Respiro profundo, para no sentirme mal por palabras necias y cuando estoy a punto de marcharme, Esteban entra molesto, seguido de Camilo y David que intenta detenerlo. — Escuche, señora. Usted, no sabe cuanto… — No sabe, Esteban y no necesita saberlo. Vámonos, no hay nada que hacer aquí — digo intentando evitar un problema más grande. — Señorita, espere un momento ¿puede darnos una semana de prueba? Si ella mejora en esa semana, la contestaremos, ¿le parece? — No — digo decidida. — ¿Cómo dice? — pregunta el hombre confundido mientras la esposa a su lado, bufa molesta. — Puede que me vea menos por no tener un pie. Pero no fui una patinadora sin importancia. Yo obtuve premios por lo que sé y eso no lo voy a despreciar, regalando mi tiempo. Ustedes aunque no deberían hacerlo, lo hacen.

