Narra Amanda.
Los rayos del sol chocaban con mi cuerpo, solo me faltaban unas pocas calles para llegar a casa, no estoy de ánimos para seguir en la escuela, además que me dolió demasiado lo que Mily me dijo.
Ella no me creyó, yo jamás harías algo así, no lo haría, soy débil, quizá, pero no sería capaz de quitarme la vida.
Al llegar a casa, antes de caminar a la puerta, le eche un vistazo a mi ventana, recordando lo que había ocurrido hace algunas horas, me arme de valor y comencé a caminar hasta la puerta, deseando que mi madre ya estuviera dentro.
Tomé la perilla, y esta no abrió.
—¡Mierda! —maldeci molesta, meti la mano en mi mochila, y de ahí saque un par de llaves, las puse en la perilla y abrí la puerta, encontrándome con una completa soledad dentro.
Subi hasta mi habitación rápidamente, dejé mi mochila en el suelo, y me eche en la cama.
Unas pequeñas lágrimas se deslizaron por mi mejilla, cayendo a mi almohada, no entiendo nada de lo que está pasando, ni siquiera yo sé si esto es real, quizá mi mente me traiciona y me hace ver cosas que no están ahí, o quizá todo es por culpa de mi cansancio, ya que no he dormido en días.
Di un suspiro ya más calmada y me di la vuelta, quedando boca arriba, mi vista se quedó fijada en el techo, quizá deba dormir un poco, debo hacerlo.
***
Abrí los ojos, y sentí una corriente de aire colarse por la ventana, mire hacia allá, y en efecto, la ventana se encontraba abierta.
Me senté en la esquina de la cama, y tomé mi celular, para ver qué hora era.
Una de la tarde, me puse de pie y caminé hasta la ventana, la cerré y me dispuse a ir hasta mi cama otra vez, sigo sintiéndome muy cansada, quiero dormir todo el día.
Me eche en la cama, y cerré mis ojos para quedarme dormida otra vez, cuando sentí el sueño apoderarse de mi, un escalofrío recorrió mi cuerpo, luego sentí que me tocaban, oh Dios no.
—¿Qué quieres de mi? —pregunté llorando, sin moverme de dónde estaba.
No recibí respuesta, pero la sensación de que alguien tenía su mano sobre mi espalda seguía.
—No es real, no es real, nada es real, todo es un juego de mi mente, no es real.
Repetí varias veces, hasta que el tacto que estaba sobre mi espalda se hizo pesado, y rápido me di la vuelta.
—¡No eres real! —grité asustada, al abrir los ojos, ahí estaba. —Oh Dios mío, ¿Qué eres?
La misma persona de dientes horrendos y manos arrugadas con unas largas uñas estaba ahí, parado al borde de mi cama, observandome.
—No eres real, mi mente me engaña —dije.
El sonido del timbre de mi casa, me hizo girarme hasta la puerta, y al regresar mi mirada hasta donde se encontraba aquella persona, ya no estaba.
Me puse de pie, mi respiración estaba agitada, rápido salí corriendo fuera de mi habitación, espero que sea Valen, no quiero estar sola, no quiero.
Cuando llegue a las escaleras, sentí que alguien venía de mi, antes de comenzar a descender me di la vuelta y lo ví, parado frente a mi.
—¡Vete! —grité asustada.
Comencé a bajar las escaleras rápidamente, Valen tiene que ver esto, quizá así pueda ayudarme.
Cuando abrí la puerta, ví a Ronaldo, Felipe y Pablo afuera.
—Chicos, hola —dije un poco agitada. —Hay algo que tienen que ver.
Cuando me disponía abrir la puerta por completo, para que vieran la atrosidad que me acordaba, no pude, la puerta se cerró de inmediato.
—¡Ayuda! —grité y me aleje de la puerta, donde se postro esa cosa. —¡No entiendo! ¿Qué quieres de mí?
—¡Amanda abre la puerta! —escuche la voz de Pablo, al parecer estaba asustado.
Esa cosa comenzó a caminar hasta mi, no pude evitar ver sus horribles manos, las cuales a velocidad lenta se acercaban a mí rostro.
Cerré los ojos, y sentí un pequeño ardor en mi mejilla.
—Ustedes me trajeron aquí —esa voz escalofriante salio de su boca, con esos horribles dientes.
Abrí los ojos, y la puerta se abrió de golpe, y yo me deje caer sobre la alfombra.
—¿Qué hiciste? —preguntó Ronaldo acercándose a mí, me tomo de las manos, pero no cedí, prefiero quedarme aquí, en el suelo. —¿Tu lo hiciste?
Pase mi mano por mi mejilla, y el dolor se hizo presente, mire mi mano y había sangre en ella.
—Hay algo que deben saber, yo no hice esto, desde esta mañana han estado pasando cosas muy extrañas, tienen que creerme por favor.
Felipe miró a Pablo algo confundido, luego Pablo hablo.
—¿Qué cosas?
—No sé cómo diablos explicar, les puedo decir que hay un maldito hombre, pero con una apariencia horrible, sus manos son viejas y arrugadas, sus uñas muy largas, con ellas me cortó, en el baño de la escuela, yo no hice esto, y no se qué diablos está pasando, quiero convencerme que esto no es real, pero mirenme, está cortada de mi mejilla lo es, es real —pase mi mano nuevamente por la herida, llenando mi mano de sangre. —Tienen que ayudarme.
—No jodas —dijo Felipe riendo. —Si lo que quieres es matarte, pues hazlo, pero no vengas a inventar estás mierdas.
—Los fantasmas no existen, quizá y si tienes razón, tu mente te está engañando, perdona lo que dire, pero las últimas semanas no te ves muy bien, pareces cansada todo el tiempo, quizá es eso —explicó Ronaldo.
Agache mi mirada, observando mis brazos, yo sé que todo esto suena de locos, pero es real, y mi mente no me engaña.
—Bien, si no me quieren creer larguense de mi casa —dije molesta para después darme la vuelta.
—Amanda, yo te creo —mencionó Pablo.
—¿Qué? ¿Hablas en serio? —preguntó Felipe confundido —Pablo, solo es un juego, ella nos está jodiendo.
—Es que, la persona que Amanda describe, es igual a la misma que invocamos hace una semana aquí, en esta casa.