Comencé a toser ante la inesperada pregunta.
–Oye, tranquila –habló Jesse divertido–. Te lo dije, es nuestro secreto.
Lo miré algo asustada, tosí un poco más aclarando mi garganta y una vez mejor solté una risa.
–Él, fue...mi algo en Boston –respondí sin verlo a los ojos.
–¿Tu algo? –preguntó confundido.
–Sí, nunca fue algo serio –respondí mientras daba otra calada.
–¿Y qué pasó?
Me quejé en voz alta mientras tapaba mi rostro.
–Oye, tranquila –habló cálidamente–, está todo bien.
Jesse pasó su brazo por mis hombros acercándome a él, y besó mi cabeza.
–Si no quieres decirme, yo lo entiendo –me sonrió cálidamente, transmitiéndome tranquilidad.
Y lo odia, odiaba que fuera tan lindo conmigo. En realidad no lo odiaba, simplemente era Jesse siendo Jesse, o al menos siendo Jesse desde mi perspectiva, y en realidad era bastante lindo tener esa clase de atención, vaya que lo era, para mí, una chica tan necesitada.
–Él era, es, mayor que yo y por ende yo era simplemente un juego para él –respondí aun con mi rostro tapado.
–¿De verdad? –preguntó sorprendido.
–De verdad –respondí–. Él, obviamente disfrutaba más estando con mujeres de su edad, pero supongo que como todo hombre raro, le gustaban las chicas, chicas de edad.
–Lamento escuchar eso –comentó suavemente.
–No todo fue malo, en verdad lo disfruté mientras duró, pero me alegro de haberme ido.
Sentía la respiración de Jesse justo en mi frente.
–En verdad me alegro de haberme ido –respondí mientras levantaba mi cabeza para mirarlo a los ojos.
–Me alegro que te alegre haber llegado aquí –respondió nuevamente de manera encantadora.
Nos sonreímos el uno al otro, Jesse acercó su cigarro a sus labios, dando una calada fuerte y soltando el humo contra mi cara, haciéndome reír.
De un momento a otro el ambiente comenzó a cambiar, empezaba a sentirse espeso, pesado, y por alguna extraña razón, era un espesor conocido.
Nuestros rostros estaban tan cerca que sentía el aliento de Jesse rozar con mis labios.
–Eres bastante linda, Olivia–habló suavemente, como si intentara que nadie más escuchara, aun estando solo nosotros dos.
–Gracias –respondí de la misma manera.
Su rostro comenzó a moverse lentamente junto con sus ojos, acercándose levemente más a mí, yo no podía dejar de observa cada pequeño y casi invisible gesto que hacía, hasta que sentí sus labios juntarse con los míos de manera lenta. Cerré mis ojos para disfrutarlo, aun cuando gracias a la hierba yo ya disfrutaba el momento.
La manera en que besaba era totalmente diferente a la de Logan, esta era lenta, seductora, y juguetona, mordía esporádicamente mis labios, alternando de superior a inferior, hasta que después de un rato bajó a mi cuello recostándome en el pasto, se colocó sobre mí sin aplastarme y bajó sus besos hasta mi pecho, metió sus manos entre mi camiseta de tirantes dejándome sentir lo helado que estaba su tacto causando que mi piel se erizara y por ende, se encorvara mi espalda.
Sus hábiles manos llegaron hasta mis pechos, justo sobre de mi sostén, sus labios y lengua seguían en mi pecho y cuello, sus manos viajaron hasta mi espalda para desabrochar mi sostén y quitar la ropa que estorbaba, dejándome totalmente expuesta ante él.
–Mierda –se separó un poco para admirarme–, eres hermosa.
Se agachó de golpe tomando entre sus dientes uno de mis ya erectos pezones, y no me contuve en soltar un pequeño gemido. Pasó al otro pezón haciendo lo mismo, agregando un ligero jalón a este al final, subió nuevamente hasta mis labios y los atrapó con los suyos, enredé mis brazos en su cuello acercándolo más a mí.
Baje mis brazos hasta la orilla de su sudadera y la levante, revelando que no llevaba nada debajo de esta, empujé de sus hombros haciéndolo rodar en el pasto quedando yo encima de él. Admiré su abdomen marcado, y sus hermosos tatuajes en él, me agaché y planté un beso en cada uno de los dibujos iniciando desde el que más me había gustado, lo escuchaba soltar un leve gemido cada vez que besaba su cuerpo.
–Ven aquí –volvió a hablar, jalándome de mi mentón hasta su rostro para nuevamente besarnos.
Sus manos bajaron por mi espalda desnuda, hasta mis jeans negros, los desabrochó y metió su mano en mis bragas haciéndome gemir de golpe.
–Mierda, Jesse –gemí alto.
–¿Te gusta, linda? –preguntó de manera caliente, en un tono obsceno.
–Ajá –asentí con mi cabeza.
Dio otro giro, dejándome nuevamente debajo de él, y sin ningún cuidado jaló de mis pantalones deshaciéndose de ellos y de mis bragas, y de golpe bajó a mi feminidad y comenzó a besar y chupar.
–Oh, puta madre –maldecí alto, mientras enterraba mis manos en su cabello acariciándolo y empujándolo más a mí.
Su lengua se sentía tan bien en mí, tan endemoniadamente bien.
Se separó de mí y sacó sus pantalones y sus calzoncillos, sacó de su billetera un paquete de aluminio y se colocó el preservativo.
–Aquí voy, linda –me avisó y yo solo asentí.
Dio un giro y de un momento a otro caímos a la piscina.
–Mierda –hablé entre risas mientras me secaba la cara.
–Soy un idiota –habló de igual manera.
–No lo eres.
Lo tomé de la nuca y lo acerqué a mí, juntando nuestros labios, tomé su polla y la metí dentro de mí, haciendo una mueca de dolor.
–¿Estás bien? –preguntó asustado.
Asentí.
–Follame duro, follame bien –pedí.
Jesse sonrió y comenzó con unas embestidas lentas mientras veía cómo es que me acostumbraba a él, y una vez que no hubo dolor, sus embestidas fueron duras y veloces, haciéndome soltar maldiciones y gemidos tan altos que temía que los vecinos escucharan.
–¿T-te gusta, li-linda? –preguntó entre gemidos.
–Mu-mucho.
Besó mis labios, y con un par de embestidas más, acabó en el condón.
Nuestras respiraciones chocaban de manera alterada, nos miramos a los ojos y comenzamos a reír. Lo miré detenidamente, apreciando cada facción de su rostro y sin más lo besé cálidamente.
–¿Jesse? –me separé.
–¿Sí? –preguntó de manera cansada.
–¿Para ti qué ha sido esto? Responde de manera honesta.
La sonrisa de Jesse se fue desvaneciendo a una expresión preocupada.
–¿Honestamente?
Asentí.
–No lo sé.
–¿Te molestaría si te dijera que simplemente seamos amigos después de esto? –pregunte casi en un susurro, temiendo lo peor.
El silencio se hizo presente por unos segundos que parecieron años, pero por fin respondió.
–Para nada, Olivia, de hecho, me agrada la idea –respondió animadamente.
–¿De verdad? –pregunté sorprendida.
–Sí, ¿te parece...amigos con derechos? ¿Fuckbodies?
Tal vez el cambio de Boston a Brooklyn no había sido lo mejor después de todo, pero en ese momento no me importaba, quería olvidar a Logan y que mejor con una nueva forma de ser.
–Me parece, perfecto.