Justo como Nathalie había dicho, después de un par de semanas, mi vida se había vuelto un libro, casi, abierto para la escuela.
Todos sabían que venía de Boston, que tenía un hermano, que mi padre era abogado y que mi mamá trabajaba desde casa en una tienda online.
Por suerte no sabían nada de mi vida pasada, ni de lo que sucedía conmigo y con Jesse, que desde ese día hemos tenido una vida s****l algo activa. Casi todos los viernes salíamos con los chicos, íbamos al Parque, nos emborrachábamos, fumábamos y yo terminaba en casa de Jesse, al día siguiente la pasábamos juntos, donde en algunos casos follabamos, y finalmente me iba a casa. En la escuela, por suerte, me iba bien, no excelente como antes, pero era algo promedio, cosa a la que mis padres no dieron importancia dando por hecho que el cambio me había afectado.
–¿Iremos hoy al parque? –preguntó entusiasmada Nathalie mientras me tomaba por el brazo.
–Lo siento, no puedo –la miré algo nerviosa.
–¿Por qué? –de repente se detuvo con una expresión de sorpresa–, oh, ¿tienes una cita?
Cuando dijo aquello, todos se giraron a verme, entre ellos Jesse, quien me miró con algo de intriga.
–No –respondí con una sonrisa–. Mi hermano viene este fin de semana.
–Oh –exclamó Nathalie con algo de tranquilidad.
Jesse pasó saliva mientras parpadeaba de manera rápida y se giraba, tratando de evitar mi mirada.
Algunas veces me gustaba pensar que él gustaba en serio de mí y que, tal vez, algún día me pediría formalmente que fuera su novia, pero eso parecía jamás pasar. La semana pasada me había comentado que en la última fiesta en el parque Nathalie y él se habían besado "accidentalmente" pero yo sabía que probablemente no había sido accidentalmente; yo no me molesté en absoluto, yo estaba consiente que entre él y yo solo había atracción s****l, y nada más, claro, y amistad.
–¿Quieres que te lleve, Olivia? –me preguntó Jesse, desde su auto.
–Jesse, ¿no vienes con nosotros? –preguntó Kathy.
–Sí, los alcanzo allá –Jesse me miraba esperando una respuesta.
Solté una sonrisa y rodeé mis ojos con diversión.
–Claro –respondí mientras caminaba hacia él con algunas cosas entre mis brazos.
–Entonces, andando, princesa.
Me habló mientras dejaba la puerta del copiloto abierta para mí, como siempre lo hacía, y caminaba hasta la del piloto, me quedé quieta, analizando cómo me acaba de llamar. Nadie me había llamado de esa manera desde que había estado con Logan. Y entonces la melancolía volvía letalmente.
Caminé lentamente y me metí a su auto, esperando que no notará mi cambió repentino.
–¿Música? –preguntó con una sonrisa.
–Claro –asentí con la cabeza.
Solté un suspiro intentado calmarme, y me acomodé en el asiento.
–Sé que te gusta mucho este grupo, así que, anoche descargué algunas de sus canciones –habló de lo más natural.
De repente empieza One of those crazy girls de Paramore, y empiezo a temblar recordando aquel momento vergonzoso en Boston, ¿era todo esto una broma?
–De hecho, podrías poner otra cosa, anoche estuve escuchándolos y creo que me...
–Oh, claro –habló con algo de nerviosismo.
–¿Te parece Panic at the disco? –preguntó con un sonrisa en su rostro.
Asentí sonriente.
Victorious comenzó a sonar a todo volumen en su auto, y me encantaba, me relajaba y me hacía sentir animada. Ambos empezamos a cantar enérgicamente, llamando la atención de la gente por donde pasábamos.
Después de Don't Threaten Me With a Good Time, Hallelujah, Emperor's New Clothes y Death of a Bachelor llegamos a mi casa.
–Aquí estamos –habló mientras apagaba el auto.
–Sí, gracias –hablé mientras me desabrochaba el cinturón de seguridad.
–Olivia –me detuvo.
–¿Sí? –pregunté volteándome hacía él.
–Quería preguntarte algo serio –habló con algo de nerviosismo.
–¿Qué pasa? –pregunté asustada.
–Tranquila, no es algo malo –pasó su mano por su cabello–. Yo solo quería saber si tú...
–Olivia –una voz masculina llamó nuestra atención–, ven aquí, tontita.
Salí del auto corriendo para llegar hasta Daemon y colgarme de él.
–Hola, monita –habló abrazándome fuertemente.
–Tonto, te extrañé –hablé con un nudo en la garganta.
–No, no llores –habló intentando controlarse–, si lloras voy a llorar.
Reí y me aferré más a él.
–Hay alguien más que quiere verte.
–¿Quién es? –sequé mis lágrimas mientras me separaba de él.
–Hola, Olivia.
–Oh, joder –hablé en un tono molesto, pero no lo estaba en absoluto–. Jane.
Está vez me aferré a ella, sintiendo tanta nostalgia y fragilidad en ese momento, no podía creer que ella estuviera aquí en Brooklyn.
–Te extrañé muchísimo, amiga –habló con su voz quebrada.
–Y yo a ti, quise hablarte pero por una cosa y otra...
–Lo sé, igual a mí se me hacía difícil hablarte y no ponerme a llorar.
Nos dimos un último apretón y por fin nos separamos.
En la puerta estaban mis padres viendo la escena que estábamos haciendo.
–Entren de una buena vez a cenar –habló mi madre.
–Oh, Jesse –recordé que no estábamos solos–. Daemon, Jane, él es Jesse mi...amigo.
–Hola, mucho gusto –saludó Jesse hacia la pareja.
–Hola –saludó animadamente Jane.
–Hey –habló Daemon.
–¿Quieres quedarte a cenar? –le pregunté.
–Oh, yo –miró a Jane y a Daemon.
–Está bien si te quedas –insistió Jane.
–Claro, gracias –aceptó.
–Terminando puedes preguntarme lo que necesitabas saber.
–Sí, claro.
Caminamos hasta la casa, subí con Jesse a dejar mis cosas a mi habitación, y por fin bajamos.
–Debes de conocer formalmente a mis padres, siempre les cuento de ti, pero jamás te han conocido.
–Descuida, me amarán –habló en un tono arrogante, simplemente golpeé su brazo.
–Hola, mamá, él es Je...
Mis palabras quedaron flotando en el aire cuando vi aquella figura masculina que en las últimas horas me había estado atormentando.
Logan.