Jamás podría acostumbrarme a ser el centro de atención. Menos, cuando es mi cumpleaños y Aninka sabe de ello. Porque ella si que no sabe medirse y por eso, termina avergonzándome. Porque, aunque somos adultos, ella sigue siendo una niña, una bastante desesperante. Terminamos de desayunar y cuando estoy por irme, los meseros del lugar, vienen con un pequeño pastel y una vela de cumpleaños. Yo, suspiro profundo al saber que esa extensa conversación de Aninka con el mesero, significaba esto. — Feliz cumpleaños a ti — cantan los meseros y quienes desayunaba en el restaurante, se unen a la canción que me deja sonrojada. David y los demás, me miran sonriéndome y aplaudiendo como si fuera lo más increíble para celebrar. Ellos, me dan el calor de un cumpleaños y ello, me hace tener sentimientos

