Era la tercera semana consecutiva que pasaba el fin de semana de fiesta con mis amigos, emborrachándonos y tomando drogas. Jesse y yo nos volvíamos cada vez más cercanos, y no solo por el hecho de ser follamigos, en verdad disfrutaba estar con él cada día de la semana, en el colegio estábamos en el mismo grupo por lo que siempre estábamos juntos en cualquier cosa y fuera era exactamente mismo. Kathy a veces me llegaba a preguntar cómo era posible que no me hartara de él, pregunta que nunca respondía pues ni yo misma sabía la respuesta. –Dame –me habla Jesse quitándome una papa frita de la mano para después meterla a su boca. –¡Oye! –le reclamo quitando su malteada de vainilla para darle un gran sorbo mientras tengo una expresión de venganza en el rostro. Estábamos en su departamento, s

