Capítulo 3.

937 Palabras
Narra Amanda. Abrí los ojos bruscamente, comencé a ver todo a mi alrededor, nada parecía ser conocido para mí, estaba en el bosque, la oscuridad reinaba todo el lugar, mis pies descalzos pisaban las hojas secas de los árboles. —¿Hola? —pregunté mientras comencé a moverme poco a poco, el frio aire chocaba contra mi cuerpo, haciendo temblar. Tenía miedo, miedo de lo que fuera a pasarme, no tenía idea de que estoy haciendo aquí, no sé cómo diablos llegue. Me detuve en seco cuando escuché unos pequeños ruidos, al principio crei que yo los ocasionaba, pero no, seguian escuchándose. —Amanda —una voz que al escucharla ocasionó un escalofrío en mi, me hizo voltear rápidamente, para encontrarme con eso, esa cosa. Lágrimas hicieron presencia en mis mejillas, mis manos comenzaron a temblar, y nuevamente no pude hacer nada, solo me congelé frente a eso. Cuando por fin pude reaccionar, opte por correr, me di la vuelta y comencé a correr, cuando ya estaba lo suficientemente alejada, un golpe en mis piernas, me hizo perder el equilibrio, y caí. Sentí un fuerte agarre en una de mis piernas, patalee, pero fue en vano, algo comenzó a jalarme. —¡Ayudaaaa! ¡Por favor! *** Abrí los ojos cuando sentí que me tomaron de los hombros. —¿Estás bien? —preguntó Pablo sonriendo. —Me asustaste, estabas moviendote demasiado, así que tuve que despertarte. —Solo fue una pesadilla —dije tratando de ponerme de pie, gracias a Dios, no fue real. Estaba en una camilla, en la escuela, miré mis brazos, y estos estaban vendados. —¿Qué pasó? —pregunté, tratando de recordar cómo había llegado aquí. —Paola te encontró en el baño, te cortaste, y estabas perdiendo mucha sangre, por lo cual te desmayaste, pero ahora todo está bien, Amanda, y nos tiene aquí a todos, siempre que tengas un problema, nosotros estaremos contigo para encontrar una solución. Una lágrima se deslizó por mi mejilla, al fin recordé lo que pasó en el baño, yo no me corté, fue esa horrible cosa, no le puedo llamar ni humano, porque no parece, es horrible. —Gracias, Pablo —dije sonriendo, observé a mí alrededor, solo estaba él y Felipe aquí. —¿Quieres que te traiga algo? —preguntó Felipe confundido. —Quiero hablar con Mily, por favor. Pablo jaló de la mano a Felipe, y ambos salieron del pequeño cuarto, tenía miedo, esa cosa está tras de mí, y no entiendo una mierda. La puerta se abrió, dejando ver a Mily un poco preocupada. —Aqui estoy, ¿De qué quieres hablar? —Mily, las cosas están peores, te juro que yo no hice esto, alguien me lo hizo, no sé cómo explicarlo, pero tienes que creerme, por favor, necesito que tú me creas —dije tomando a Mily de las manos. Mily las apartó casi se inmediato, luego miro al suelo. —Amanda, lo siento, mira yo te quiero demasiado, pero si tú llegas a morir, me vas a destruir, me voy a romper, no quiero perderte, y hoy hiciste esto, y fallo, pero nada me asegura que la próxima vez que intentes quitarte la vida, será igual que ahora, no quiero sufrir por una persona que solo piensa en ella misma y no en el dolor que los demás puedan llegar a sentir, estoy molesta ahora Amanda, no quiero hablar contigo —mencionó Mily, y sin más salió del pequeño cuarto. Me dolió, escuchar eso me dolió en verdad, la única persona a la que le podía contar todo lo que me pasaba, estaba molesta conmigo, y todo por una estupidez, que ni siquiera yo hice, yo no quiero morir, jamás haría algo así. Abrieron la puerta, y pude ver a Valen y a la enfermera de la escuela entrar. —Hola Amanda, ¿Te sientes bien? —preguntó la enfermera, tomando mis brazos, yo solo me deje llevar, y ella comenzó a inspeccionar. —Estoy bien —respondí mirando al suelo, no podía ni ver la mirada de Valen de decepción, no quiero que piense que esta vida junto a ella es una mierda, porque no lo es, tiene sus cosas malas, pero su compañía y la de Martín me hacen ser feliz a  pesar de todo. —La psicóloga de la escuela quiere verte, Amanda —añadió Valen. —Necesitas ayuda. —Claro que no, no necesito la ayuda de nadie, no tengo ningún problema, y ya dejé de tocarme. Me levanté rápidamente de la camilla, y comencé a caminar a la puerta, la abrí y salí rápidamente. Fuera estaban mis amigos, los cuales intentaron detenerme, pero ni caso les hice. —¡Hey! —escuché la voz de Daiel, el cual me tomo del brazo, haciendo gemir de dolor. —Oh lo siento Amanda, ¿A dónde vas? —No te importa, a nadie de ustedes les importa, quiero estar sola —dije y me di la vuelta, para dirigirme a la salida. *** Narra Mily. Observar a Amanda irse, me dolió, quería ir tras ella, pero mi orgullo y mi enojo me lo impidieron. —No entiendo nada —dijo Daiel regresando hasta nosotros. —¿Alguien sabe algo? Negué con la cabeza, obviamente no les iba a contar lo que Amanda llevaba semanas contándome, lo de sus pesadillas, ese no era asunto mío. No es a mí a la que le corresponde decir esas cosas, aunque ahora que lo pienso, si esa es la razón por la que trato de suicidarse, entonces estaría bien que lo diga, y más con lo que me contó esta mañana, y las marcas que tenía en sus brazos, quizá no es la primera vez que intenta quitarse la vida. —¿Cuando le diremos? —preguntó Paola, mirando a Valen llegar hasta nosotros. —No podemos hacerlo, jugar eso fue muy peligroso, solo quiero evitar más cosas traumantes para Amanda ahora, ¿Saben a dónde fue? Negué con la cabeza. Hace una semana en casa de Amanda, mientras ella dormía profundamente después de que le di algunas pastillas, hicimos algo en su casa, algo que hasta ahora, después de haber pasado una semana, me sigue dando escalofríos.
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