Sus labios fríos se unen a los míos en un movimiento que es bastante placentero. De inmediato, unos aplausos se escuchan y yo me separo para ver a los chicos fotografiando y aplaudiendo nuestro encuentro íntimo que resulta ser público. — Por fin, lo hiciste, hermano — dice Aninka hacernos que su hermano se sonroje. — Gracias por dañar nuestro momento a solas. — digo y ellos ignoran mi queja, abriendo la puerta trasparente para sentarse a cada lado de nosotros. Incluso, Aninka se sienta en medio de Esteban y de mí, abrazándolo del cuello mientras sostiene una botella de Whiskey. — ¿Sabían que los amo, mucho? — dice arrastrando las palabras. — ¿Cuánto ha bebido? — pregunto sorprendida por cuán fuerte es su asiento lleno de licor. — Esa es la segunda botella que se bebe ella sola — respo

