió, mientras apagaba el auto y bajaba junto conmigo.
Caminamos hasta la entrada, abrí la puerta y pasé junto con Jesse, pues la puerta era enorme.
–¡Mamá, papá! ¡Llegué! –grité una vez adentro.
Pero nadie contestó.
–¡Mamá! –volví a intentarlo, pero nada–. Supongo que estamos solos.
–¿Quieres fumar hierba?
Sin decir nada, nos salimos al enorme patio trasero que tenía la nueva casa, el cielo estaba despejado y el sol estaba ocultándose, regalando rayos de luz color rosados haciendo lucir el cielo demasiado increíble.
Jesse sacó una pequeña cajita de metal, de la cual sacó unos pequeños trozos de papel muy delgado y comenzó a llenarlo de la hierba, la cual olía bastante raro, observé como lo llevaba hasta sus labios enrollándolo, pasó su lengua por el pequeño trozo sobrante y por fin lo selló.
–Te toca –me indicó tendiéndome la cajita.
Lo miré con los ojos como platos. –No sé cómo hacerlo.
–Lo sé, yo te enseñaré –me tranquilizó con una linda sonrisa.
Se arrastró en el pasto hasta llegar a mí.
–Bien, primero tomas un trozo de papel.
Hice lo que dijo con algo de temor.
–Bien, ahora, pon algo de hierba en él, dejando la parte por donde fumarás limpia.
Asentí y comencé con lo dicho, mis manos temblaban haciéndome sentir tonta.
–Tranquila, si no te sale lo doy el mío –me habló de manera cálida.
–Bien –reí.
–Muy bien, ahora, enróllalo en forma de cono, no tan abierto, solo un poco.
Miré el que él había hecho, e intenté de enrollarlo de igual manera.
–Muy bien, muy bien –me alentaba cada vez que me acercaba al final–. Perfecto, ya lo tienes. Ahora, pasa tu lengua por la orilla y ciérralo.
Hice justo lo que dijo y por fin terminé aquel porro.
–Excelente, te quedó excelente –me felicitó mientras me sonreía ampliamente.
–Gracias –sonreí algo sonrojada.
–Ven aquí –me pidió.
Me intenté acercar aún más a él, sacó su encendedor y lo encendió, coloqué mi gran éxito entre mis labios, Jesse acercó el fuego al papel y jalé levemente para encenderlo, lo tomé entre mis dedos y lo quité de mi boca sacando el humo de esta.
–Ahora.
El ojiazul tomó de mi mentón y me indicó con la mirada que colocara el cigarro nuevamente en mi boca, él hizo lo mismo, y lentamente lo acercó al mío para encenderlo, y al hacerlo jamás quitó sus ojos de los míos, poniéndome nerviosa, de una deliciosa manera.
Sonrió mientras quitaba el suyo de sus labios y sacaba el humo por su nariz.
No pude evitar sonreír ante el acto, en verdad era muy atractivo y divertido a la vez.
–¿Te molesta? –me preguntó mientras apuntaba la piscina en el patio.
–Para nada –aseguré.
Se puso de pie, dejando su cigarro entre sus labios, se quitó sus Vans y calcetas, se arremangó su ajustado pantalón y se sentó a la orilla de la piscina metiendo solamente sus pies.
–No me dejarás solo, ¿cierto? –me preguntó divertido.
Negué con la cabeza, dando una fuerte calada y poniéndome de pie haciendo justamente lo que él había hecho, y una vez lista, me senté junto a él.
No sabía si era por la hierba o simplemente el agua se sentía muy bien en mis pies, como si bajara todo el calor y presión en mi cabeza.
–Entonces, ¿quién es Daddy Logan?